22
Nov
09

NIXON/FROST (Unplugged escénico)

NIXON/FROST (Unplugged escénico)
de Peter Morgan
Dirección: Alex Rigola
Teatre Lliure
20 de noviembre
Centro Párraga de Murcia

Reparto:
Chantal Aimée: Caroline Cushing / Amanda Baqué: Sra. Sánchez, Cámara 1 / Andreu Benito: Jim Reston / Joan Carreras: David Frost / Oriol Guinart: Bob Zelnick / Lluís Marco:Richard Nixon / Jose Novoa: Camarero. Cámara 2 / Jordi Puig Marpons: Swifty Lazar / Óscar Rabadán: Jack Brennan / Santi Ricart: John Birt / Nina Uyá: Maquilladora, regidora, azafata.

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NOTAS DE CAFÉ
Fulgencio M. Lax

El Centro Párraga de Murcia está convirtiendo en habitual del público murciano a Alex Rigola. Un lujo que agradecemos y apreciamos los espectadores habituales de los escenarios de la región.
Una vez más Alex Rigola se sitúa en la delgada frontera que juega con la atención del público. El manejo de los tiempos, del interés de la escena y su relación con el patio de butacas, de forma consciente o inconsciente, está presente en su trabajo de una forma muy evidente. Alex hace que el espectador se balancee de significado en significado sin desconectar por un minuto de lo que ocurre en el escenario. Con Alex hemos aprendido que el teatro de texto, el teatro dramático, en sentido puro y duro, no tiene porqué ser aburrido, ni tan siquiera cuando se mece en una estética brechtiana. Su juego dramatúrgico es altamente interesante, tanto desde la obra escrita como desde su representación.
Un extraordinario reparto, cosas muy interesantes que dicen los personajes y cosas muy importantes que les pasan a esos personajes. Unos ingredientes cuyo cóctel nos regaló una puesta en escena de gran altura y calidad artística.
Lejos de situarse en el marco del teatro histórico, que desciende al dato a partir de un hecho o un personaje, el texto de Morgan, de la mano de Alex, nos remite a lo que podríamos llamar teatro historicista, que sin traicionar al personaje o al propio hecho, nos los dimensionan desde la ficción para convertirlo en verdadera Historia ante los ojos del espectador. Un recorrido aristotélico que todos agradecemos.
Representación narrativa donde un narrador hace entrar y salir al público de la escena, no deja, ni por un minuto, que la atención se relaje y se desvíe de la acción. Un juego dinámico y atrevido que responde a la presencia de un reparto de gran calidad interpretativa.
El escenario del Centro Párraga casi obliga al primer plano, incluso los planos generales, ante la cercanía del público, se convierten en primeros (salvando la distancia cinematográfica). Alex utiliza una pantalla de fondo donde vemos un primer plano de Nixon y del periodista Frost mientras se lleva a cabo la entrevista. El espectador ve a los personajes, cada uno de sus poros, cada uno de sus gestos, cada parpadeo. Y este dato se convierte en un elemento significativo en el duelo que mantiene Nixon con Frost. Gestos que delatan sus pensamientos, su tensión en el enfrentamiento en que se convierte la entrevista y que marcará el ocaso final del ex mandatario estadounidense.
Alex acierta con sabiduría escénica, con gran conocimiento del trabajo actoral, con una ágil interpretación de las posibilidades del hecho histórico y con un gran conocimiento del público.

29
Oct
09

LARRA. Un modelo de crítica peridística.

Introducir aquí, en este blog dedicado principalmente a la crítica de espectáculos, un artículo de crítica teatral de Mariano José de Larra, nos ha parecido interesante e ilustrador del estilo del “maestro”. El artículo trata de los comentarios que Larra publica en diario El Español con motivo del estreno en España de Aben-Humeya, de Martínez de la Rosa.

«Aben-Humeya», drama histórico en tres actos, nuevo en estos teatros. Su autor don Francisco Martínez de la Rosa
El Español, n.º 225, 12 de junio de 1836. Firmado: Fígaro.
Texto bajado de la Biblioteca Virtual Cervantes.

Mariano José de Larra

No hace muchos días que anunciamos la próxima representación de esta obra de un ingenio distinguido ciertamente en nuestra literatura moderna por sus obras anteriores, en las cuales ha adquirido lauros muy lisonjeros como erudito, como escritor didáctico, como hablista y aun como poeta; al anunciarla no quisimos en manera alguna prevenir el juicio del público, y sólo nos ceñimos a exponer que se había representado ya en París, y la especie de éxito de urbanidad y galantería que en aquella capital había logrado.

Parece sin embargo que nosotros no estábamos bien informados; posteriormente hemos visto y aun leído en el anuncio que del Aben-Humeya ha hecho la empresa de estos teatros, que «en los de París fue recibido con entusiásticos aplausos, y coronado con los honores del más positivo triunfo». Así sería, y nosotros nos apresuramos a dar la enhorabuena al autor y al drama; no se la hemos dado antes porque no sabíamos lo que en París había ocurrido. Pero después de leído el cartel, el cual debe saberlo como saben los carteles esas cosas, sería imperdonable en nosotros el menor asomo de duda; apreciando como apreciamos al autor, es para nosotros un alegrón el haber rectificado por esta vez nuestros erróneos datos; en lo sucesivo no nos volverá a suceder decir que no gustó en París; quedamos plenamente convencidos de que Aben-Humeya ha llegado a nosotros «precedido de una gran reputación adquirida dentro y fuera de España», es decir, europea.

Es verdad que en París no se ha representado demasiado el Aben-Humeya; y esto es claro: era preciso hacer de él, en atención a su mucho mérito, una gran distinción que lo diferenciase esencialmente de las demás cosas que gustan en aquel París; y como a cualquier drama que gusta le sucede representarse mucho, no quedaba más medio de distinguirlo que representarlo poco.

Y en Madrid ¿qué ha sucedido? Lo mismo que en París.

Ya muchas veces nos hemos quejado de la posición difícil en que se encuentra el periodista que tiene que juzgar a un hombre de mérito generalmente reconocido; bien se puede dar el caso que un hombre de un gran talento haga un drama de muy poco valor: esas cosas se ven todos los días; pero siempre corre el riesgo de parecer arrogante o envidioso el que acomete con un juicio crítico de un ingenio como el autor de Aben-Humeya, no estando como no estamos nosotros precedidos, ni aun seguidos, de ninguna especie de reputación adquirida dentro ni fuera de España.

