Archive for the 'Texto teatral breve' Category

19
ago
12

Federico. Las banderas nunca volvieron victoriosas, de Fulgencio M. Lax

Federico. LAS BANDERAS NUNCA VOLVIERON VICTORIOSAS
Fulgencio M. Lax

FEDERICO.- Poeta convertido en pensamiento y acribillado una y otra vez por los peores pecados capitales. Cuarenta años de oscuro futuro se dieron cita aquella madrugada del 19 de agosto de 1936 en Víznar.
LA MUERTE.- Un poema desnudo de metáforas. Sin palabras, sin sensaciones, sin nada.

(En la oscuridad de unos pensamientos fragmentados se quiebra y se rompe el rostro de un poeta al que se la ha acabado el futuro. A lo lejos suena el violonchelo de un músico que olvidó su partitura. Federico tiene su mirada perdida, hundida en el desconcierto, en la incertidumbre y el miedo. Una bala tras otra se convierten en una extraña danza que, suave y traicionera, le acaricia todo el cuerpo.)

LA MUERTE.- (Protegiendo el cuerpo de Federico.) Es un poeta.
FEDERICO.- No quiero que me lleve la luna. Esta brisa que acompaña a tanto silencio… Alguien dice que viene, pero el camino está vacío. El sueño se escapa. Se escapa. Sé que se escapa. Toma, lee despacio estos versos y dime qué es lo que sientes.
LA MUERTE.- Yo no llevo un polisón de nardos ni mis pechos son de duro estaño. Me acercaré tan rápido que ni te darás cuenta. Luego, te vendrás conmigo.
FEDERICO.- Pero antes lee. Lee por favor este poema.
LA MUERTE.- Sabes que…
FEDERICO.- (Interrumpiéndola.) Lee, por favor. Lee.
LA MUERTE.- (Lee un poema de Walt Whitman.)

Retoza conmigo sobre la hierba, quita
el freno de tu garganta,
no quiero palabras, ni música,
ni rimas, no quiero costumbres
ni discursos, ni aún los mejores,
sólo quiero la calma, el arrullo de tu
velada voz.

¡Qué poco tiempo nos queda, Federico! Cada vez estoy más cerca.
FEDERICO.- Es hermoso. Es un poema muy hermoso de un viejo poeta con la barba llena de flores, como una enredadera. El tiempo ya no importa.
LA MUERTE.- El tiempo ya no existe, mi querido ruiseñor.
FEDERICO.- ¿Ruiseñor? ¿Me llamas ruiseñor?
LA MUERTE.- Te puedo llamar colibrí. Golondrina del amor .
FEDERICO.- Yo no soy ninguno de esos pajarillos. ¡Dios mío! Yo no soy ninguno de esos pajarillos.
LA MUERTE.- Federico, Federico.
FEDERICO.- Una vez más te equivocas. Ese dedo fácil y ligero se equivoca. Yo no soy un ruiseñor.
LA MUERTE.- Eres Federico.
FEDERICO.- Yo… apenas unos versos. Mis padres, mis hermanos, mis amigos. Mis amantes. Apenas unos versos. Ese soy yo. Soy un hombre. Un hombre que ama con todas las fuerzas de su alma. Con todas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.

