22
Abr
17

EL QUIJOTE. Homenaje.

(Fragmento del capítulo XXXII de la 2ª Parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.)

DE LA RESPUESTA QUE DIO DON QUIJOTE A SU REPREHENSOR, CON OTROS GRAVES Y GRACIOSOS SUCESOS

¡Válame Dios! –dando una gran voz, dijo a este instante el duque–. ¿Quién ha sido el que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha quitado dél la belleza que le alegraba, el donaire que le entretenía y la honestidad que le acreditaba?

¿Quién? –respondió don Quijote–. ¿Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos, y para dar luz y levantar los fechos de los malos. Perseguido me han encantadores, encantadores me persiguen y encantadores me persiguirán hasta dar conmigo y con mis altas caballerías en el profundo abismo del olvido; y en aquella parte me dañan y hieren donde veen que más lo siento, porque quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira, y el sol con que se alumbra, y el sustento con que se mantiene. Otras muchas veces lo he dicho, y ahora lo vuelvo a decir: que el caballero andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la sombra sin cuerpo de quien se cause.

No hay más que decir –dijo la duquesa–; pero si, con todo eso, hemos de dar crédito a la historia que del señor don Quijote de pocos días a esta parte ha salido a la luz del mundo, con general aplauso de las gentes, della se colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuesa merced ha visto a la señora Dulcinea, y que esta tal señora no es en el mundo, sino que es dama fantástica, que vuesa merced la engendró y parió en su entendimiento, y la pintó con todas aquellas gracias y perfeciones que quiso.

En eso hay mucho que decir –respondió don Quijote–. Dios sabe si hay Dulcinea o no [en] el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y éstas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son: hermosa, sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buenasangre resplandece y campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas humildemente nacidas.

Busqué los espacios que dibujan la geografía fronteriza del infinito, donde poder construir nuevas geometrías con vértices que apuntan en todas las direcciones. Sólo encontré un lugar en el que los cilindros se convierten en prismas, los prismas en cubos y los cubos en esferas, las esferas en mares, los mares en océanos y los océanos en profundos desiertos que se llenan de agua una y otra vez. Allí supe que habita la imaginación y la verdad, el sueño y la vigilia, la ficción y la realidad. Me tuve que adentrar por caminos que al momento eran transparentes y llenos de una luz cegadora, y otras veces se volvían oscuros e imposibles de atravesar. Vi profundidades llenas de diccionarios y gramáticas apiladas en lugares inaccesibles, escritas en lenguas de una extraña caligrafía. Pude escuchar palabras de amor que se iban vaciando al tiempo que cambiaban de color, como un arco iris que se va anillando sobre sus mismos círculos cada vez más pequeños. Las nubes apenas recortaban un trozo de cielo porque el otro era un profundo abismo que se iba convirtiendo en pasado a una velocidad incontrolable. Don Alonso Quijano, con la mirada fuerte y serena, sujetaba las riendas de todos los huracanes. Y gritaba a los vientos para que no torcieran los árboles, para que no arrastraran toda la arena que cegaba a las multitudes y las hacía irreconocibles. Porque las cosas -decía -da igual que sean o no ciertas. Si son hermosas, viven dentro de uno y son ese espacio infinito que nos llena de  luz y nos mantiene en ese lado del cielo que no es abismo y que avanza dejando atrás las oscuridades del pasado, lo demás no importa nada. Sólo así podremos llegar al futuro.

14
Abr
17

CIUDADANO. Conferencia de teatro documental

CIUDADANO. Conferencia de teatro documental.

Fulgencio M. Lax

A modo de prólogo.

