17
Dic
17

Cosas que se olvidan fácilmente, de Xavier Bobés

COSAS QUE SE OLVIDAN FÁCILMENTE, de Xavier Bobés

Centro Párraga de Murcia. 15/12/2017

A partir de una experiencia autobiográfica, el autor de este espectáculo se dio cuenta de que empezaba a tener problemas de memoria. Y comprobó que su madre también sufría vacíos importantes. Estos olvidos inspiraron Cosas que se olvidan fácilmente, un espectáculo fotográfico que transforma los recuerdos y, del mismo modo que lo hace la mente, inventa otros nuevos. Una pequeña historia de la segunda mitad del siglo XX en España. Un juego de cartas convertido en un montaje teatral para cinco espectadores en cada sesión.

Xavier Bobés: Actor manipulador y creador escénico, Xavier Bobés se define como autodidacta. Apasionado de la poética de los objetos, investiga desde hace más de una década todo tipo de útiles cotidianos en largos y artesanales procesos. Vive y trabaja en Gerona y en 2013 creó la compañía de teatro de objetos Playground, con la que gestado producciones que han visitado teatros y museos indistintamente.

NOTAS PARA UN CAFÉ

Fulgencio M. Lax

DESPUÉS DE LEER LA CRÍTICA, EL AUTOR ME HA PEDIDO QUE NO DESVELE LO QUE SUCEDE EN SU ESPECTÁCULO. SON SÓLO UNAS NOTAS QUE HE ESCRITO EN MI BLOG Y NO QUIERO QUE XAVIER BOBÉS SIENTA QUE MIS PALABRAS LE PERJUDICAN, POR ESO VOY A REDUCIR ESTA ENTRADA Y ESQUEMATIZARLA AÚN MÁS PARA SEGUIR LAS INSTRUCCIONES DEL AUTOR.

2162Este trabajo es un extraordinario viaje hacia la memoria que va recuperando rincones olvidados y silenciados por el tiempo.

…()…

Xavier va conduciendo el viaje con una gran maestría. Aparentemente los objetos aparecen sobre la mesa de forma desordenada, pero él los manipula como un auténtico mago, arrancóndolos con hábiles movimientos al recuerdo. Salí de aquella experiencia sabiendo que de niño y de joven me acompañaron bellas imágenes.

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03
Dic
17

La música del tío vivo, Fulgencio M. Lax

La música del tío vivo, Fulgencio M. Lax

(De la serie dedicada a Munch)

momia-peruana2(Fragmento)

<<Al poco de aparecer aquel tipo ya no pude continuar con mis viajes imaginarios ni abandonarme a esos extensos espacios abiertos llenos de aire y de luz a los que me había acostumbrado. Al principio, los primeros días, tan sólo era una amable compañía y su indiferencia no me impedía seguir aislado viajando por esos mundos que ya tenía la certeza que no iba a visitar nunca, aun así me gusta abandonarme a la imaginación y a la fantasía de paraísos que no conozco, que no conoceré, incluso es posible que sólo existan dentro de mí. Así es muy fácil aislarse y extender el tiempo de una taza de café más allá de unos límites razonables. Pero pronto su presencia invadió mis pensamientos. >>

30
Nov
17

DON JUAN TENORIO/Cía Cecilio Pineda

DON JUAN TENORIO, de José Zorrillo (Notas que escribo para el programa de mano)

Compañía Cecilio Pineda

Teatro Romea de Murcia. Noviembre/2017

 Una vez más, siendo fieles a la tradición teatral murciana, la compañía Cecilio Pineda, bajo la dirección de Julio Navarro, sube al escenario del teatro Romea de Murcia la obra Don Juan Tenorio.
f5j2g0ygvzc570088_1Este año 2017 se cumple el bicentenario del nacimiento de su autor, José Zorrilla y Moral, que nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817. En la carta que José Velarde escribe presentando las memorias del poeta, tituladas Recuerdos de tiempo viejo, describirá así el momento en el que el poeta y dramaturgo vallisoletano se dio a conocer al público: “Era la tarde del 15 de febrero de 1837. En el cementerio de la puerta de Fuencarral, un numeroso concurso se apiñaba en derredor de un joven desconocido, delgado, pálido, de larga cabellera y expresivos ojos, que, acongijado y convulso, leía, ante un féretro adornado con una corona de laurel, una sentida poesía. El concurso lo formaba todo el Madrid artístico; el féretro encerraba el cadáver de Larra; el poeta era Zorrilla […] España, al perder al más grande de sus críticos, encontró al más popular de sus poetas”.