LA MUERTE.- Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.
FEDERICO.- Versos de un marinero en tierra. Todos me acompañan esta madrugada. Todos y cada uno de ellos. Siento que están aquí todos. ¿Y tú?
LA MUERTE.- Yo soy la senda por la que no vuelven los que han ido.
FEDERICO.- Camino de espaldas y cuando miro sólo veo un manto que no reconozco.
LA MUERTE.- Ya estoy cerca, Federico, déjate llevar. Súbete a mi manto y alza el vuelo como un hermoso cometa.
FEDERICO.- Ahora sé que llegará un día en que dejen las escopetas. La tierra se endurece y yo no entiendo nada. Estos matojos apenas me dejan ver. No estoy ciego. ¿Un disparo? Espera un momento… Escucha… Nada. De nuevo el silencio de la madrugada. Este silencio.
LA MUERTE.- Silencio, Federico. Silencio. Cuando llegue a tu lado todo habrá terminado y te vendrás conmigo. Sujeta mi manto y déjate llevar. No pienses, sólo déjate llevar. El tiempo ya apenas existe.
FEDERICO.- ¿Quién eres? ¿Acaso eres un hombre? ¿Esa voz? ¿Te conozco? ¿Quién eres?
LA MUERTE.- ¿No me reconoces? Me has tenido escondida en cada uno de tus versos. He sido luna, he sido color, camino, … He sido bronce. Cuchillo, cuchillito… ¿Recuerdas?

Con un cuchillo.
con un cuchillito
que apenas cabe en la mano,
pero que penetra fino
por las carnes asombradas
y que se para en el sitio
donde tiembla enmarañada
la oscura raíz del grito.

¿Recuerdas Federico? Y ahora soy un acero veloz. Muy veloz.
FEDERICO.- Esta camisa que llevo es una camisa usada. No es una camisa nueva. Está llena de alegrías y recuerdos. De sudores, de abrazos y deseos.
LA MUERTE.- Soy la bala que ha salido del cañón para llevarte conmigo.
FEDERICO.- Ahora sí te reconozco. Debería sentir miedo y en cambio… Apenas me puedo ver las manos. Nunca hubo una luz tan oscura ni tanto silencio.
LA MUERTE.- Federico.
FEDERICO.- He oído unos gritos. Seguro que ahora dejarán las escopetas. No tengo miedo. No tengo miedo. No hay motivo para tener miedo ¿Verdad?
LA MUERTE.- Federico.

(Y en la penumbra de aquella madrugada quedó congelada una mueca de miedo y horror. Un griterío canta victoria y todos juntos entonan una rara y extraña canción: Cara al Sol con la camisa nueva….)

27
abr
12

EPITAFIO/2003. Fulgencio M. Lax

Epitafio-2003
de Fulgencio M. Lax

PERSONAJES
H1.- Oscuro hombre de negocios. Putero, drogadicto, católico apostólico y romano practicante y alcohólico.
YO.- Un ignorante y perplejo ciudadano. Putero, drogadicto, alcohólico y poeta. Moribundo.

INTRODUCCION
He corrido todo cuanto he podido
Y me siento cansado
Hoy es así, pero no puedo evitar este salto
Mañana puede que llueva
He de comenzar el nuevo trabajo
Nunca es tarde para terminar
Un oficio agotador, de pocas horas
Oigo ruidos que me crean ansiedad
Siento miedo y me tiembla el pecho
Yo sigo e intento concentrarme
Ha llegado un nuevo cargamento
Aún no hemos terminado con lo nuestro
Las ratas de hoy han venido moribundas
Las ratas de ayer estaban todas muertas
El trabajo se facilita porque no temes que te muerdan
Este cemento ha empezado a endurecerse
Nunca he estado aquí
Yo lo hago siempre igual
Trabajo rápido y escupo rápido
Es una cadena larga de mordedores de ratas
Un final extenso y desolado
Hay alguien en la ventana
Sólo un mordisco en el hocico
Un mordisco seco para que no griten
Casi no queda luz
Masticando la cabeza
Saboreando y escupiendo
Masticando la cabeza
Saboreando y escupiendo
Un trago de desinfectante
Unas anotaciones sobre el sabor
La luz es cada vez más pobre
La cadena no puede detenerse
Esas ratas tienen un origen
Esas ratas han comido algo en concreto
La eme es una letra de vértigo
Muertas no pueden morder ni arañar
Una rata moribunda es siempre un peligro
El cubo se llena de hocicos desgarrados
El desinfectante es de un sabor fuerte
Nadie puede cerrar esa puerta
He podido oír sus gritos
Los trabajadores mueren infectados
Las llagas y las heridas no se curan
Y al final, un cambio de turno
La cadena no se para
He puesto una coma en su sitio
Llega otro cargamento
Yo sigo masticando y evito los ojos
Un fuerte trago
Todo me quema por dentro
Me trago el pus
Me supuran las encías
Y duermo tranquilo, en silencio.