Fulgencio M. Lax

Una dramaturgia de urgencia, una conferencia-teatro sobre la inmediatez histórica, una mirada como testigo directo de los acontecimientos socio políticos… Me encontraba trabajando en un artículo de cómo evoluciona la estructura dramática del texto teatral español desde antes de la guerra civil de 1936 a nuestros días, cuando se produce la huelga general española el pasado 14 de noviembre de 2012. Yo lo vi con mis propios ojos porque estuve allí, cara a cara con los policías. Y no vi a profesionales, seguro que alguno habría, sino que vi mucha adrenalina innecesaria, mucha rabia injustificada porque nadie, ningún manifestante, generó ningún tipo de violencia. Una violencia que sí se respiraba desde las filas de los antidisturbios y que, además, su actitud generaba, incluso yo diría con bastante intención. Sólo por poner un ejemplo: Tengo aún en la retina la imagen de una chica policía, con el casco puesto, la visera a medio bajar, los dientes apretados, los ojos saltones, casi inyectados en sangre y blandiendo la porra en una mano mientras que en la otra sostenía el escudo. La manifestación estaba a más de veinte o treinta metros. Yo me acerqué porque no podía creer lo que estaba viendo y, vaya si lo vi. Aún hoy, después de haber pasado el tiempo, no puede salir de mi asombro. En esos días cayó en mis manos el Informe sobre La Actuación policial en las manifestaciones en la Unión Europea que presentó Amnistía Internacional en Octubre de 2012. ¿Tenemos conocimiento de que en toda la Unión Europea (UE) se pide a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que mantengan el orden público durante las manifestaciones? Sin embargo, sus métodos no siempre cumplen las normas internacionales. En muchos casos los agentes han golpeado reiteradamente con porras a manifestantes pacíficos, incluso en la cabeza y el cuello, causándoles lesiones graves. A pesar de los llamamientos que se han hecho a las autoridades, estas violaciones de derechos humanos persisten. Ha habido frecuentes denuncias del uso excesivo de la fuerza y malos tratos cometidos por funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, incluso a pesar de que la mayoría de los participantes estaban ejerciendo pacíficamente su derecho de reunión. En muchos de estos casos, las investigaciones criminales de las denuncias presentadas contra los agentes, presuntamente responsables de las violaciones de derechos humanos, no han sido exhaustivas, imparciales ni efectivas, y en otros, ni siquiera se ha abierto una investigación. Y aquí es donde empieza a fallar el sistema democrático,  porque los gobiernos, este gobierno, genera una pregunta de fácil respuesta pero que nadie está dispuesto a dar: ¿Para quién gobierna un gobierno? Bueno, hay más preguntas pero sería muy larga la serie. Sólo voy a hacer una más. ¿Por qué militarizar una represión a los ciudadanos cuando están reclamando unos mínimos de supervivencia en el marco de una reivindicación justa? Las respuestas están en la mente de todos y esa respuesta obliga a que la represión sea brutal, aunque ellos –ellos, repito -pensarán en el adjetivo “ejemplar”. Hay vídeos, fotografías, artículos de prensa y testimonios que indican que la policía hizo reiteradamente uso excesivo de la fuerza durante las manifestaciones contra las medidas de austeridad organizadas en Grecia. También en el caso de España hay vídeos grabados en Barcelona, en Madrid, en Valencia, en casi todas las ciudades de España, que muestran a agentes de policía cargando con porras y disparando balas de goma o de impacto reiteradamente contra manifestantes que no parecen representar ninguna amenaza para los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley ni para otras personas.

Y así me puse a escribir el texto CIUDADANO. Con un título cargado de historia y de romanticismo y que, hoy, se está sustituyendo por el de ESCLAVO, un título también con historia pero con una historia terrible y nada romántica. La forma de esclavitud de los siglos  XVIII y XIX no podría manifestarse de la misma forma en el siglo XXI. Ahora todo es más sutil, más aséptico. El sistema, amparado por los gobiernos, ha trasladado el concepto de esclavo a la forma de pensar del ciudadano y por eso no tenemos la sensación de serlo pero, socio-económicamente y en cuanto a las libertades, la población situada en la franja que abarca de la clase media hacia abajo, lo somos cada vez más. Y no esclavos de la vida o de las formas o de lo que sea, sino de personas con nombres y apellidos que determinan y controlan el sistema. Por eso, cuando queremos salir de ese entramado, nos mandan a la policía cargando brutalmente contra nosotros, que somos los esclavos que se sublevan. El sistema se salta las normas que él mismo ha establecido para estos casos.  El derecho internacional permite la restricción del derecho a la libertad de reunión pacífica si se hace con un fin ilegítimo, como en interés de la seguridad o del orden público, para proteger la salud o la moral pública o los derechos y libertades de los demás. La restricción ha de ser proporcionada y necesaria para tal fin. En relación con el uso de la fuerza en las operaciones de vigilancia policial de reuniones, el artículo 3 del Código de Conducta de la ONU para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley establece que éstos “podrán usar la fuerza sólo cuando sea estrictamente necesario y en la medida que lo requiera el desempeño de sus tareas”. Si el uso de la fuerza es inevitable, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley deben emplearla con moderación.

El Código de Conducta de la ONU para Funcionarios Encargados de hacer cumplir la Ley y los Principios básicos de la ONU ha de regir todas las operaciones antes, durante y después de las manifestaciones. Las reuniones públicas y pacíficas son un derecho y no deben ser consideradas como el enemigo.  Todos los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que participen en la vigilancia de las reuniones deben entender perfectamente que su tarea es esta.

Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley evitarán recurrir a la fuerza en las operaciones de control de reuniones ilegales pero no violentas. Si es inevitable hacerlo, porque deben, por ejemplo, garantizar su seguridad y la de otras personas, tienen que utilizar la mínima fuerza necesaria y respetar los Principios Básicos de la ONU. Deben proteger la celebración de las reuniones públicas pacíficas, incluso  contra grupos más pequeños o individuos violentos. En cambio la represión es contra todos. Incluso contra los no violentos más porque “nos dejamos”.  Cuando una pequeña minoría intente convertir una reunión pacífica en una concentración violenta, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley deben proteger a los manifestantes pacíficos, no utilizar los actos violentos de la minoría como pretexto para restringir o impedir el ejercicio de derechos fundamentales de la mayoría. Pero esto no es así. De ninguna de las maneras es así. Ni tan siquiera después de las agresiones se rinden cuentas a los ciudadanos ni al poder judicial de estas operaciones. A pesar de que “El uso de la fuerza en una reunión pública debe ser siempre objeto de examen y, si corresponde, de investigación y de sanción disciplinaria o penal.” Por eso siempre ha de poder identificarse a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley durante las operaciones de orden público.

Y así termino esta intervención, con la certidumbre de estar al servicio de una enorme dictadura financiera cuyo brazo armado son los gobiernos y con el convencimiento de que esta situación que vivimos hoy, en el siglo XXI, hace tan sólo unas décadas hubiera dado lugar a una guerra con tanta sangre como angustia vivimos hoy.

30
Mar
17

AL PASO ALEGRE DE LA PAZ, de Fulgencio M. Lax (fragmento)

AL PASO ALEGRE DE LA PAZ, de Fulgencio M. Lax (fragmento) -Registro de la propiedad a nombre del autor.

27 de septiembre de 1975, últimos fusilados franquistas. Uno más de los dolorosos y terribles episodios de nuestra reciente historia.

Personajes.

(Los nombres están escogidos al azar y es posible que exista algún parecido con personajes de la realidad, pero es tan sólo una coincidencia con la que juega la ficción.)

Francisco F. (FF)…………. Dictador

Carmen P.  ………….…….. Esposa del dictador

Obispo …………………….. Obispo

Juan C.  ……….…………… Príncipe

Carlos A.  …….……………. Presidente del gobierno

El Chache.- Nombre artístico del torero malagueño Antonio Romero Muñoz. Tuerto y cojo a causa de una terrible cornada. Ronca por las mañanas las canciones de la patria y, por la tarde, es un jabato con la muleta y el estoque.

(FF y su esposa están en sendos reclinatorios, ambos visten ropa de estar por casa –batín, zapatillas, etc. Los demás ocupan un lugar en la escena como figuras sacadas de un cuadro de Goya. El Chache se lanza valiente y aguerrido, con la música de la muerte, a realizar el paseíllo.)

EL CHACHE.-  Señoras, señores, señoritas, señoritos, niños, niñas, perros, perritas. ¿Han dejado entrar a alguna perra en el teatro? ¿Y a alguna perrita? MMMMMM. Mi nombre es Antonio Romero Muñoz: El Chache. Torero insigne de las plazas de España, sufridor de cornadas y su más fiel servidor. Sirvo aquí y a usted, aquí y a usted señora. ¿Le dije alguna vez las noches infinitas que pasé soñando con nuestros momentos secretos? ¿Le ha hablado ya a su marido de mí? ¿Quiere que lo haga yo o prefiere mantener nuestra relación de alcoba en secreto? Lo sabía. El secreto, siempre elegimos el secreto. Sirvo humildemente a todos ustedes. Ja, ja, ja. ¿Humildemente? MMMMMM Bla, bla, bla, bla. Humildemente, bondadosamente, denodadamente, amablemente, honorablemente, humildemente… ¿Repetí la palabra humildemente? Ufff, me cansé. Ya me cansé. Les voy a contar una historia. La historia triste de mi vida. Es posible que reconozcan a algunos personajes y los confundan con la realidad. Tan sólo es fruto de la casualidad casual de una historia increíble, que por increíble que parezca sigue siendo increíblemente increíble. Y terrible.