Por esta vez, y bien considerado el Aben-Humeya, no corremos riesgo maldito de parecer envidiosos, por más que haya gustos que requieran palos. Pero en trueque tenemos otro tropiezo que nos detiene muy mucho. Cuando además de ser el autor hombre de pro en literatura, ha sido hombre de valía, políticamente hablando, es decir, cuando es ex ministro, es fuerza andarse con mucho tiento para decirle la verdad, si ésta es amarga. Siempre puede llevar visos la crítica de parcialidad. Por eso si nosotros fuésemos capaces de desear que volviese a ser ministro el señor Martínez de la Rosa, sería en esta ocasión, en que quisiéramos poder aparecer independientes, y decir francamente lo que de Aben-Humeya pensamos. El autor nos pone en el más duro compromiso. Cuando era ministro popular daba al teatro sus mejores dramas y, obligándonos a alabárselos, nos ponía en el aprieto de parecer aduladores; y ahora que no es ministro empieza a dar los peores, poniéndonos igualmente en el amargo trance de parecer enemigos suyos. Esto es por su parte poco generoso.

Resignémonos, sin embargo, con nuestra suerte, y evitemos con nuestra indulgencia toda murmuración y todo juicio temerario. Cuando escribimos «indulgencia» no queremos decir que daremos torcedor a nuestra conciencia, no; la crítica debe ser muy severa con los que se presentan y pasan en el mundo por modelos, para evitar que los que empiezan imiten sus defectos; sino es nuestro propósito advertir que será más lo que de nuestra opinión callemos que lo que digamos.

Conocido es el asunto histórico escogido por el autor, y tanto que fuera ridícula ostentación de eruditos disertar largamente sobre él; nosotros no estamos encargados de juzgar la historia, sino el drama. Desde luego confesamos la predilección con que miramos siempre ese género. En otra ocasión hemos probado, y hablando, si mal no se nos acuerda, del mismo autor, que el drama histórico es la única tragedia moderna posible, y que lo que han llamado los preceptistas tragedia clásica no es sino el drama histórico de los antiguos.

Dos géneros de composición pondríamos al frente de la literatura dramática: I.º Los hechos gloriosos o los funestos resultados de los extravíos de las pasiones, fundados en la verdad, que los hace ejemplos irrecusables, presentados a los hombres o para su imitación o para su escarmiento; éste es el drama histórico, o la tragedia antigua, no variando en las formas por caprichos de escuelas, sino por la variación que la diferencia de creencias y preocupaciones, de costumbres y de leyes, hace imperiosa en la literatura. 2.º Los vicios o ridiculeces personificados y fundados en la verosimilitud que les sirve de verdad, presentados para lección o deleite; ésta es la comedia dicha clásica, y caída en desuso por las formas estrechas y lánguidas en que la han querido encerrar los preceptistas, pero susceptible en nuestro entender de nuevo interés, y de ninguna manera agotada, como se dice vulgarmente.

El cuento fantástico, hijo de la imaginación del autor, y en que no se deducen los hechos imperiosa y precisamente de los datos admitidos en la base del argumento, ese hecho inventado y vestido en forma de drama, en el cual el espectador puede concebir a cada acción otra consecuencia que la que le atribuye el ingenio, ese que no tiene verdad histórica en su favor que convenza, ni más verosimilitud que una concesión gratuita, ése es el verdadero género bastardo.

Y en cuanto a las disputas de las escuelas y pandillas, como las vemos estribar, más que en el fondo, en las formas, nos será permitido reírnos de ellas, en atención a que creemos que las formas son variables hasta el infinito, porque siempre habrán de seguir la indicación del espíritu de la época. El poeta escribe para ser entendido, y mal pudiera serlo el que no se sujetase al lenguaje, al modo que tienen de revestir sus ideas aquellos que han de aplaudirlo o censurarlo.

Suele tener el drama histórico el inconveniente de dar destruido el interés al espectador, que conoce ya el desenlace de antemano, y el no menor de hacer hablar personajes de quien ya la imaginación se ha formado una idea, difícil de superar por el poeta; sólo el artificio y el gran talento del autor y la elección de un hecho, aunque histórico, algo oscuro pueden hacer triunfar el ingenio. En el argumento de Aben-Humeya el autor ha huido perfectamente de esas dificultades. Pero en cuanto al artificio, poco feliz nos parece haber estado, y de esto se convencerá cualquiera por poco que medite el plan.

Los moriscos de las Alpujarras se rebelan en el reinado de Felipe II, y eligen por jefe a Aben-Humeya, último vástago de la antigua dinastía; degüellan a los cristianos que alcanzan en un limitado espacio de terreno, y se constituyen independientes. Muley-Carime, suegro de Aben-Humeya, reprende y ataca los excesos; dos de los principales rebeldes desaprueban la precipitación con que se eligen rey antes de tener reino, y la arrogancia con que el elegido acepta el prestigio y la autoridad real. Aprovéchanse de la blandura de su suegro para desacreditarle y tildarle de traidor a los ojos del vulgo, fácil de fascinar, envolviendo a Aben-Humeya en la ruina de su deudo.

El capitán general de Granada envía a Lara a intimar la rendición a los rebeldes; Lara es asesinado, y sobre él se encuentran pruebas de las relaciones que conserva Muley-Carime con los castellanos. Aben-Humeya, en la alternativa de castigar a su suegro o perderse con él, le envenena, pero tarde; la facción contraria se ha apoderado ya de su palacio y Aben-Humeya perece víctima de la sedición.

Pobrísimo es el artificio, ningún interés presenta, ningún resorte dramático, ni nuevo ni viejo. Una sola escena hay en él, aquella en que Aben-Humeya echa en cara a Muley su delito; ninguna pasión domina, ningún carácter prepondera, ningún hecho importante se desenvuelve; el estilo mismo es generalmente inferior a otras obras del autor: ¿dónde está el fuego de la creación?

Y vamos a lo más importante. Un personaje histórico oscuro no puede ser digno del teatro sino cuando sus hechos llevan envueltos en sí el éxito o la ruina de la causa pública. Pero ¿cuál es aquí la causa pública? ¿Cuál es la lección moral o política que ha querido darnos el autor con la muerte de Aben Humeya? Si hubiera probado que los moros rebeldes perdieron su causa por la desunión que dejaron introducirse entre ellos, grande objeto era éste, y aun oportuno; pero para eso era preciso haber continuado el drama, era preciso habernos dado el resultado de la tal desunión. Porque habiéndolo dejado en la muerte de Aben-Humeya, la lección que resulta es que cuando uno quiere ser rey no debe tener por suegro a un moro que escriba a un cristiano. ¡Profunda lección por cierto! Por tanto Aben-Humeya no es un drama hecho, sino una exposición de un drama por hacer. Si hubiera empezado por donde acaba, el autor hubiera tal vez llegado a hacer un drama. ¿Por qué se acaba en el tercer acto y no continúa? Si el objeto es Aben-Humeya, represente una pasión, un carácter, una situación; si no ¿quién es él y qué significa su muerte para ocuparnos una noche entera? Si es la rebelión morisca, ¿qué importa que muera Aben-Humeya?