La crítica no se pone de acuerdo en determinar las fuentes que sirvieron a Zorrilla para escribir su Tenorio y es preferible hablar de diferentes referencias, con todos los matices que en la actualidad introducen los estudios de la Literatura comparada. Pero es indudable que El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, de forma directa o indirecta, sirvió para formar el armazón argumental. Frente a la obra de Tirso, Zorrilla introduce el amor como medio de salvación del alma de Don Juan, una innovación que humaniza al personaje, haciendo que triunfe el encuentro con Doña Inés a pesar de que este se produce en el más allá, una vez que están los dos muertos y Don Juan ha de rendir cuentas ante Dios.

Antes de que el amante sevillano triunfara en la escena, Zorrilla ya había cosechado éxitos con obras de corte histórico como El zapatero y el rey (1840 y 1842), El puñal del godo (1843) o posteriores como Traidor, inconfeso y mártir (1849).

El primer estreno de Don Juan Tenorio fue un fracaso. El actor Carlos Latorre, en abril de 1844, le pidió a Zorrilla una obra  pero con la condición de que estuviera terminada en menos de un mes. Sólo tardó tres semana en escribirla y el 28 de marzo del mismo año, el propio Latorre, la estrenó en el escenario del Teatro de la Cruz. El personaje de Doña Inés lo hacía la actriz Bárbara Lamadrid, a la que achacaron parte del fracaso a pesar de ser una actriz muy considerada. La revista de la época El Laberinto calificó la obra de muy floja y criticó duramente los decorados y la disposición de la escena. Unos meses después, el 1 de noviembre de 1844, Carlos Latorre y José Lombía reestrenaron la obra en el Teatro del Príncipe con un extraordinario éxito. Desde entonces, la representación del Tenorio de Zorrilla sustituyó a la de No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, y Convidado de piedra, de Antonio de Zamora, que se representaba todas las noches de ánimas desde principios del siglo XVIII.

Unknown-2Hoy, la compañía Cecilio Pineda continúa llevando el testigo de la tradición con representaciones del Don Juan noviembre tras noviembre,  desde que el propio Cecilio comenzara a subirlo a los escenarios allá por el año 1928 y que luego será continuado por sus descendientes Juan Pedro Pineda, Julio Navarro Carbonell y Julio Navarro Albero, actual director de la compañía. Ya con su padre, este último, comenzó a representar a partir de 1989 el papel de Don Juan y que mantiene hasta la fecha. Pero el Tenorio de la compañía Cecilio Pineda es algo más que una representación que se extiende a los primeros días del mes de noviembre sobre el majestuoso escenario del teatro Romea. El reparto, además de la presencia de familiares de la saga de los Pineda, se convierte en una extraordinaria fiesta en la que, a lo largo de los años, han participado casi la totalidad de actores de la escena murciana, tanto aficionados como profesionales. Pero no es sólo eso, sino que entre cajas con la tramoya, la producción, la regiduría, el vestuario y los ayudantes, hay otro sinfín de participantes que convierten esta representación en un verdadero acontecimiento artístico y social donde, junto con el público, se dan cita los murcianos y vecinos de provincias cercanas que se acercan para asistir a la magia del Tenorio.

El espectáculo, que mantiene la tradición de la representación en  su estreno, al menos en los aspectos principales como son la escenografía del telón pintado, incluye algunas innovaciones y renovaciones que el tiempo ha ido incluyendo en la obra. Los espectadores asisten a algo más que ver la obra de Zorrilla sobre el escenario. Acude a una cita con la historia que le brindan sus vecinos en un acto de entrega artística que, año tras año, repite versos y escenas para el agrado de un público cada vez más numeroso.

 Unknown-3La escena de las apuestas entre Don Juan y Don Luis Mejía, otra de las aportaciones de la obra de Zorrilla, dibuja a un personaje canalla, vividor y mujeriego. Apuestan que el primero conquistará a la prometida de Luis Mejía, Doña Ana de Pantoja, además de conquistar a una novicia. Don Gonzalo de Ulloa, padre de doña Inés, que reside en un convento, y prometida de Don Juan, conocedor de la apuesta, retira el permiso para que se celebre el matrimonio. Don Juan la rapta del convento. Don Luis y don Gonzalo acuden a su casa, se enfrentan en duelo con él y acaban perdiendo la vida. A continuación Don Juan huye a Italia. En la segunda parte y después de cinco años, Don Juan regresa a Sevilla y visita el cementerio donde está, además de Don Luis y Don Gonzalo, Doña Inés, que murió de pena al conocer la muerte de su padre y, sobre todo, al saber que no podía estar con su amado Don Juan. Ella también hizo una apuesta, pero con Dios: Si consigue el arrepentimiento de Don Juan ambos se salvan pero si no, se condenarán. El espíritu de Don Gonzalo se le aparece a Don Juan para conducirlo al infierno y, al mismo tiempo, se le aparece el espíritu de doña Inés y le ruega que se arrepienta de todos sus pecados. Él se arrepiente y ella gana la apuesta, salvando con su amor a Don Juan, subiendo juntos al cielo rodeados de ángeles y cantos celestiales.