Este de aquí es Paco. De pequeño le decían Paquito. Una prima suya le decía Paquillo el tontillo, pero eran cosas del lenguaje y ella murió pronto de un golpe de mar. Luego fue Francisco,  F. de apellido: FF, SS, AA, MM, PP. Las letras se acompañan como las parejas de la guardia civil ante tanta soledad. Esta es Carmencita. Las lenguas más viperinas le llamaron la collares de hermosos collares. Ella nunca supo por qué. ¿Por qué? Siempre la terrible pregunta ¿Por qué? ¿Por qué esto? ¿Por qué aquello? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Ya basta! Este de aquí es un príncipe. Podría ser cualquiera porque un príncipe puede ser cualquiera porque a los príncipes los elige el pueblo democráticamente ¿O no? Bueno, excepto a los príncipes de los cuentos, que aparecen de pronto en una página porque sí, pero como los príncipes de los cuentos son príncipes de mentira… MMMMMMMM. ¡La mentira! ¡Fascinante! ¿Este es un príncipe de mentira? ¿De un cuento de miedo? El secreto, el miedo, la mentira… ¡Que levante la mano quien diga siempre mentiras! ¡Que levante la mano quien diga siempre la verdad! Lo sabía. Siempre gana el miedo. ¿Quién no tiene miedo al Tío del saco? ¿Y al saco del Tío? ¿Y al Tío que no es ni tío ni lleva saco sino una pluma para firmar sentencias de muerte? (Como firmando.) Esta la firmo, esta no, esta la firmo, esta no, esta la firmo, esta no. Ya me cansé de firmar. Que hoy los maten a todos. ¡Que les corten la cabeza! Aquí, a mi lado, está Don Carlos, carnicero de carne para carnívoros que comen carne. Carne de comer y no de pecar. El pecado, el pecado y mil veces el pecado. Yo sueño en el pecado con señoritas, con señoritos, con mujeres altas y con mujeres bajas, gordas, delgadas, hermosos y hermosas bolsas de carne y pecado. Sueño con ser un gran pecador. Voy a dormir un poco. ¡Perdón, lo olvidaba! Aquí está la Santa Madre Iglesia, con sus dorados y tafetanes. ¿Qué llevan debajo de la falda? ¿Y dentro de la cabeza? ¿A ver, a ver? ¡Vaya, vaya! cuánta coincidencia. También iba a enseñarles a unos muchachos acribillados a tiros, con la sangre, con su dolor, la madrugada, los fusiles, sus madres, pero eso es tan trágico que es mejor no enseñarlo. Es mejor dormirlo debajo de la muleta que todo lo esconde. De esta muleta nueva que es increíblemente nueva. Sólo si gritan mucho los dejaré salir.

(El Chache, con la muleta y el estoque en una mano y con la otra cogiendo unos documentos, lee en voz alta.)

EL CHACHE.- Los representantes legales de los siguientes condenados a la pena máxima por actividad terrorista contra el Estado, piden clemencia y conmutación de la pena, de acuerdo con la legislación vigente y que a continuación detallo: José Antonio Garmendia Artola

FF.- Que lo indulten.

EL CHACHE.- Ángel Otaegui Etxebarría.

FF.- Que lo fusilen. Que lo fusilen.

OBISPO.- Espíritu cristiano, su Excelencia.  Espíritu cristiano.

CARLOS.- Su Excelencia el Generalísimo actúa siempre con espíritu cristiano.

CARMEN.- La ley del Talión es la expresión máxima de nuestro espíritu cristiano.

FF.- Continúa, continúa.

EL CHACHE.- Juan Paredes Manot.

CARMEN.- Que lo fusilen. Perdón, Paco.

FF.- Que lo fusilen.

EL CHACHE.- Manuel Blanco Chivite.

FF.- Que lo indulten.

EL CHACHE.- José Humberto Baena.

FF.- Que lo fusilen.

CARMEN.- Muy bien, Paco.

EL CHACHE.- Vladimiro Fernández Tovar.

FF.- Que lo indulten.

EL CHACHE.- Ramón García Sanz.

FF.- Que lo fusilen

EL CHACHE.- Concepción Tristán López.

FF.- Que la indulten.

EL CHACHE.- José Luis Sánchez Bravo.

FF.- Uff. Qué cansado es esto. Que lo fusilen.

EL CHACHE.- María Jesús Dasca Penelas.

FF.- Que la indulten.

EL CHACHE.- Manuel Cañaveras García.

FF.- Que lo maten. Bueno, no, a este no. ¿O sí? Que lo indulten, que si no vamos a estar toda la mañana metidos en faena.

EL CHACHE.- (Saliéndose del papel de secretario.) Que nadie mire cómo da vueltas la bola de la ruleta de la suerte, de la fortuna. La ruleta rusa ¿A alguien le quedan más balas?   Que lo indulten, que lo fusilen, que lo indulten, que lo fusilen, que lo indulten, que lo fusilen. ¡Que suene el clarín! (A lo lejos suena un clarín torcido y El Chache se prepara para recibir al toro en puerta gayola.) Ha salido el 27 negro, recojan fichas y nueva partida.

OBISPO.-  Podéis ir en paz.