En la manera de buscar los efectos teatrales nótanse medios ya explotados por el autor y por otros. En el primer acto varios conjurados se quejan diciendo cada uno una frase a su vez, como en La conjuración de Venecia. La elección de Aben-Humeya nos recuerda el Pelayo de Quintana; la degollación de los cristianos en el templo y una conjuración estallando en medio de una diversión popular, entre gente sencilla, ajena de que la muerte está tan cerca de la vida, y el dolor del placer, es contraste ya presentado en La conjuración. En el diálogo, igual afectación de sensibilidad y ternura, igual afectación de sencillez que degenera a veces en trivialidad, como el «déjame», que en tono de marido dice a su cansada mujer Aben-Humeya, y que arrancó risas. No pasaremos sin embargo en silencio el elogio debido a un efecto teatral bien entendido, como es el sonido de la campana de los cristianos, aprovechado para inflamar los ánimos por Aben-Humeya en la cueva. Empero ¡bueno fuera que autor de tanto ingenio no hubiera acertado a producir en todo un largo drama cosa alguna que de alabar fuese!

Después de lo que llevamos expuesto, fácil es conocer que no creemos que Aben-Humeya dé gloria alguna a su autor. Felizmente tiene obras que le han colocado ya en un puesto muy distinguido; y nosotros, por su gloria misma, no quisiéramos que le hubiese dado la importancia de escribirlo de nuevo en castellano, una vez que ya en francés había salido flojillo, como el santo de Zamora, cuya historia tenemos contada en uno de nuestros antiguos artículos. Porque no faltará malicioso que a propósito de eso recuerde el soneto célebre contra una composición escrita por Lope en cuatro lenguas, que empieza:

Hermano Lope, bórrame el sone-
de versos de Ariosto y Garcila…

y concluye:

Y en cuatro lenguas no me escribas co-
que supuesto que dices boberi-
te vendrán a entender cuatro nacio-

No seremos nosotros los que hagamos tal aplicación, si bien por otra parte, ¿quién pudiera darse por ofendido de participar de las vicisitudes de Lope?

Hase puesto en escena Aben-Humeya con un esmero digno de mejor drama, y no han contribuido poco a entretener a los espectadores el país nevado, el órgano, los villancicos, la cueva, los muchos moros que andaban por aquellas sierras, el palacio y el negro improvisados de Aben-Humeya, y el nuevo telón de intermedios, presentado con tanta coquetería y tan buenos efectos de luz.

Por esta vez la empresa merece los mayores elogios, y no se los queremos escasear. No ha sido tan buena la representación, si se exceptúa al señor Latorre. Romea mayor no ha entendido el papel, y le ha hecho sin dignidad ni color; mucho sentimos dar este disgusto a un actor que tan frecuentemente se hace acreedor a nuestros elogios. Y reasumiendo nuestra opinión, concluiremos diciendo que al acabarse la función sale uno todavía con deseos de drama, a cuyo propósito contaremos al autor, si nos lo permite, una anécdota que nos hizo reír la primera vez que la oímos.

Un periodista francés, hombre de mérito y buen gusto, andaba perseguido por un conocido suyo, que estaba empeñado en llevarlo a comer a su casa. Era el periodista gastrónomo además, y no hubo de parecérselo tanto el obsequioso anfitrión. Rehuía, pues, cuanto le era posible prestarse al ofrecimiento; escapósele empero un día decir que se iba a comer a la fonda, delante del otro, que andaba acechando siempre una ocasión semejante. Fue forzoso pagar la imprudencia y condescender aquel día. No se había engañado el periodista, y la comida fue reducida como las esperanzas. Toda ella se volvió platos de adorno, mudanzas de cubiertos, entremeses y ramilletes. Acabada que fue, quiso el anfitrión dar a su huésped una prueba de su buena voluntad, y díjole levantándose: «Ya sabe usted la hora a que se come en casa y lo que se come; cuando usted guste podemos repetir este buen rato». A lo cual respondió sentándose de nuevo el desgraciado que se sentía vacío: «¡Oh amigo mío, pues entonces, si a usted le parece, puede usted disponer que se repita ahora mismo!».

24
Oct
09

PARTITURA PER MINESTRONE

PARTITURA PER MINESTRONE
Concerto per assoli… ché il mondo é proprio un fenomenale minestrone!
23 de octubre de 2009
Compañía Danzalabor (Cerdeña- Italia)
Festival Alter Arte. Festival de arte emergente Región de Murcia

Intérpretes: Evelina Ambu, Aldo Canessa, Nicole Cefis, Roberta Cossu, Paola De Felice, Ilaria Gallus, Gerardo Gouveia, Lucrezia Maimone, Elisa Melis, Annalisa Rocca y Jorge Sese.
Coreografía y Dirección: Simonetta Pusceddu.
Dirección de luces: Gianni Melis con la colaboración de Enrico Sau.

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NOTAS DE CAFÉ.
Fulgencio M. Lax

El Festival de arte emergente Región de Murcia tiene muchas bondades que son muy rentables para el arte escénico contemporáneo, pero también para una ciudad como Murcia. La primera parte no voy a entrar a comentarla porque desbordaría los términos de estas notas y lo dejaré para otro momento. En cuando a la segunda afirmación tengo que decir que Murcia ha crecido en su configuración urbanística en varios aspectos, pero sobre todo en la creación de unas plazas extraordinarias que, de alguna forma, han devuelto la calle a los “peatones”. Es extraordinario ver cómo se llena la plaza de Santo Domingo, la plaza de Europa o la plaza de la catedral. Otras plazas con más o menos fortuna, esperan ese empujón para ser ocupadas literalmente, por el ciudadano. Por eso me parece extraordinario que un Festival como este se celebre en la calle, donde la gente joven y menos joven se agolpa alrededor de un escenario medio improvisado para ver un espectáculo y/o asistir a una instalación. Esto es, para un neófito urbanístico como yo, uno de los síntomas más importantes de que una ciudad está viva.

La tarde noche del pasado viernes 23 de octubre tuvimos la oportunidad de ver en la plaza de la Universidad (tan bella y tan lejana por el momento) el espectáculo de la compañía de danza sarda Partitura per minestrone. Un trabajo de un extraordinario aire popular en el marco agrario pero de una concepción y ejecución muy contemporánea. No hay metafísica ni laberintos sicoanalíticos sin salida. Una expresión artística basada, no solamente en la danza, en el sentido particular del término, sino también en una fina y elegante técnica de movimiento. La puesta en escena responde a una elaborada partitura, donde todo está muy equilibrado y donde el espacio escénico es arrastrado por los bailarines de un extremo a otro, como un globo de agua que se mueve en virtud de la presión que se ejerce sobre él. Y es que la acción tan plástica de este trabajo va recorriendo todo el tatami como una cinta agitada alrededor de él. Ritmo sería la palabra resumen.
Minestrone es un trabajo de expresión mediterránea, donde casi se puede respirar el mar. Unos colores blancos, rojos, morados, azul marinos, con una iluminación exclusivamente lateral (desde la izquierda del espectador y con contras desde el suelo) nos sitúa geográficamente en el campo, en el trabajo y relación directa con el día a día del campesino. Es una dramaturgia muy contemporánea que busca establecer su marco en la tradición, demostrando que la metafísica tan centroeuropea en este terreno, no tiene la exclusividad de la expresión contemporánea.