La obra tiene todos los ingredientes románticos puestos al servicio de la escena y del público: El amor con mayúsculas más allá de la muerte, venciendo todos los obstáculos para salvar al protagonista pecador y alcanzar el paraíso. Y como no, Doña Inés, la mujer romántica, que hace gala de su fortaleza a la hora de defender sus sentimientos y que, en espíritu y como una gran luchadora, se alza ganando en el juego del azar, rescatando a Don Juan de las oscuras garras de su oscuro destino.

 Hoy, mientras se leen estar notas, entre cajas los actores se miran con la tensión del personaje dibujando mariposas en el estómago. El público guarda silencio. Julio Navarro asiente con la cabeza y, como un susurro, se escucha: Comenzamos. Arriba el telón.

Fulgencio M. Lax (Dramaturgo)

27
Nov
17

Los caciques, de Carlos Arniches

23843330_10210692584131877_1687800064286573062_nLOS CACIQUES, de Carlos Arniches

Alquibla Teatro

Teatro Romea de Murcia,  25/11/2017

Notas de la compañía

Sobre nuestra adaptación.

Villalgancio, Castilla, 1932. Hace un año que se instituyó la II República española.

A la estación del pueblo llegan dos individuos con el fin de rehabilitar un amor perdido. Pero en ese pueblo se encontrarán con unas autoridades que viven en la corrupción y el cohecho. Alertados por un paisano, diputado en Madrid, los jerarcas esperan alarmados la visita de un delegado del gobierno que debe inspeccionar las cuentas del municipio. Por casualidad se cruza la presencia de los que vinieron por cuestiones de faldas con los que piensan que son enviados gubernamentales. Lo cual origina todo tipo de confusiones que dejarán en su lugar la conducta de unos y de otros.

Arniches enmarcó su obra en la corrupción moral y política de 1920, sin poder advertir que, casi un siglo después, determinados comportamientos se mantienen, aunque hayan cambiado las formas. El espectáculo trata de recuperar, sin perder el tratamiento satírico original, la crítica que se desprende de un medio como el mostrado por el autor alicantino.

César Oliva

Adaptación César Oliva

Música original Salvador Martínez Dirección Antonio Saura

Reparto:

Pepe Ojeda, vividor, galán maduro. JULIO NAVARRO. Alfredo, su sobrino, joven elegante. ALBERTO GARCÍA TORMO. Eduarda, señora de buen ver, esposa de don Régulo. ESPERANZA CLARES . Don Acisclo, alcalde. MANUEL LLAMAS. Cesárea, esposa de don Acisclo, mujer de mediana edad. LOLA MARTÍNEZ . Morrones, alguacil. PEDRO SANTOMERA. Cristina, joven, sobrina adoptiva de don Acisclo. NADIA CLAVEL. Justino Cazorla, Secretario del Ayuntamiento (Don Sabino). LUIS MARTÍNEZ ARASA. Don Régulo, cabo de la Guardia Civil (Perniles). MANUEL DE REYES. Don Sabino, médico rural. Manuel de Reyes Perniles, agricultor. Alberto García Tormo Garibaldi, revolucionario. Luis M. Arasa. Hombre 1. El auténtico delegado. Pedro Santomera Hombre 2. Secretario. Luis M. Arasa

Equipo técnico: Técnico de iluminación y sonido Rubén Pleguezuelos; Técnico de montaje y regiduría Benito Rubio; Escenografía Curlos Guerrero; Diseño de iluminación Antonio Saura; Vestuario Pespuntes; Ayudante de dirección Alba Saura

Ficha artística y técnica: Estructuras metálicas Cerrajería Polígono ; Diseño cartel Fernando Caride ; Fotografía promoción Rafa Márquez; Vídeo promocional Kron Audiovisuales; Asesoría laboral Guimen Asesores ; Prevención riesgos laborales Ibermutuamur Administración Antonio clases; Web Álvaro Imperial; Jefe Técnico Benito Rubio; Distribución Ana Belén García; Dirección de producción Esperanza Clares. Dirección de escena Antonio Saura.