TODOS.- Demos gracias a Dios.

15
Ene
17

Es tiempo de releer a los clásicos, de Fulgencio M. Lax

Es tiempo de releer a los clásicos
Fulgencio M. Lax
Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia
Dramaturgo.

                                                        Juzguemos a los muertos  con arreglo a los vivos (Azorín)

(Primer epígrafe del artículo publicado en Turín, José  y Antón, Fina eds. (2016): Es tiempo de… Edita Universitas  Miguel Hernández de Elche, Istanbul Gelisim Üniversitesi y Universidad de Valencia. Diego Marín editor. Murcia. Págs. 222-241)      

1.- Introducción

Los primeros años de este tercer milenio se caracterizan por los cambios tan profundos que se están materializando en el seno de nuestra sociedad y que tienen su origen en la segunda mitad del siglo XX.  La revolución que ha experimentado la comunicación se ha convertido en el eje impulsor de una amplia transformación en las relaciones sociales, laborales, económicas, culturales incluso amatorias, y aventura el nacimiento de un hombre nuevo capaz de ser protagonista de una continua renovación que, además, se produce a una velocidad trepidante.

Estamos en un tiempo de crisis, de cambio en los sistemas de relación y de reafirmación y, por consiguiente, también estamos en tiempo de regeneración de la forma en la que percibimos las tradiciones para poder mirar hacia el futuro entendiendo, con claridad y hasta donde sea posible, el presente.

Esta mirada renovada al entorno social también exige nuevas formas, nuevas maneras de abordar la realidad  que nos envuelve. Anton Chejov cerraba el siglo XIX pidiendo, en su obra La gaviota, un cambio importante porque el entorno se había envejecido de tal forma que ya no daba respuesta al hombre contemporáneo: <<Trepliov.- Hacen falta formas nuevas. Nuevas formas hacen falta; y si no se encuentran, mejor es nada.>> (Acto I) A pesar de la distancia de las palabras de Chejov, esta conciencia es una característica de nuestro tiempo y genera una evolución donde muchos de los cambios se diluyen en el propio proceso y son sustituidos por otros sin dar tiempo apenas a asimilar aquellos que ya desaparecen.

Somos hijos de la historia, dependientes del resultado de una suma de acontecimientos que constituyen el devenir, como un calendario colgado de la pared que nos va indicando los estadios del proceso evolutivo en el que estamos inmersos.  El ámbito del arte y de la cultura se muestran como espacios fundamentales de arraigo y proyección a la vez. En este aspecto juega un papel muy importante el protagonismo que los clásicos desempeñan en nuestro crecimiento. Con ellos nos preguntamos ¿Cómo impacta la tradición en esta nueva manera de presentarse el mundo que nos aborda y del que somos participantes activos y pasivos a la vez? Si entendemos que los clásicos son la estela más brillante que une el presente con el pasado y que viajan en el tiempo a través de nuestra tradición cultural, ¿de qué forma nos hacen reconocible el lugar que ocupamos en la historia? Saint-Beuve (2013, p. 35), al finalizar su ensayo ¿Qué es un clásico?,  responde buscando la mirada crítica y amable del hombre con su entorno:

En suma, bien sea Horacio o algún otro, cualquiera que sea el autor que prefiramos y que refleje nuestros propios pensamientos en toda su riqueza y madurez, reclamaremos a alguno de esos buenos y antiguos espíritus una conversación inacabable, una amistad que no decepcione, que jamás nos falle; y esa impresión habitual de serenidad y de amenidad que nos reconcilia, y que tanto necesitamos, con la humanidad y con nosotros mismos.

Italo Calvino (2013, p. 46) se expresa en la misma dirección, buscando los espacios de conocimiento que nos ayuden a reconocernos en una época determinada: <<los clásicos sirven para entender quiénes somos y adonde hemos llegado.>>

Pero la palabra “clásico” tiene un espectro mucho más amplio, donde influyen distintos significados que se actualizan en virtud de los diferentes contextos en los que suele utilizarse. Ya sea como autor modelo, véase Virgilio, Dante, Cervantes,  Shakespeare, Goya, Beethoven, Picasso, etc; bien exponiendo solamente las obras; bien como referencia a las culturas griega y latina; bien haciendo referencia a connotaciones de carácter negativo como algo caduco y pasado; o bien destacando aquellas obras que conservan aún su actualidad dinámica después de haber mantenido una tensión dialéctica con la historia. Aquellas que hoy, como resultado acumulativo de lecturas, hablan del hombre en el proceso de construcción del mundo de hoy. Aquellas que la historia no ha relegado al espacio mostrativo y documental de uno o varios periodos y mantienen vivo el discurso renovador.