Si rastreamos un poco la trayectoria de esta compañía descubrimos una larga experiencia en trabajos de calle, sobre todo espacios característicos, tales como ruinas, museos, edificios emblemáticos, etc. Un especial trabajo que une la danza con la arquitectura, ya sea natural o por intervención del hombre. La función que pudimos ver tenía el fondo de la puerta de acceso a la Facultad de Letras (incomprensiblemente –para el ciudadano- cerrada desde hace algunos años). Un extraordinario telón de fondo que aporta belleza al espectáculo y, en este marco, significado a una plaza tan desierta en otros momentos.

10
Oct
09

AGNES, de Claudia Faci

AGNÈS
Claudia Faci
Yo es otro
(A. Rimbaud)

Agnès, es el nombre que pronuncio para investir a esa nada que tiembla queriendo decirse. Vivo en una paradoja constante entre el impulso de desintegrarme como persona, de no ser nadie, de ser sólo el lugar en el que se refleja la luz, y mi deseo del otro, que es tensión y que me aprisiona en este cuerpo que, a su vez, quiere salir de sí, desintegrarse, y así sucesivamente… Busco un encuentro íntimo con el público, por lo que el valor del lenguaje está precisamente en lo que no dice, en su repliegue, en su doblez. Las palabras y los gestos se rodean de una espesura de sentido, producen una resonancia que rodea, soslaya, acaricia, en una pasión comunicativa marcada por su fragilidad y su indigencia. Tengo que buscar a los míos entre la muchedumbre, con el mismo ahínco y la misma desesperación con que un padre o una madre buscan a su hijo perdido en una aglomeración urbana, como un animal hambriento. Tengo un pie apoyado en la cara del lenguaje y otro en su cruz. Trato de sostenerme sobre el filo mismo de la lengua, sobre el borde de su doblez.
Una vez más, se trata de crear las condiciones para el encuentro. Sólo importa la posibilidad del encuentro, no sólo a través de las palabras y las formas, sino incluso a pesar de ellas.

Escrito, Dirigido e Interpretado por Claudia Faci Luz y Sonido Oscar Villegas Con el apoyo de
Casa Encendida y Aula de Danza de U.A.H.

NOTAS DE CAFÉ
Fulgencio M. Lax

… Eres el nudo corredizo que me aprieta la garganta para medir su resistencia. Ojalá hubiera podido atrapar más frases y momentos de este espectáculo que ahora sólo habita en mi memoria, pero me quedaba atrapado a cada momento incapaz de abarcarlo y fijarlo todo. Por eso sé que en breve empezará a desdibujarse, a dejar sólo el sabor de un recuerdo. Esta es la otra cara del teatro y a la vez es la que lo hace singular. Se inserta en la vida misma siendo sólo presente, y cuando se convierte en pasado es sólo recuerdo y memoria.

Pudimos ver un extraordinario monólogo al que yo no le pondría ningún calificativo estético (contemporáneo, emergente, preformativo, etc). Se sitúa por encima y esto lo hace grande. Claudia, la actriz que lo interpreta hizo un sencillo y a la vez hermoso trabajo de interpretación frente a un público que cautivó desde el principio. Un estratégico y acertado dominio del escenario y de la relación con el público recorría todo el trabajo desde principio a fin.

No voy a entrar en consideración técnicas, de estructura, funcionales, porque el resultado fue bueno (Muy bueno) y me llevarían a intoxicar, en un proceso de búsqueda y justificación, las sensaciones que ahora tengo. No quiero olvidar que estas críticas son apuntes personales que subo a mi blog para compartirlas, pero que son sólo eso, apuntes y notas personales.

agnes

08
Oct
09

En un sol amarillo. Teatro de los Andes

EN UN SOL AMARILLO. Memorias de un temblor
8 de octubre de 2009
Teatro de los Andes (Bolivia)
XL Festival de Teatro de Molina de Segura

Actores: Lucas Achirico, Daniel Aguirre Camacho, Gonzalo Callejas, Alice Guimaraes
Música: Cergio Prudencio, bolero de caballería de Sipe Sipe, Luzmila Carpio, himno deportivo “sanos y fuertes”
Colaboración musical: Lucas Achirico y Pablo Brie.
Escenografía: Lucas Achirico.
Vestuario: Soledad Ardaya y Danuta Zarzyka.
Asistente de dirección: Mercedes Campos.
Objetos escénicos: Gonzalo Callejas.
Organización: Gianpaolo Nalli.
Texto y dirección: César Brie.

Agradecimientos: Katrina Antezana, Eber Baptista, Pablo Brie, Lupe Cajías y la Delegación Presidencial Anticorrupción, Alberto Claure, Correo del Sur, Albino Escalera, Mia Fabbri, Victor Hugo (Chicho) Hevia, Paolo Mazzarelli, Cergio Prudencio, Bernardo Rosado Ramos, Gonzalo Sánchez, habitantes de Aiquile, Totora, Hoyadas, Chijmuri, Loma Larga, Antakawa, Chakamayu, José Antonio Quiroga, Abdías Valencia, Michiel Verweij.
Un agradecimiento especial por su valiosa ayuda, su creatividad y su desprendimiento a Soledad Ardaya

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NOTAS DE CAFÉ
Fulgencio M. Lax