Espectáculo producido por Alquibla Teatro, en coproducción con Teatros de Murcia (Teatro Romea de Murcia). Espectáculo subvencionado por INAEM. Ministerio de Cultura. Gobierno de España. Con la colaboración de Auditorios de Murcia. Con el apoyo del Instituto de las Industrias Culturales de la Región de Murcia. Compañía asociada a MurciaaEscena.

NOTAS PARA UN CAFÉ

Fulgencio M. Lax

Carlos Arniches es un autor relegado al costumbrismo literario que tuvo una importante presencia en la escena española durante los primeros años del siglo XX. Pero es un autor que la historia ha relegado a los libros de literatura, habiendo perdido el prestigio en la escena contemporanea, a pesar de que el Centro Dramático Nacional acogiera en octubre de 2015 otro estreno, también de Los caciques, por Siempre teatro, bajo la dirección de Ángel Fernández Montesinos y con versión del propio Montesinos y de Juanjo Seoane.

La obra El inspector general, de Nikolái Gógol, de 1836 sirve a Carlos Arniches de argumento para escribir Los caciques, que podríamos considerar esta obra como una adaptación a la cultura española del momento de la obra del autor ruso, más que una producción original del dramaturgo alicantino.

Sin renunciar al costumbrismo, César Oliva aligera el texto de los elementos más rancios y clasistas, fruto de las características de la época en que fue escrito. Con pequeñas pinceladas nos lo trae a los años 30 de la II República española y en la que los ayuntamientos que venían de la Dictadura de Primo de Rivera se habían caracterizado por un caciquismo extremo y un profundo estado de corrupción. La época sirve aquí como elemento distanciador que permite al espectador  de hoy una mirada atenta al espejo que la historia le pone delante.

El casting es un gran acierto y, en una función de estas características, donde lo grotesco coquetea con la realidad, los actores se convierten en un instrumento de viaje que va arrastrando a los espectadores desde la verdad corrupta del acontecimiento a una cierta situación cómica que el espectador reconoce como cercana. Así, los actores, en claves de comedia grotesca, construyen unos tipos que perfectamente pueden tener hoy su reflejo contemporáneo. Y este aspecto, unido al argumento, convierten a esta representación en ligero bisturí que entra de lleno en el seno de la sociedad española por uno de los canales más enfermos que tiene: La corrupción política.

El espacio escénico está tratado con bastante dinamismo y yo diría, además, que con bastante ingenio. El juego de un módulo central polivalente permite que la pluralidad de espacios no se convierta en una entrada y salida de elementos, facilitando así una escenotecnia al servicio de la acción y no del preciosimo escénico.

La concepción general del espectáculo renuncia a parte de la comicidad gratuita que las situaciones generadas pueden permitir,  pero también a un dramatismo flagelador. Se limita a correr la cortina del espejo ante el que se mira el patio de butacas. Desde mi punto de vista este es un gran acierto porque no deja un sólo rincón de los espectadores a los que llega el reflejo de ese espejo.

El espectáculo anterior de Alquibla teatro ha sido un texto de Shakespeare: Macbeth. Arniches no es Shakespeare ni Los caciques son Macbeth, pero Alquibla sí son los mismos y lo que une a estos dos espectáculos es el espíritu crítico, el rigor artístico en el concepto espectácular y un teatro que no le pierde la mirada al público.

14
Nov
17

Los que van a ninguna parte, de Fulgencio M. Lax

Los que van a ninguna parte. Cuarta obra del Ciclo del Teatro de los muertos.(Personajes: 2M y 2H)

Fulgencio M. Lax

Avanzamos por entre la maleza, por entre los campos abiertos, cruzando mares, atravesando desiertos y siempre acechados por peligrosas fieras que esperan su turno para devorarnos sin ningún tipo de piedad. Pero una ligera mirada a nuestro alrededor nos descubre que nunca nos hemos movido del mismo sitio. El tiempo y el espacio, con su aparente silencio, nos engañan una y otra vez hasta que la tierra se abre bajo nuestros pies, entonces desaparecemos o somos devorados. 

Personajes 

Mujer adulta.- Utiliza la voz para que su corazón no caiga en el abandono. Va cargada de tanto pasado que se le acabó el futuro de inmediato.

Mujer joven.- Hermosa, joven, sin pasado pero tampoco con futuro. En otra vida es posible que fuera la hoja seca de un frío otoño.

Espantapájaros.- Excepto sus amigos más íntimos, nadie conoce su profesión. Viste de un riguroso luto violáceo.
Obispo.- Un Obispo no puede ser otra cosa que un obispo.

