Compañía: Peeping Tom (Bélgica)
Centro Párraga de Murcia: 07/08 MAY
“El espectacular y acrobático baile de los herederos de la gran tradición del teatro-danza belga. El anterior trabajo de la compañía consiste en la trilogía formada por las obras Le Jardin, Le Salon y Le Sous Sol. Esta trilogía cuenta la ruina de una familia de la aristocracia venida a menos. Cada parte se desarrolla en una estancia de la casa familiar que, a su vez, les da título. En la nueva obra, 32 rue Vandenbranden, Peeping Tom da un giro radical: desde el colectivo hacia el individuo, desde el espacio cerrado e íntimo hacia el espacio público. ¿Cómo se organiza la vida cotidiana? ¿Por qué reglas se rige y cómo vive el individuo con dichas reglas impuestas por la sociedad?.
Para este proyecto Peeping Tom cuenta con cinco nuevas incorporaciones. La contorsionista holandesa Sabine Molenaar hace gala de su flexibilidad junto a la bailarina de Flandes Marie Gyselbrecht. El bailarín inglés Joss Bakes y los coreanos Seoljin Kim y Hun Mok Jung completan un arco iris de danza que llega hasta el límite de las más variadas propuestas. La mezzosoprano Eurudike De Beul aporta su voz. “
NOTAS DE CAFÉ
Fulgencio M. Lax
Me sobraba la nieve imaginaria, me sobraban las casas figuradas, me sobraba el telón de fondo… Pero los bailarines: Impresionantes. Ante la manía que se tiene algunas veces de expresar el espacio de una forma arquitectónica sin dejar que sea el propio movimiento el que lo cree y lo recree, me parece, en este caso sobre todo, una falta de dirección escénica por parte de Gabriela Carrizo y Frank Chartier, que son los que firman la propuesta.
Dicho esto y dejando aparte las cuestiones que me parecieron gratuitas y que sólo aportaban preciosismo espacial, me centro en el juego del movimiento.
Este trabajo es una muestra clara y evidente que hoy, la danza contemporánea, se nutre de bailarines cuya formación es muy diversa, incluso su origen no es el de la danza, creándose de esta forma un concepto de movimiento que transgrede el propio concepto del ritmo y de la danza, mezclando expresión corporal, circo, acrobacia, artes marciales, etc. Esta riqueza ofrece al bailarín un amplio abanico de recursos que el espectador recibe como una policromía de significados. Una extraordinaria variedad que conforma una partitura polifónica de movimiento.
El espectador se sitúa ante un juego de espejos cóncavos y convexos, como si estuviera situado en el Callejón del Gato, donde no sólo los personajes se distorsionan en un alarde de exhibición cirquense, sino que su propia alma y las relaciones que entre ellos mantienen se ven aquejadas de esa distorsión. Dejan ver así sus miedos, sus sueños, sus deseos, sus ansiedades. Un extraordinario esperpento lejos de la casposidad modernista que tan bien reflejó Valle Inclán.
No quiero dejar pasar la extraordinaria voz de Eurudike De Beul.
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