Un espectáculo extremecedor sobre un acontecimiento real. Un terremoto que asola una de las zonas más pobres de Bolivia. –O de cualquier otro sitio- Un drama natural en un marco dramático-social, como no podía ser de otra forma en una sociedad quebrada por la miseria y atacada por una terrible corrupción que la sitúa en la peor de las recuperaciones después de haber sufrido estos temblores de tierra. Dos textos significan unos límites importantes en la obra: Dios no se entera porque está en las nubes y No existe la democracia donde reina la miseria. Y entre un texto y otro se encuentra el hombre desprotegido, abandonado, humillado y ultrajado. Sobre todo abandonado y explotado.
Un teatro de muertos cuya estética deja clara la influencia del maestro polaco Kantor. Así lo hemos percibido los que tuvimos la suerte de ver algún espectáculo suyo, pero también nos trae los aires de los trabajos de la compañía española La Zaranda. Una estética visual de blanco y negro basada en la austeridad de elementos y apoyada, sobre todo, en el trabajo actoral. Una estética con la que me siento totalmente identificado, no en balde mi Trilogía de la Muerte pretende llevar ese sello. Una muerte que se mueve entre la memoria, el recuerdo, la inconsciencia de la muerte y la propia vida. Siempre el deseo a la vida, pero con el infortunio de que lo que hay es la muerte.
Unos muertos con significación angustiosa. Así lo denotan claramente las escenas (la última sobre todo) donde ellos pretenden hablar y sólo sale de sus bocas la ceniza y el polvo. Están muertos. Han pasado en un instante, casi sin darse cruenta, de la vida a la muerte. Esa es su agonía.
Los vivos también agonizan con el dolor y la impotencia. También con la soledad a la que se ven abocados. Los desastres naturales siempre afectan más a los más pobres y, además, como ocurre en este caso, cuando se convierten en fuente de crecimiento económico para unos pocos.
César Brie nos deja imágenes sobrecogedoras y terribles. Sólo destacar la agonía del campesino hundido entre los escombros buscando a su familia. O ese dibujo de una niña realizado en la tabla de la mesa, que al ser volcada lentamente, se va deshaciendo como si fuera polvo hasta desaparecer para siempre. O el cuadro final que arranca el aplauso del público.
Un trabajo totalmente narrativo, pero en esa narratividad está gran parte del mérito dramatúrgico. Primero el tono documental en primera persona que se abre directamente al público. Segundo, ese juego tan autóctono nada imitativo del teatro occidental, que le da una interesante impronta distintiva al espectáculo.
Hemos visto unos actores interesantes, mirando de frente, desnudos, pasando el testigo de la verdad de las emociones al propio hecho dramático. Esta distancia les ha permitido, a mi juicio, ofrecer un amplio abanico de posibilidades y de escalas sobre las que el espectador va ascendiendo mientras crece la agonía.
Y termino felicitando al Festival de Teatro de Molina de Segura por traernos a esta compañía mítica del Teatro Latinoamericano –El teatro de los Andes-, que junto al Galpón, Malayerba o Candelaria, entre unos pocos más, han escrito páginas únicas para la Historia del Teatro de Sudamérica.

sol amarillo

06
Oct
09

PARA COLECTIVO 96

En las 2 críticas que he insertado en mi blog sobre los espectáculos vuestros que he visto (Después de mi epitafios y Dar patadas para no desaparecer) he intentado distanciarme de las emociones y ser lo más objetivo posible, por eso no he hablado del analfabetismo escénico, ni de tomaduras de pelo, ni del catetismo emergente que minuto tras minuto pudimos ver sobre el escenario. Un poco antiguos ¿no? Pero eso es sólo fruto de la juventud, del poco teatro que habéis visto y los pocos libros que habéis leído. No he hablado de todo esto porque siempre escribo desde la seriedad y el rigor refiriéndome al espectáculo que estoy viendo. ¿No os ha gustado lo que he escrito? Mala reacción hacia la crítica. Una reacción sintomática. Por cierto, “sensibilidad” se escribe con b. Y hasta aquí el número de palabras que os merecéis.

30
Sep
09

La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir

LA OMISIÓN DE LA FAMILIA COLEMAN
30 de septiembre de 2009
Compañía Timbre 4 (Argentina)
XL Festival de Teatro de Molina de Segura

Abuela: Araceli Dvoskin
Meme: Miriam Odorico
Verónica: Inda Lavalle
Gabi: Tamara Kiper
Mario: Lautaro Perotti
Damián: Diego Faturos
Hernán: Gonzalo Ruiz
Doctor: Jorge Castaño

Asistente de dirección: Macarena Trigo
Producción ejecutiva: Maxime Seugé – Jonathan Zak
Libro y dirección: Claudo Tocachir
Iluminación: Omar Possemato
Premios:
Mejor espectáculo de teatro off. ACE 06
Mejor obra argentina. ACE 06
Mejor dirección. ACE 06
Mejor actor de reparto: Lautaro Perotti. Premios Trinidad. Guevara 06
Mejor actriz de reparto: Ellen Wolf, “ “ “
Mejor obra original. Fiesta Nacional del teatro 06
Mejor actriz, Miriam Odorico. Fiesta Nacional del teatro 06
Mejor obra. Revista teatro XXI 05
Mejor espectáculo. Fiesta provincial de Teatro 05
Mejor montaje teatral. Premios Notodo.com (España) 2008
Mejor Montaje Internacional. Círculo de críticos de Arte de Chile. 2008

NOTAS DE CAFÉ.
Fulgencio M. Lax

No entiendo tanto premio y el espectáculo que he visto. Tampoco llegué a entender muy bien la reacción del público que aplaudió y entró de lleno en los “chistes”, pero esto no lo voy a discutir porque el público es soberano y, consciente o inconsciente, siempre lleva razón. Un texto ingenioso con oportunas ocurrencias. Me quedo sin palabras.

27
Sep
09

DAR PATADAS PARA NO DESAPARECER

DAR PATADAS PARA NO DESAPARECER
26 de septiembre de 2009
Compañía: Colectivo 96º
Coproduce Centro Párraga

Vera Waltser
Septiembre de 2008
Previa
Festival Alt 2008
Estreno
17 de abril 2009 Sala María Plans (Fábrica TNT)

Ficha: Lidia González Zoilo; David Franch; Mónica Pérez Blanquer. Con la colaboración de Vera Waltser y Vicente Arlandis.
Música
Roger Puig y (((J)))
Video y edición: Gorka Bilbao.
Fotografía
Marí Luz Vidal
Iluminación:
Ana Rovira
Atrezzo
Mercé Moreno
Alberto Pastore
Vestuario
Marta Pelegrina
Coreografía
Laura la bicha
Maquetación y diseño de libro
Rogelio Pérez
Alex Escrich
Cabeza
Pere Thomás
Una coproducción de Colectivo 96, Teatre Lliure, Centro Párraga y CAET (Fábrica TNT), y colabora Lézarap’art
Coproduce: Centro Párraga
Comentario: Diario de Fulgencio M. Lax

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NOTAS DE CAFÉ
Fulgencio M. Lax