(En las grietas de un grueso muro de cemento y al calor de un extraño fuego, se extiende una barrada y estrellada cloaca. Amanece. El hombre1 se encarama a una enorme hamburguesa para que todo el
mundo pueda oírle bien. Mientras habla, sostiene en sus manos las entrañas de los huérfanos de un cercano hospicio. Al fondo, un coro de ángeles entona el Pie Jesu. Yo se encuentra montando un cinturón de explosivos que, con mucho cuidado, irá llenando cartucho a cartucho.)

YO.- Hoy es un buen día para tratar de descansar. Este sol, estas nubes, esta brisa. Este buen tiempo.
HOMBRE1.- (Mirándolo de reojo y con cierta desconfianza, empieza a leer su discurso.) Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
YO.- Eso lo has aprendido en la universidad, aunque todos sabemos que no fuiste ni un solo día.
HOMBRE1.- Yo nunca fui a la universidad.
YO.- He visto cómo lo copiabas de un anuncio del periódico y esa forma de escribir sólo se aprende en un sitio y de una manera.
HOMBRE1.- (Lo mira con todo el recelo con el que se puede mirar a otra persona.) Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Además, yo nunca leería un periódico.
YO.- Eso ya lo sé.
HOMBRE1.- Al menos sin saber lo que dice antes.
YO.- Eso también lo sé.
HOMBRE1.- Veo que sabes muchas cosas. No me gustaría que te convirtieras en un tipo sospechoso. Con ese rostro …
YO.- ¿Mi rostro?
HOMBRE1.- Es un rostro que despierta sospechas.
YO.- ¿Sospechas? ¿Sabes por qué la cuchilla de una guillotina no se afila por los dos lados?
HOMBRE1.- No me detengo en esas tonterías. No me interrumpas ahora, déjame que termine. Esto me lo estoy aprendiendo de memoria. Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Bueno, este último aspecto se sobreentiende si no se lo merece, porque al que se lo merece hay que castigarlo duro. Muy duro.
YO.- Cuando suene el teléfono ya te avisaré y, entonces, sí tendrás que interrumpir tu discurso.
HOMBRE1.- ¿Por qué dices que la cuchilla de la guillotina se afila sólo por un lado?
YO.- Eso deberías saberlo. Lo sabe todo el mundo.
HOMBRE1.- Pero aún no lo sé. En el momento en que lo sepa ya no volveré a preguntarlo otra vez.
YO.- Para que no pierda el filo tan pronto y pueda utilizarse más veces sin tener que llamar al afilador. Es una forma de ahorrar. El mínimo esfuerzo con el máximo rendimiento. Una ejecución inteligente.
HOMBRE1.- No lo había pensado, lo apuntaré (Coge un papel para apuntar.) Lo apuntaré bien apuntado. Una ejecución inteligente es una buena idea. Déjame un bolígrafo.
YO.- No tengo.
HOMBRE1.- ¿No tienes?
YO.- Bueno, no lo sé. Creo que no.
HOMBRE1.- ¿No?
YO.- Estoy seguro de que no tengo.
HOMBRE1.- ¿Y cómo escribes?
YO.- No escribo.
HOMBRE1.- Yo sí lo escribo todo para que no se me olvide, para tenerlo presente en cada momento en que necesite cada uno de los pensamientos y cosas que escribo.
YO.- Yo los olvido con facilidad y espero a que vengan otros nuevos.
HOMBRE1.- Con gente como tú no se hace patria. Las tradiciones hay que mantenerlas y ser fiel con la historia que nos ha tocado vivir.
YO.- Ya, pero las cosas las olvido rápido y espero a que vengan otras nuevas. Aunque de algunas me acuerdo.
HOMBRE1.- ¿De cuáles?
YO.- No sé, lo olvido todo muy rápido.
HOMBRE1.- (Tirando el papel en el que iba a escribir y recuperando su discurso.) Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Esto se entiende fácil, ¿no?
YO.- El teléfono, ha sonado el teléfono.
HOMBRE1.- Yo no lo he oído.
YO.- Pues ha sonado.
HOMBRE1.- Pero yo no lo he oído. Algunas veces suena y suena pero yo
no lo oigo.
YO.- Puede que quien esté llamando no quiera que lo oigas. Puede que
sea algo importante o puede que no. ¿Quién sabe? Incluso puede que no
sea para ti. Aunque ahora ya ha dejado de sonar.
HOMBRE1.- ¿Entonces, crees que debía haber cogido el teléfono?
YO.- ¿Tú lo has oído?
HOMBRE1.- Yo no, pero tú sí lo has oído.
YO.- Ya, pero no era para mí.
HOMBRE1.- Pero podías haberlo cogido.
YO.- Sí, pero no era para mí.
HOMBRE1.- ¿Y cómo sabes que no era para ti?
YO.- Porque yo no tengo teléfono. De todas formas lo dejaré descolgado.
HOMBRE1.- ¿Descolgado?
YO.- Por si vuelven a molestar.
HOMBRE1.- ¿Y si vuelven a llamar?
