EL OTRO PIE DE LA SIRENA.
editorial: EL COBRE EDICIONES, S.L.. año de edición: 2009.
COMENTARIO
Fulgencio M. Lax
Mia Couto (António Emílio Leite Couto) (Beira, 1955) é un escritor e xornalista mozambicano.
Voy a intentar, de una forma muy breve, establecer un marco crítico en el que situar esta novela, teniendo en cuenta que una sola novela no hace género ni hace historia, excepto La Celestina y El Quijote.
Cuando leemos esta obra, inmediatamente nos viene a la memoria toda la literatura latinoamericana calificada como de realismo mágico. Pero, curiosamente seguimos leyendo a autores africanos, sobre todo del África subsahariana, y nos damos cuenta de la fuerte presencia de ese movimiento en esta literatura. Inevitablemente surge la duda de lo que es antes, si el movimiento estético al que se adscriben los artistas, sobre todo porque el movimiento tiene sus orígenes alrededor de los años 40 para conformarse en los 60 del siglo XX, o bien es una característica específica que se produce cuando desde el primer mundo nos asomamos al tercer mundo y a sus tradiciones.
Entre Latinoamérica y África hay muy pocas cosas en común, bueno, quizá más de las que pensamos y menos de las que se evidencian, pero lo que sí es cierto es que ambos continentes sufrieron una colonización y una posterior descolonización, ambas partes claramente diferenciadas, pero que curiosamente, en el tema que nos ocupa, hay una especial relación entre el postcolonialismo y el realismo mágico, al menos y en un principio, en su confluencia cronológica. Así pues, me voy a permitir hacer una pequeña introducción de uno o dos párrafos para darle sentido a las palabras de análisis que continúan.
Sería insuficiente esta referencia si no mencionamos la aportación marxista de Frederich Jameson (1) situando a este movimiento en un plano de relación disociativa entre occidente (Primer mundo) y el Tercer mundo, sobre todo al post-colonialismo, tanto latinoamericano como africano, sobre todo el referido al África negra o subsahariana.
Uno de los aspectos que podemos destacar y que me interesan de este movimiento, en relación con la novela de Mia Couto, es la reafirmación de la comunión del hombre con el entorno natural frente a la artificiosidad externa del acontecimiento. Los personajes de esta narrativa protagonizan historias donde la presencia del diálogo con la Naturaleza en una línea de cotidianeidad vital es el eje generador del argumento. Este personaje vive con sus antepasados en una especie de limbo, o mejor de purgatorio, donde los muertos y los vivos se reconocen en la convivencia. Nadie se marcha y todo sucede al amparo dialéctico de la relación del hombre con el medio en el que vive. Esto está sostenido por la tradición, que tiene un valor inamovible e incuestionable para el hombre.
En el realismo mágico encontramos precisamente lo real presentado como maravilloso, o bien lo maravilloso presentado como real. Los sucesos más fantásticos no se presentan, como sucedería en el cuento fantástico tradicional, como algo que asombra tanto a personajes como a lectores, sino como parte de la realidad cotidiana. …()… (2)
Para el hombre occidental, enfrentarse a la poderosa cultura, sociedad y naturaleza del Tercer Mundo, África en este caso, sólo puede hacerse aceptando lo maravilloso, lo fantástico, lo irreal como parte de nuestra realidad. Este es el primer paso para poder aceptar el rito como un acontecimiento ineludible en el devenir del hombre tercermundista.
Esta novela está recorrida por dos historias distintas, que se cruzan en la actualidad de una de ellas utilizando como eje de unión el encuentro, por parte de Zero, de una talla de una virgen a la que le falta un pie. La otra historia, que de alguna forma podría parecernos episódica, pero que cumple una función caracterizadora importante, nos traslada al viaje que el misionero portugués Gonçalo da Silveira hizo a finales del 1500 a África persiguiendo un continente cristiano. La pérdida entonces de la Virgen a la que le falta un pie y el posterior encuentro, después de siglos, por parte de Zero de la talla, arrancan la segunda de las historias. Aquí comienza todo un periplo de sucesos confusos entre la vida y la muerte sólo comprensibles desde la tradición y la cultura ancestral de un pueblo como es el africano.
Un aspecto que me gustaría destacar pero que no voy a comentar por la brevedad de esta intervención es ese nexo con la modernidad que supone el curandero Lázaro: Tiene un móvil y le hace un encargo a Mwadia Malunga cuando viaja a Villa Lejos:
Pero llámame, hija mía, llámame…
- ¿Llamarle?
- A partir de la frontera tengo cobertura de teléfono móvil ….