Varias preguntas me surgen al comienzo de la temporada en el Centro Párraga con un espectáculo como este. Un trabajo calificado de analítico en el marco del teatro-conferencia. A pesar de las palabras que le dedico a continuación, entiendo que el trabajo dramatúrgico abre ciertas fronteras significativas y de trabajo, posibilidades de creación hacia caminos sicológicos propios de lo que en otras épocas se llamo sicodrama. Propone una ruptura conceptual de la cuarta pared más allá de toda posibilidad técnica, aunando voluntades entre público y escenario. Desde esta óptica la programación es atrevida y corre un riesgo importante. Un riesgo obligado y que la programación, a largo plazo, agradecerá. En este riesgo está el valor de comenzar el trimestre con Dar patadas para no desaparecer.
En octubre de 2008 escribía un comentario sobre Después de mi, epitafios, obra también del Colectivo 96º (Se puede ver en este blog publicado el 18/01/2009). He releído el artículo y observo que no tengo nada distinto que decir, que no encuentro en este nuevo espectáculo nada que supere al de comienzos de 2009. Sólo añadir que un buen director de escena, con las extraordinarias ideas presentadas, hubiera podido ofrecer un buen espectáculo. En todo momento estuvimos ante una dramaturgia perdida, sin rumbo, objetivo o subjetivo, positivo o idealista. Un caos fortuito fruto de las carencias más que de las intenciones. No basta decir que esto no es un espectáculo, que es un proceso, que es teatro-conferencia, para salirse de la estela del propio concepto, estemos más o menos cerca del concepto metateatral. Son sólo palabras, la realidad está en que es espectáculo, es representación, es teatro, otra cosa es en qué estadio se sitúa el trabajo. Pobre concepto tienen los propios creadores cuando desde el comienzo tienen que decirle –explicar- al público que “esto no es un espectáculo” es sólo un proceso. Un proceso que no hay que olvidar que ellos venden al público como un hecho acabado y terminado, y así lo recibe el público que asiste.
No puedo añadir nada más que el empobrecimiento de una fórmula propia que imitan y repiten sin aportar nada nuevo.

dar patadas

09
Jun
09

Los Carcas, de Carlo Goldoni

LOS CARCAS
de Carlo Goldoni
Dirección Javier Mateo
Lugar: Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia
Fecha: 8,9,10 y 11 de junio de 2009

Reparto
(por orden de intervención):
Felice: Concha Esteve; Lucietta: Gema Galiana & Nuria García; Margarita: Eva Torres; Lunardo: Cesar Bernad Maurizio: Antonio de Béjar; Felippeto: Paco Pardo; Marina: Mercedes Dato; Simon: Juan Ángel Serrano Masegoso; Canciano: Pablo Gomis & Javier G. Soler; Ricardo: Toni Medina; Criada: Gala Guardiola & Nuria García & Gema Galiana.

Ficha artística:
Traducción y Versión: Edi Liccioli & Javier Mateo; Vestuario: José Rubio; Caracterización y arreglos vestuario: Ana Dolores Peñalva; Mobiliario: Silvano Liccioli & Francisco García Vicente; Iluminación: Luisma Soriano; Regidor: Javier Galindo

NOTAS DE CAFÉ
Fulgencio M. Lax

Ilustradoras las palabras de introducción que nos aporta el director de la obra, pero nosotros vamos a ir un poco más allá y vamos a hablar como espectadores “ingenuos” y sin intenciones del espectáculo que hemos visto. En primer lugar voy a destacar el espacio que inaugura este espectáculo en la ESAD de Murcia. Un patio ya utilizado para realizar funciones (Por ejemplo, este mismo trabajo se hizo ya hace 3 años en el mismo lugar), pero ahora con la diferencia de que se han instalado unas gradas y se ha ubicado, espacialmente, al público, fijando así el lugar y la disposición más allá de la provisionalidad con la que se ha estado trabajando en ese mismo espacio. Algo por lo que hay que felicitar a los responsables, porque en la Escuela se le ha ganado terreno al mar, hemos ganado un espacio más para las Artes Escénicas. Pero esta buena nueva aporta algunas particularidades. La primera es la imposición espacial del escenario. Magnífica y peligrosa imposición arquitectónica de un patio que ofrece todos los rincones del mundo, todas las capas espaciales (horizontales y verticales), abriendo y limitando a la vez la concepción espacial del espectáculo. Un nuevo espacio que va a exigir claridad de ideas al director, pero también le va a obligar a correr riesgos y a trabajar al máximo con la imaginación. Disposición a la italiana, pero rota por esas capas a las que me refiero. Otro aspecto importante es el primer plano, el plano general y el plano americano, por utilizar términos cinematográficos. Los personajes entran por un lateral o los vemos venir desde el fondo, de una distancia de más de 30 metros, desde lejos, acercándose y “entrando en cuadro”, pero empezando su escena desde el comienzo. Este aspecto le da un extraordinario volumen al movimiento y contribuye a crear la atmósfera del adentro y del afuera sin ningún tipo de ocultamientos al espectador, aportando una significación dramática desde la propia concepción del espacio. El espectador de teatro está acostumbrado al plano general, pero aquí tenemos la oportunidad de asistir al primer plano, donde el actor se muestra, cuerpo a cuerpo, con el público. El espectador lo tiene encima, lo siente respirar, puede ver sus pupilas, incluso en su alma de personaje intuye la efervescencia de su conflicto. Aquí no valen engaños, no valen trazos gruesos, no valen las sobreactuaciones porque hasta el silencio es escuchado por el patio de butacas (sobre todo las cuatro primeras filas). Este aspecto me fascina y en Los Carcas se borda esta cercanía.

Concha Esteve (Felice), César Bernad (Lunardo) y Eva Torres (Margarita), magistrales. Un trabajo soberbio de interpretación. Felice se convierte en el hilo conductor del espectáculo y establece un tu a tu con el público con un extraordinario dominio de un espacio tan difícil. Es el primer personaje que sale a escena y su tono mesurado, explicativo, amable, dominante, inteligente, da el tono sosegado al comienzo y dará marco a las escenas más tensas entre el resto de personajes, sobre todo al atormentado Lunardo. Lunardo es el carca conductor y César Bernad vuelve a encarnar a este personaje haciendo un magnífico trabajo de interpretación, en el que una vez más nos da una lección de teatro manejando todos los recursos a su alcance: voz, gesto, cuerpo. Su trabajo sirve también para dar apoyo a todo el reparto, que se ve muy arropado cuando él les da la réplica. Margarita es un personaje a caballo entre Lucetta y Lunardo, a veces sirve de réplica a Lunardo, otras es una pieza más del engranaje que teje Felice y otras cobra expresión independiente como mujer consciente del “maltrato” y encierro que sufre en su casa. Eva, muy atenta a estas transiciones, las controla y domina desde el juego, lo que la convierte en un personaje dinámico y muy ágil.