15
Nov
16

La clase muerta, de Tadeusz Cantor (Murcia/1984). Semblanza de un recuerdo.

kantorLa clase muerta, de Tadeusz Kantor. (1984) Semblanza de un recuerdo

Fulgencio M. Lax

Pequeños retazos de la memoria

Desde hace muchos años tengo la costumbre de escribir sobre casi todo lo que veo y todo lo que leo. Son pequeñas notas en las que recojo ligeras impresiones para dejar fijado en el tiempo unas sensaciones que sólo sería capaz de recuperar o de reconocer haciendo uso de la memoria.

En 1984 la compañía polaca Cricot 2 dirigida por Tadeusz Kantor, representó en Murcia La clase muerta sobre las tablas del teatro Romea. Inmediatamente me di cuenta del privilegio que suponía el haber asistido a ese espectáculo. De aquel año no he encontrado muchas notas manuscritas en aquellas libretas de anillas que utilizaba. Todo me aparece de una forma muy desordenada pero entonces, tal y cómo lo recuerdo, me parecía que lo tenía perfectamente clasificado y preparado para identificar los documentos al instante. El tiempo me ha desmentido por completo.

Ahora, 34 años después de 1984, me es imposible localizar aquellas notas que había escrito en una cafetería que estaba junto a lo que era la Casa de la Cultura y que hoy es el Museo Arqueológico. Allí, mientras esperaba a una amiga, recuerdo haber tomado unos apuntes sobre la impresión que me produjo La clase muerta. No he encontrado esas notas, ni las que seguramente también tomé de Wielopole, Wielopole, que pude ver en el Mercado de las flores, en Barcelona, unos años después (como otras tantas que se habrán perdido entre carpetas llenas de papeles), pero sí que he encontrado algunas anotaciones que me parecen curiosas y que aquí recojo.

1989, La loca de Chaillot, de Guiraldoux, con Amparo Rivelles. En un lateral anotaba: “El color no existe en la memoria. Imprescindible no perder de vista a Kantor. Revisar notas”. Junto a unas anotaciones sobre El poder de la mandrágora, de Peter Shaffer, también del 89 e interpretada por Amparo Baró, escribí: “Estoy cansado de personajes que no existen en ningún sitio, ni en la realidad ni en la ficción. La memoria es el único refugio donde podemos escondernos. Vamos y venimos cada vez más cargados hasta que dejamos que el tiempo nos convierta en memoria. Kantor lo explica muy bien en La CM”. En 1990, cuando fallece Tadeusz Kantor, anoté lo siguiente: “Brecht, Beckett y Kantor, y podremos entender el siglo XX de Occidente”. Y entre paréntesis escribía (Y Chejov y Cervantes y Cervantes y Cervantes.) Luego ya sólo encuentro apuntes para mis clases y poco más, hasta que reaparece con fuerza en mi dramaturgia, sobre todo en las obras que pertenecen al Ciclo de la muerte (La canción de los hombres muertos, El campo de los silencios, La flor de los pétalos marchitos y Los que van a ninguna parte y, fuera del ciclo Piedras). La madre y los gemelos en La canción de los hombres muertos no dejan lugar a dudas de su origen. No es que hubiera desaparecido a lo largo de los años desde aquel 1983, pero el poder de la palabra y del universo beckettiano ha sido protagonista de gran parte de mis textos.

Hasta aquí la semblanza de anotaciones sueltas. Ahora voy a intentar reconstruir algunos aspectos que sí tengo claro que me impactaron cuando vi representada La clase muerta y lo que significó para mí ese espectáculo.

Recuerdo que lo vi en la platea del teatro Romea de Murcia. No dejo de escuchar a otros que también lo vieron en esa función, decir que asistió muy poca gente pero, si yo lo vi desde la platea sería porque el patio de butacas estaría lleno. Bueno, esto es sólo un dato menor.

Tengo que comenzar diciendo que a esa función me iba a acompañar una amiga y que desistió a última hora porque “cómo iba a ir ella a ver una obra en polaco si no hablaba polaco”. Reconozco que me senté en la butaca con ese recelo, pero pronto desapareció esa inquietud. La fuerza plástica me atrapó de inmediato: A la derecha había unas tablas en el suelo sobre las que se instalaban unos viejos pupitres. A la izquierda había una especie de atril. Hay que decir que el escenario del teatro Romea es uno de los más grandes de España y, si bien tiene todos los recursos para hacer un aforamiento perfecto, no todos los espectáculos admiten ser aforados en un espacio tan grande. Esto lo digo porque en otros vídeos y fotos que he visto del espectáculo los pupitres están más al centro. Luego supe que no se concibió como un espectáculo a la italiana y que una de las características más destacadas era la cercanía del público y como consecuencia los actores se encontraban siempre en un primer plano de representación.