- …()… Sólo una cosita más, mejor dicho, una petición…
- Dígame lo que necesita, compadre Lázaro.
- Quiero que te enteres cómo se puede poner allá en la capital un anuncio de televisión de mis servicios de curandero.
-
Este párrafo, por sí sólo tiene poco significado, pero insertado al final del capítulo 2, después de que Lázaro le diga a Mwadia que no parece africana y ella le conteste: Hay muchas formas de ser africana, nos abre una puerta a la ruptura de una tradición que empieza a aceptar una modernidad que le viene del primer mundo.
Volviendo al tema del realismo mágico (3) y a modo de ejemplo, podemos encontrar un paralelismo en el cruce de personajes vivos que coexisten con los muertos en Pedro Páramo y esta novela de la que hablamos: En la obra de Juan Rulfo leemos:
¿De modo que usted es hijo de ella?
-¿De quién? -respondí.
-De Doloritas.
-Sí ¿pero cómo lo sabe?
-Ella me avisó que usted vendría. Y hoy precisamente. Que llegaría hoy.
-¿Quién? ¿Mi madre?
-Sí. Ella.
Yo no supe qué pensar. Ni ella me dejó en qué pensar:
-Éste es su cuarto -me dijo.
No tenía puertas, solamente aquélla por donde habíamos entrado. Encendió la vela y lo vi vacío.
-Aquí no hay dónde acostarse le dije.
-No se preocupe por eso. Usted ha de venir cansado y el sueño es muy buen colchón para el cansancio. Ya mañana le arreglaré su cama. Como usted sabe, no es fácil ajuarear las cosas en un dos por tres. Para eso hay que estar prevenido, y la madre de usted no me avisó sino hasta ahora.
-Mi madre -dije-, mi madre ya murió.
-Entonces ésa fue la causa de que su voz se oyera tan débil, como si hubiera tenido que atravesar una distancia muy larga para llegar hasta aquí. Ahora lo entiendo. ¿Y cuánto hace que murió?
-Hace ya siete días.
Y en la obra de Mía Couto leemos referencias como la siguiente:
Su madre no era la única persona que insistía en que Zero ya se había retirado de la Vida. …()…
- Es lo que yo digo, hija, estás casada con un fantasma.
- …()…
- Madre, piense lo siguiente: Zero se ocupa de mí como nunca lo hizo nadie. ¿Qué importa si está vivo o muerto?
Otra coincidencia importante es la geografía de Comala y la de Villa Lejos. Ambas localidades, salvando las distancias, se encuentran desoladas, casi desiertas, vacías, donde los personajes vagan, dando la sensación de que la muerte es tan sólo una continuación natural de la vida. Un estado distinto en el que todos seguimos, como el paso de una dimensión a otra.
Rulfo así nos introduce en Comala:
Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos. Oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empedradas las calles. Mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol del atardecer.
Fui andando por la calle real en esa hora. Miré las casas vacías; las puertas desportilladas, invadidas de yerba. ¿Cómo me dijo aquel fulano que se llamaba esta yerba? “La capitana, señor. Una plaga que nomás espera que se vaya la gente para invadir las casas. Así las verá usted. “
Y Mia Couto nos define una Villa Lejos que es tan sólo un recuerdo, una mirada atrás de Mwadia Malunga:
Mwadia podía caminar con los ojos (Pág. 79) cerrados, guiada por el sentimiento de estar vagando por su propio cuero. Pág. 80
Pero además destaca el componente mágico que no es otra cosa, en este ámbito literario, que el vehículo de conexión del hombre con lo que no conoce y de ahí la referencia ritual a la acción.
Ya para terminar y siguiendo a Frederich Jameson, hay que decir que la literatura postcolonial, tanto asiática como africana o latinoamericana, se muestra extraordinaria, fantástica o mágica en la medida que se conforma en el Primer Mundo, y no es otra cosa que la creación y comprensión necesaria del “otro”, pues en ese Tercer Mundo lo extraordinario y mágico es tan sólo lo cotidiano, y nosotros, la sociedad occidental asentada en el estado del bienestar y de la civilización, necesitamos adscribir lo que no entendemos –porque no tiene una explicación cartesiana- a nuestro mundo en el deseo y necesidad vital de clasificar y explicar nuestro entorno.
NOTAS:
(1) • El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, Barcelona, Paidós, 1991
• Arqueologías del futuro. El deseo llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción, Madrid, Akal, 2009.
(2) Valentín Pérez Venzalá. http://www.minotaurodigital.net
(3) La brevedad de estas notas hacen que deje a un lado Cien años de soledad, de García Márquez y los años primitivos en los que se funda Macondo.
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