(La extensa llanura de un oscuro país desemboca en la orilla de un extraño océano. Las olas, como cuerdas que recorren un violín, interpretan las notas de un viejo pentagrama. Al fondo una voz. Más al fondo otra. Luego el silencio. 

La música, que comienza con instrumentos de cuerda, termina con una fuerte y atronadora tormenta de percusión. Cuando el timón gira, el silencio cae como una losa inamovible y eterna. La Mujer adulta, con un hermoso vestido rojo, canta “Ciudades”.)

De nuevo un grupo de perdidos personajes que avanza por entre extensos campos de margaritas sin llegar a moverse del sitio. Son la avanzadilla de miles y miles de cadáveres que no saben que murieron y que apenas se movieron en el tiempo y en el espacio.

Esta es una constante en todos los textos del Ciclo del teatro de los muertos. Los personajes avanzan hacia ningún sitio. Se mueven entre la memoria, la nada y la realidad. Circulan perdidos en un laberinto formado tan sólo por los lugares hacian donde han mirado. Y mientras tanto mantienen viva la ilusión y la esperanza de llegar sin saber a donde van y, sin saber, que el futuro no existe para ellos.

05
Nov
17

La flor de los pétalos marchitos, de Fulgencio M. Lax

La flor de los pétalos marchitos  (3º parte del Ciclo de los muertos. 7H, 2M y un coro de maniquíes)

Fulgencio M. Lax

(En el filo de un abismo iluminado por los gritos de los que yacen bajo la tormenta, las aterciopeladas notas de un violonchelo en manos del Maestro se alzan como una columna de humo. El silencio galopa rompiendo los tímpanos de los más atentos y de nuevo el imparable tic-tac, tic-tac. Oscuro. Muy oscuro.) 


Niña.-
Mamá, mamá, yo no me quiero morir.
Madre.- Tranquila hija, no llores, que los niños no se mueren nunca, sólo se quedan dormidos.

(Todo se derrumba cuando un ejército rompe en la escena entonando su fantoche música de platillos y trompetas como si estuvieran en una gran ópera. El coronel encabeza la marcha, detrás el ejército de tierra, los tanques, las baterías y más atrás, mucho más atrás, todos los cadáveres pasados y futuros que siguen a la tropa.) 

9047615La flor de los pétalos marchitos es una obra en la que los personajes se sitúan en la frontera que separa la vida de la muerte. Una tierra  de nadie donde conviven los vivos con los muertos, el presente con los recuerdos y la memoria. Un juego de verbos para construir unos personajes perdidos y anclados en la angustia.

El entierro de una niña corta  de raíz toda posibilidad de futuro. La desesperación de una madre, la peligrosa trivialidad de un coronel que juega con la vida de los demás igual que toca un cornetín, la opresión tan agresiva de un sacerdote, la desprotección y miedo de un maestro, la inocencia de un joven soldado y un niño monaguillo formarán el cortejo que los dos sepultureros organizarán como funcionarios de la muerte.

Una geografía de personajes que, desde lo grotesco,  se mueven entre lo cómico y lo amargo, entre el dolor y la paz, trazando una fría sonrisa, incluso una carcajada sin eco para llenar un espacio vacío y eterno.

376011_2537951179735_359978227_nCon esta obra hablo del futuro, de la ingenuidad del futuro y de lo importante que es el conocimiento, enfrentado sobremanera a los terribles y sangrientos poderes del ejército, que luciendo brillos de hojalata sólo piensan en la victoria y en los desfiles, sin importarles para nada las vidas que se pierden asesinadas.  Luego está la iglesia que, sin ser llamada en ningún momento, aparece imponiendo una moral de hierro que contribuye a que todo cobre un descascarillado color de óxido. El soldado y el monaguillo, jóvenes promesas de la guerra y de la fe, se dan la mano. El problema es que el futuro no existe, apenas es una llama fugaz que pasa delante de nosotros son poderlo disfrutar. Una vez pasado quedamos quietos en un limbo de silencio sin saber muy bien qué dirección tomar, entonces viene la angustia, la soledad y el miedo.

Esta obra se estrenó en el Centro Párraga de Murcia el 9/12/2011

Coproducción entre La Ferroviaria y La Catterva

FICHA ARTÍSTICA

Actores
María Cobos Hidalgo
Allende García Ramírez
Nadia Clavel Pérez
José Carlos Villena
Luis López Visuara
Iván Cózar
Miguel Ángel López Jiménez

Director
Paco Macià

Ayudante de dirección
Eloisa Martinez

Escenografía
Ángel Haro




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