Rápidamente el problema de la lengua dejó de ser un problema para desaparecer por completo de mi atención. El contraste de la edad de los personajes y de los actores y su caracterización me llevó de la mano hasta Beckett. Los movimientos quebrados y redundantes sin un aparente objetivo dramático; la música que marcaba el ritmo de la escena casi a modo operístico; aquellos personajes que eran muñecos de carne y hueso -Ese extraordinario universo de la marioneta; la presencia del director sobre el escenario marcando y haciendo indicaciones a los propios actores, a los que sacaba del personaje para ser actores y ser devueltos nuevamente al universo dramático. Aquel final del personaje cayendo con la bandera y que Kantor hizo repetir varias veces hasta que quedó satisfecho. La ilusión se rompía a cada momento por lo que era imposible abandonarse a la trama de los acontecimientos de la ficción y uno estaba obligado a estar alerta todo el tiempo. Aquello era muy extraño, al menos para mí cuya experiencia teatral era muy corta y estaba instalado en lo correcto y en lo previsible. Pero todo esto son recuerdos puntuales intoxicados, seguramente, por la teoría y mis estudios posteriores.

Voy a saltar a las sensaciones. Lo que recuerdo como una nebulosa y como algo verdaderamente singular es que aquello me pareció muy extraño y esa extrañeza fue la que me envolvió. De entre todo aquello tan misterioso y singular quiero destacar el color que se instaló en mi memoria. El blanco y negro y la extensa gama de grises que recorría el espectáculo. Desde el vestuario y la caracterización hasta el gris de esas maderas envejecidas. ¿De qué color es la memoria? ¿Y el olvido? ¿Y la muerte? Mirando hacia atrás en mi dramaturgia veo que la respuesta a estas preguntas, que se formaron aquella noche, es algo que he ido buscando en cada uno de los rincones de mis textos.

Ya entonces no me podía sustraer a la historia social que rodea a los fenómenos artísticos. Vi a unos personajes luchando contra el olvido pero desde el dolor terrorífico de la muerte ¡Pero es que son polacos! ¿Y qué ha pasado en Polonia, en la infancia de Kantor, en su juventud, en su madurez? Con el tiempo fui poniendo significado y objetividad a la explosión de sensaciones que experimenté esa noche y que no se repitieron cuando años después vi Wielopole, Wielopole en Barcelona. Allí no me cogió por sorpresa, sabía lo que iba a ver y, aunque mi fascinación por Kantor salió reforzada, fue una experiencia más intelectual que emocional.

Hasta ese momento en el que vi La clase muerta yo había escrito sólo una obra de teatro titulada El pentagrama de las lágrima y que no había leído nadie (También había escrito numerosos poemas, pero eso no cuenta en este momento.) No sólo la guardé en un cajón y la silencié para siempre (En el año 2000 –creo- quemé muchos de estos textos a modo de liberación, junto con poemas de una dolorosa y común adolescencia), sino que no volví a acercarme a la escritura teatral hasta algunos años después y sólo cuando tuve clara la solidez de lo que quería escribir, otra cosa es que los demás lo vieran así. Detrás de aquel Oliverio, un héroe cruzando el parque, primer texto del Ciclo del desierto, con el que arranca este periodo, está Samuel Beckett y, al menos en mi conciencia, Kantor.

Hoy podría hablar de lo que ha supuesto Kantor en mi trabajo artístico, pero mejor que yo hablan mis obras y es a través de ellas desde donde se puede vislumbrar la presencia de todos los que me acompañan en este viaje.

Murcia, 6 de noviembre de 2016

04
Nov
16

Historiedad.com

HISTORIEDAD.COM 

Fulgencio M. Lax

Martínez Lax, Fulgencio (2013). Historiedad. com, en Revista Primer acto, nro. 344, Madrid. Págs. 34 y 35.

Los tiempos para un artista siempre son difíciles. Pero lo son aún más cuando, como observador, el autor toma conciencia de los acontecimientos que ocurren a su alrededor y se establece un vínculo directo entre la obra y la realidad, sin filtros estéticos entre lo personal ideológico y el entorno social.

Hoy, está cobrando un especial protagonismo el hombre depredador frente al hombre como ser social. Los límites en los que los gobiernos y los poderes financieros han colocado al individuo rebasan todas las fronteras de la dignidad.