Juan Ángel Serrano Masegoso encarna al personaje de Simón. Un experimentado hombre de teatro que aparece como nuevo en el terreno de la interpretación. Su participación es fruto de su relación de amistad con el director Javier Mateo, pero también como testimonio de compromiso con un proyecto de la ESAD de Murcia desde la humildad y desde el intenso trabajo que ha realizado para poder estar a la altura del espectáculo. Realmente ha sido un acto de valentía que ha dado unos muy buenos resultados. Cuando asistí al ensayo general lo vi tenso, rígido, cargado de responsabilidad. En el estreno lo vi relajado, dentro del espectáculo, con la única responsabilidad de divertirse. Creo que él se divirtió, lo pasó bien, miró de frente al público y dominó sin titubeos su espacio y su tiempo. Lo que transmitió al público fue juego y diversión. Mercedes Dato encarna al personaje de Marina, esposa de Simón. Una responsabilidad especial porque la actriz que hizo este papel hace tres años (Isolina) hizo un gran trabajo. Mercedes ha ido ganando terreno hasta llegar al día del estreno conformando un tipo muy a su medida y ofreciendo un gran resultado junto a Concha Esteve y Eva Torres.

Hay dos personajes doblados, el de Lucetta y el de Canciano. Lucetta es doblado por Nuria García y Gema Galiana. Las dos son actrices de absoluta garantía. Lo que puedo decir de una sirve para la otra, en el bien sabido caso que cada una aporta sus maneras y su propio estilo. Ambas tienen muy claro que están jugando, que su personaje no es nada ingenuo, que guarda el deseo y, además lo expresa. Contrasta con el de Margarita y en ese juego, junto a Eva Torres y César Bernad, despliegan todo un abanico de recursos de interpretación (voz, gesto, cuerpo, intención, etc.) que hacen de sus intervenciones un trabajo de altura. Canciano es doblado por Javier Soler y Pablo Gomis. Una diferencia importante en la experiencia y formación actoral. El primero se estrena en este terreno y el segundo, además de una larga experiencia, viene de trabajar como payaso nada menos que en el Circo del Sol. Esta diferencia en el doblete hace importante este proyecto, en el que el director ha tenido que hacer un sobre-esfuerzo, que no desmerece para nada el valor y el trabajo de Javier Soler para estar a la altura del espectáculo. (De Pablo Gomis hablaremos en otro momento)

No hay personajes menores, sino trabajos mejor o peor hechos. Lo que si es cierto es que sí que hay personajes cuya aparición e intervención es menor. El personaje de Ricardo es interpretado por Toni Medina de la forma a la que nos tiene acostumbrados: Con brillantez. La prueba está en que maneja sin ningún problema ese primer plano del que hablábamos al principio, tanto de cara al público como dentro de la escena. Es un actor de garantía con sus cualidades y con su trabajo. Felippeto es interpretado por Paco Pardo, un joven actor con una interesante trayectoria, que aporta su experiencia y en lo que vuelvo a incidir: El juego, y aquí Paco Pardo realiza un muy buen trabajo. Finalmente, el personaje de Maurizio, padre de Felippeto, es interpretado por Antonio de Béjar que, conocedor de todos los trucos y vericuetos del cómico experimentado, realiza una interpretación sobria y al servicio de las exigencias de su personaje.

Los carcas, un espectáculo dirigido por Javier Mateo, cuyos trabajos se caracterizan por el cuidado en el detalle, el equilibrio entre los elementos y la conformación de las dimensiones(o unidades) al objetivo del espectáculo. No hay nada al azar, todo está pensado y muy justificado. Una representación que tiene detrás un profundo estudio de la forma y del contenido de la época que él logra introducir en su trabajo, pero que a la vez la moderniza, tanto en el contenido como en la forma, siempre buscando el respeto al texto, a su origen, a su historia al servicio de algo que parece evidente pero que muchas veces es difícil como es el concepto de espectáculo.

En definitiva, pudimos asistir, una vez más, a un hermoso y divertido espectáculo en un nuevo espacio que, esperamos, albergue nuevas propuestas escénicas para las maravillosas noches de primavera y verano murcianas.

39

08
Jun
09

FAUSTO, el primer enfermo de alzheimer.

FAUSTO, el primer enfermo de alzheimer.
Fulgencio M. Lax
Centro Párraga. 15 de junio de 2006
Con motivo de la representación de Recuperar la luz/ Vaciar la herida, de Luisma Soriano.

Me voy a permitir utilizar la enfermedad del alzheimer para relacionar sus consecuencias con uno de los personajes más interesantes, oscuros y profundos de la literatura occidental, como es Fausto. Haré un trazado muy breve sólo para dejar perfilado este personaje en el marco de nuestro tema. Utilizaré los tópicos referentes a esta enfermedad que sin ser del todo falsos –los tópicos son sólo un imaginario isotópico- ni ciertos, diseñan un arco semántico que describe la situación terminal de estos enfermos. Así, desde una focalización literaria, desde la magia de la ficción, desde la palabra artística, desde las obras tan extraordinarias como son La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto, (1587¿) de Marlow hasta el Doctor Fausto de Thomas Mann, pasando por el Fausto de Goethe, encontramos referencias importantes que nos permiten diseñar un campo comparativo entre este personaje y el individuo afectado por la enfermedad de la que hablamos. No me voy a detener en las incursiones que desde la música se ha hecho con este personaje ya que el origen principal está en la fábula de la obra de Goethe (Entre los músicos que se inspiraron en la versión de Goethe están Wagner, Listz, Mahler y Schumann. Y de las óperas basadas en el drama del escritor alemán, las tres más importantes son La condenación de Fausto de Berlioz, Mefistófeles de Arrigo Boito y Fausto de Gounod.)
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Johan Fausto fue un personaje que vivió en la realidad, nacido en 1480 (Knittlingen) y fallecido entre 1540 y 1541 cerca de Friburgo, que fue alquimista y tuvo trato con la magia. Unos le acusan de ser un farsante y otros de oscuro personaje que mantenía tratos con el diablo.

La fábula de Fausto nos va a presentar a un personaje que pacta con el diablo la venta de su alma a cambio de poder, placeres, deseos satisfechos, conocimiento, sabiduría. Al final, el diablo cobrará su deuda y Fausto morirá, excepto en la obra de Thomas Mann, en la que sólo aparecerá un Fausto demente, lejos de ese personaje brillante y atractivo que hemos conocido antes del capítulo 48.

Para Marlow, a la hora de introducir a este personaje en la historia de la Literatura dramática, aún es un personaje demonizado y lo caracterizará por su ambición de poder:
FAUSTO:
¡Cómo me embriaga la idea de tanto poder!
¿Lograré que los espíritus me ofrezcan cuanto deseo,
que resuelvan mis dudas todas,
que den término a las empresas temerarias que pretendo?
Les haré volar hasta el oro de la India,
Escudriñar el Océano tras la perla perfecta
y explorar los últimos rincones del Nuevo Mundo
en busca de sabrosos frutos y bocados principescos.
…()…
Sí, haré que los espíritus que me sirvan
Inventen para el fragor de la guerra
Máquinas más asombrosas que el navío de fuego
Que destruyo el puente de Amberes.