YO.- No habrá nadie.
HOMBRE1.- Eres un tipo extraño. Muy extraño. No te conozco. Yo estaba
ensayando mi discurso, suena el teléfono y no lo oigo. Vienes a la puerta de mi casa …
YO.- Una bonita casa.
HOMBRE1.- ¿Te gusta?
YO.- Yo no podría pagarla.
HOMBRE1.- ¿Qué estás haciendo? Parece un trabajo muy entretenido.
YO.- Lleno estos cartuchos de dinamita.
HOMBRE1.- ¿Dinamita? ¡Aquí hay un diccionario!
YO.- Es mío
HOMBRE1.- ¿Lees el diccionario?
YO.- No, sólo uso las hojas sueltas. Las uso según las letras. Mira, esta es de la hoja de la H y esta es la de la P.
HOMBRE1.- Pero eso es muy peligroso.
YO.- Y envuelvo los cartuchos así. ¿Ves?
HOMBRE1.- ¿Puedo probar yo?
YO.- Bueno, pero lleva cuidado. Mucho cuidado.
HOMBRE1.- Realmente no puedo entretenerme, he de ensayar mi discurso y ahora no te puedo ayudar ¿Te importa si sigo?
YO.- No, no me importa.
HOMBRE1.- ¿Está bien esta pose?
YO.- Sí, supongo que sí.
HOMBRE1.- (Recuperando su discurso.) Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Fácil, ¿no?
YO.- (Que continúa llenando los cartuchos con dinamita.) Pssssss. Ya lo dijiste antes ¿Podrías aclararlo un poco más?
HOMBRE1.- (Hablando más despacio.) Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. ¿Ahora sí?
YO.- Un poco mejor.
HOMBRE1.- ¿Sólo un poco?
YO.- Bueno, un poco más.
HOMBRE1.- Entonces sigo. En un mundo como es el mundo en que vivimos, nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Esto me suena a putas. Reputaciónputas, ja, ja, ja, ja, ja. Reputación-putas, ja, ja, ja, ja, ja. Me encantan las putas y cuanto más jovencitas mejor. Es importante que se aprenda cuanto antes el oficio, así luego son auténticas profesionales, ¿No crees?
YO.- Es posible. Esas niñas y niños de once años; esas niñas y niños de doce años; esas niñas y niños de trece años, … (Con la más desolada impotencia.) Es posible, es posible.
HOMBRE1.- Veo que sigues la intención de mi discurso. Y ahora la emigración turística. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país. ¿Por qué le pones carne a esos cartuchos? ¿No los estabas llenando de dinamita?
YO.- Y los lleno de dinamita.
HOMBRE1.- Pero eso es carne. Les estás poniendo carne.
YO.- Sí.
HOMBRE1.- Eres un tipo extraño.
YO.- ¿Extraño?
H1.- Les estás poniendo carne, ya me dirás.
YO.- Les pongo carne para que al estallar se dispersen todos los trocitos mezclados con los de la víctima y todo se confunda.
HOMBRE1.- Siempre hablando de víctimas ¡Qué cansados! Aunque pensándolo bien no es mala idea. No es mala idea. ¿La carne es de ternera?
YO.- No, es de cerdo.
HOMBRE1.- ¿De cerdo?
YO.- Sí, de cerdo.
HOMBRE1.- ¡De cerdo! ¿Quieres echarle un vistazo al discurso?
YO.- No puedo, ahora tengo mucho trabajo, todavía me quedan algunos cartuchos por llenar y pronto se va a hacer de noche.
HOMBRE1.- Bueno, pues entonces escucha: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.(Mirando a Yo y en tono explicativo, como disculpándose.) Es que los discursos no los escribo yo, me los escribe un tipo que dice cada cosa. Mira esto que viene ahora: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones. Voy a tener que retocarlo. Uno puede pensar lo que quiera, puede creer en lo que quiera, pero ante todo está la moral y todos tenemos que someternos al dictado de las buenas normas de conducta y de la más alta moral. Sin moral y sin religión no puede existir el Estado. Esto voy a decirle que me lo incluya, que me ha quedado bien, ¿No crees?
YO.- Pssss.
HOMBRE1.- Es sólo un discurso, no se puede tomar por otra cosa. Un discurso es un discurso y punto, no tiene otro significado. No sé qué pretendes decir con ese tono que utilizas.
YO.- Nada en concreto. Sólo eso. Pssssss.
(Pausa. El silencio grita tres veces.) Ahora me tomaría una cerveza. No estaría mal que me invitaras a una cerveza.
HOMBRE1.- ¿Una cerveza?
YO.- Sí, una cerveza.
HOMBRE1.- ¿Te apetece una cerveza?
YO.-
HOMBRE1.- Eres un tipo muy extraño.
YO.- Es posible. ¿Me invitas?
HOMBRE1.- Voy ahora mismo. ¿Con alcohol o sin alcohol?
YO.- Con alcohol.
HOMBRE1.- Voy. ¿La quieres en botella o en vaso?
YO.- En botella.
HOMBRE1.- Voy. ¿Quinto o tercio?
YO.- Dos quintos.
HOMBRE1.- Un momento. ¿Me tienes el discurso?

(Sale. YO coge el discurso y dibuja en cada una de las letras el camino infinito de un futuro apenas existente. Lo oculta en un lugar secreto. El barro se está haciendo cada vez más espeso y no sirve para mezclarlo con las enormes cataratas de cemento que se alzan al fondo. En la garganta las venas comienzan a perder el rumbo.)

YO.-
He corrido todo cuanto he podido
Y me siento cansado
Hoy es así, pero no puedo evitar este salto
Mañana puede que llueva
He de comenzar el nuevo trabajo
Nunca es tarde para terminar
Un oficio agotador, de pocas horas
Oigo ruidos que me crean ansiedad
Siento miedo y me tiembla el pecho
Yo sigo e intento concentrarme
Ha venido un nuevo cargamento
Aún no hemos terminado con lo nuestro
Las ratas de hoy han venido moribundas
Las ratas de ayer estaban todas muertas
El trabajo se facilita porque no temes que te
muerdan
Este cemento ha empezado a endurecerse
Nunca he estado aquí
Yo lo hago siempre igual
Trabajo rápido y escupo rápido
Es una cadena larga de mordedores de ratas
Un final extenso y desolado
Hay alguien en la ventana
Sólo un mordisco en el hocico
Un mordisco seco para que no griten
Casi no queda luz
Masticando la cabeza
Saboreando y escupiendo
Masticando la cabeza
Saboreando y escupiendo
Y al final, un ligero parpadeo
Un silencio extraño
Un silencio nuevo
Un silencio.