(I. Acto. Fausto, de Marlow.)

Una ambición que por supuesto le será satisfecha por el propio diablo.
Los deseos del Fausto de Goethe casi se resumen en las palabras de Mefistófeles en el I. Acto:

MEFISTÓFELES.- ¡Singular manera tiene de servirte! ¡Caramba! No son terrenas la comida ni la bebida de ese insensato. El frenesí lo lleva lejos, y sólo a medias tiene conciencia de su locura. Pide al cielo sus más hermosas estrellas, y a la tierra cada uno de sus goces más sublimes, y ninguna cosa, próxima ni lejana, basta a satisfacer su peco profundamente agitado.
(I. Acto. Fausto, de Goethe)

Insatisfacción que nos encontraremos al final de la obra cuando Mefistófeles vuelve a decir:

MEFISTÓFELES: –Ningún deleite le satisface, ninguna dicha lo llena, y así va sin cesar, en pos de formas cambiantes. El último, el mísero, el vano momento ansía retenerlo ese infeliz. Aquel que tan tenaz resistencia me opuso queda dominado por el tiempo: el viejo yace ahí en la arena. Se para el reloj …
(V. Acto. Fausto, de Goethe)

Pero, a mi juicio, será la obra de Thomas Mann, El doctor Fausto y en concreto su personaje principal, Adrián Leverkuhn, el que situará a este histórico alquimista en un plano más humano, en el que los deseos ocultos mezclados con las bajas pasiones, van a convertir las expectativas de Adrián L. en una realidad con final trágico.

En el capítulo XXV de El doctor Fausto, cuando el diablo se aparece a Adrián, quedará fijado el tipo de relación que les va a unir y las características del contrato.
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Un pacto a cambio de una vida de altura, nada de tibiezas y, al final del reloj de arena, pactado en 25 años, Adrián pasará a poder del Diablo.

Adrián comprará un tiempo que tiene un significado determinado. Un tiempo muy especial que realizando una lectura desde hoy, en plena arranque del siglo XXI alcanza un valor en alza. Tener tiempo y ser dueño de ese tiempo tiene hoy un especial significado en cuanto al valor de la calidad de vida del individuo.

Sin entrar en particularidades, no cabe la menor duda que el hombre contemporáneo se enfrenta, entra otras cosas, a una mayor longevidad que le hace tener que soportar un mayor desgaste físico y psíquico. También el tiempo aquí juega un especial papel tanto en calidad como en cantidad. Por otra parte, a una mayor y más intensa distribución del tiempo será lo que marque gran parte de la relación del hombre con su entorno, la forma de dedicarse a los demás, de distanciarse y acercarse, de enfrentarse al día a día en relación con las obligación y, también, con las pasiones. En definitiva, el hombre de hoy está sometido a la presión del deseo de un estado del bienestar cada vez mayor y por el que ha de pagar un precio. No quiero desviar mi atención del valor que en la actualidad tiene el tiempo para, de una forma interesada, repito, interesada, encaminar el discurso hacia Adrián Leberkusen, el personaje de la obra de Thomas Mann que he citado.

En la obra de Marlow Fausto muere. En la de Goethe también, aunque hay un evidente esfuerzo por parte de Mefistófeles para separar el alma del cadáver y supone un camino abierto a lo que luego hará Thomas Mann. Dirá así Mefistófeles:

MEFISTÓFELES.- –El cuerpo yace en tierra, y si el alma quiere escaparse, yo le presento al punto el pacto escrito con sangre. Pero, ¡ay!, ¡existen ahora tantos medios para sustraer las almas al diablo!… En la antigua vía se dan tropezones; en la nueva, no estamos bien recomendados. En otro tiempo, eso lo hubiera hecho yo solo; ahora he de buscar quienes me ayuden. Todo anda mal para nosotros; práctica consuetudinaria, antiguo derecho, ya no puede uno fiarse de nada absolutamente. Antes volaba el alma con el último suspiro; poníame yo en acecho, y lo mismo que el gato con el más ágil ratón, ¡zas!, ya la tenía fuertemente cogida en mis garras. Ahora se atrasa y se resiste a abandonar el lúgubre sitio, la asquerosa morada del ruin cadáver,
(V.Acto. Fausto, de Goethe. Sepultura)

Será en la obra de Thomas Mann donde no fallezca Fausto, en este caso Adrián Leverkuhn, cuando expira el contrato con el diablo. En el momento de cumplirse el plazo se encuentra sentado ante el piano dando un último recital a sus invitados.

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(El doctor Fausto, de Thomas Mann. Captl. 48)

El final de Adrián es, en cierta manera, apoteósico. Para la fecha en la que expira el contrato va a pasar del pedestal más alto de la admiración a un estado irreconocible. Nos vamos a encontrar con un personaje con el entendimiento confundido, con los recuerdos y la memoria rotos, con sus competencias sociales y habilidades físicas desectructuradas o anuladas. Y es aquí donde encontramos un cierto paralelismo con los efectos que produce el alzheimer en su estado más grave y, por tal, más evidente y trágico:

Seremis Zeitblom, amigo personal desde la infancia de Adrián, admirador de su obra y figura narradora en la obra de Thomas Mann, nos cuenta cómo al visitar a su amigo no fue reconocido en ningún momento:

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En una segunda y última visita, Seremis tampoco será reconocido y su presencia será totalmente indiferente para Adrián. Habían desaparecido todos sus recuerdos, su memoria se había esfumado.

A continuación les leo el diagnóstico de un enfermo real de Alzheimer en su estado grave con el que encuentro cierto paralelismo con lo expuesto: <>

Y no me puedo sustraer, ya para terminar, a la pregunta que me hice la primera vez que leí el texto de Thomas Mann: ¿En realidad, qué se ha cobrado el diablo a cambio de ese tiempo de 25 años de éxito? Lo entendí claramente y en toda su dimensión, la primera vez que estuve delante de un enfermo de alzheimer. Y entendí que el Diablo se había llevado el alma, ese alma intelectiva que describe Santo Tomás y que en relación con lo que hablamos puede ser tan relevante. Se había llevado sus recuerdos, su memoria, su movimiento, sus deseos. A cambio, había dejado un envase vacío con sensaciones muy primarias sin posibilidad de crecer. El precio del éxito, de lo que Adrián Leverkuhn entendía que era el éxito, había sido su alma y había quedado un envase de mirada perdida y perpleja cuyas piezas no tienen claras instrucciones para funcionar. La respuesta la encontré en Santo Tomás, en su obra Suma Teológica, donde a la hora de distinguir entre cuerpo y alma, dirá del alma que es el primer principio vital, que no es el cuerpo, sino el acto del cuerpo , cuando distingue un alma intelectiva, un alma nutritiva y un alma sensitiva.