(El tiempo se esconde agazapado dejando pasar las horas, los
días, los meses. Los años.)

HOMBRE1.- (Entrando con una cerveza en la mano.) Aquí tienes tu cerveza. Ya puedes devolverme el discurso. (Yo le entrega su discurso.) Bien, bien. Continuemos. Mientras te bebes tu cerveza yo voy a seguir leyendo mi discurso. Ha pasado tanto tiempo que no quiero olvidar nada. Lo nuestro es la lucha porque permanezcan intactos los valores morales que nos han traído hasta aquí. (Yo eructa después de un hermoso y largo trago de cerveza. El Hombre1 continúa leyendo su discurso.) Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos. Mira esto. ¿Has oído? ¿Cómo voy a salir ante las multitudes y decir semejante tontería? Esto voy a tener que corregirlo, así no se puede. No se puede de ninguna de las maneras. Menos mal que lo estoy leyendo antes, que si no… Vaya ridículo. ¿Tú no dices nada? (Yo vuelve a eructar.) Tú lo que eres es un amoral. Un libertino. ¡Comunista!
YO.- ¿Quieres un trago?
HOMBRE1.- ¿Y tu trabajo, lo has terminado ya?
YO.- Sí.
HOMBRE1.- A mí todavía me queda un rato. Este discurso es cansadísimo.
YO.- Puedes tomar un trago de cerveza y así descansas un poco.
HOMBRE1.- Vale. (Da un trago a la cerveza.) Te ha quedado muy bien este chaleco. ¿Para quién es?
YO.- Para ti.
HOMBRE1.- ¿Para mí? ¿Un chaleco de cartuchos envueltos en hojas de un diccionario para mí?
YO.- Está hecho a tu medida.
HOMBRE1.- ¿Un chaleco de cartuchos rellenos de carne de cerdo para mí?
YO.- Sí.
HOMBRE 1.- ¿Un chaleco de cartuchos de dinamita?
YO.- Sí.
HOMBRE1.- ¿Un regalo? ¿A mi medida? Realmente es un detalle y he de reconocer que me has emocionado.
YO.- Un regalo a tu medida.
HOMBRE1.- Mi color preferido es el azul.
YO.- Este chaleco es de color azul.
HOMBRE1.- Azul pálido.
YO.- Pero azul. Pálido, pero azul.
HOMBRE1.- ¿Me lo pruebo?
YO.- Adelante
HOMBRE1.- ¿Qué tal me queda?

(En ese mismo momento las entrañas del Hombre1 pasan a ver la
luz del día. Lejos, una suave campana anuncia un final. Sólo un final. Y la rueda vuelve a dar una vuelta para iniciar su recorrido.
Yo se acerca al cadáver del Hombre1 y, mordiéndole en la boca, le
arranca los labios y parte de los dientes. Luego escupe en un enorme
cubo de basura que arrastra sujeto a una cadena.)

YO.-
La luz es cada vez más pobre
La cadena no puede detenerse
Esas ratas tienen un origen
Esas ratas han comido algo en concreto
La eme es una letra de vértigo
Muertas no pueden morder ni arañar
Una rata moribunda es siempre un peligro
El cubo se llena de hocicos desgarrados
El desinfectante es de un sabor fuerte
Nadie puede cerrar esa puerta
He podido oír sus gritos
Los trabajadores mueren infectados
Las llagas y las heridas no se curan
Y al final, un cambio de turno
La cadena no se para
He puesto una coma en su sitio
Llega otro cargamento
Yo sigo masticando y evito los ojos
Un fuerte trago
Todo me quema por dentro
Me supuran las encías
Y quedo dormido, en silencio
Dormido para siempre.




Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.