Mirando hacia atrás y realizando un ejercicio crítico sobre mi producción dramática, observo que siempre he escrito desde la dificultad, porque los impulsos han venido de la contrariedad y de la perplejidad que me produce ver, en directo, como una sociedad se ve afectada por un intenso proceso de destrucción. Como observador e intérprete a la vez, intento focalizar el mundo en mi universo dramático. Pero también soy consciente de mi papel como testigo privilegiado de los acontecimientos que me ha tocado vivir en cualquiera de sus facetas, incluso en la forma en la que percibo la realidad y su relación con la Historia.

Teniendo en cuenta que cada época tiene su verdad, en mi obra intento acercarme todo lo que puedo a la de hoy, a la más inmediata, a la generacional. Aquí es donde surge el conflicto al que me veo sometido, pues no logro vislumbrar una verdad que sustente unos principios claros de libertad y de justicia, y tan sólo asoman aquellos caminos que convierten al hombre en un esclavo contemporáneo. Esta es una línea que recorre, transversalmente, mi trabajo dramatúrgico.

Todo esto me lleva a buscar espacios y construir significados propios en el hombre, más allá de aquellos que proponen los poderes establecidos –cada vez más ocultos-, que presionan para convertirnos en una sociedad sometida.

Hasta finalizar el CICLO DEL TEATRO DE LA MUERTE (La canción de los hombres muertos, El campo de los silencios, La flor de los pétalos marchitos y Los que no van a ninguna parte) mis personajes se han caracterizado por haberse rendido al destino y estar atrapados en un bucle espacio-temporal en el que destaca el miedo, la incertidumbre, el vértigo y la desubicación. Son personajes desvalidos, indefensos, a merced de un mundo que no son capaces de identificar, con una clara influencia del existencialismo beckettiano. Pero el profundo y terrible cambio al que se está sometiendo a nuestra sociedad también ha marcado un cambio en mi dramaturgia. Un cambio que añade una dificultad más o intensifica otra ya existente: No dar la espalda a la realidad y a su relación dialéctica con la Historia. A partir de los últimos textos del ciclo de LA VIOLENCIA (016, ejercicio fallido para mujeres y Ciudadano, conferencia de un teatro documental) o los correspondientes al ciclo MEMORIA DE UN FUSILAMIENTO (La noche más larga, Al paso alegre de la paz y Por la patria) mis personajes, sin entrar en cuestiones argumentales, empiezan a convertirse en protagonistas de su destino, porque tienen conciencia de la realidad en la que viven y toman decisiones que afectan a su futuro. Establecen una relación directa con los hechos, con la realidad, con la Historia y con las consecuencias de su actuación. No son sujetos pasivos en los acontecimientos. Lo peor de todo es que, el elemento común entre unos y otros, es que siguen siendo víctimas. Los primeros son personajes rendidos, los segundos se mueven en un universo dramático de lucha. Y eso es lo que veo cuando me asomo a mi ventana y miro al mundo: Ciudadanos que pelean por no ser sometidos a un estado de esclavitud, por recuperar una dignidad y una justicia que se va perdiendo a una velocidad de vértigo, si es que alguna vez la hemos tenido y no ha sido un espejismo. La actualidad, el acontecimiento y la realidad e inmediatez del mismo cobran un especial protagonismo en estos trabajos. En 016, ejercicio fallido para mujeres, el universo de los personajes es la violencia de género, uno de los problemas más acuciantes que ataca un principio básico de la convivencia: El respeto. Pero además, es una relación donde destaca la humillación y el sometimiento de una de las partes a la otra. En Ciudadano, los personajes también se mueven en el ámbito de la violencia, pero esta vez la que ejerce legalmente el Estado a la hora de reprimir la expresión pública de protesta de los ciudadanos, de tal manera que se produce una paradoja: Los agresores están amparados por la ley y las víctimas son sujetos que se sitúan en la ilegalidad. Las obras que se incluyen en el ciclo Memoria de un fusilamiento son el comienzo de una línea dramatúrgica que proyectaré hacia el futuro y que tiene que ver con la Memoria histórica. Cuando se produjeron los últimos fusilamientos franquistas, unos meses antes de la muerte del dictador, yo tenía 14 años. He intentado actualizar aquellas sensaciones, cuando toda España se vio convulsionada por aquel final tan desolador. Este trabajo es un granito pequeño que se suma a la recuperación de la memoria reciente de un país que tiene grandes lagunas. Es la expresión personal de mi compromiso artístico y moral con una población que fue invadida, humillada y sometida a procesos de exterminio. No caer en el olvido para una sociedad, que tiene nombres y apellidos, es un acto de justicia. Y sobre esa transparencia histórica es donde quiero construir mi futuro y también es hacia donde apuntan mis nuevos proyectos dramatúrgicos.

El deterioro social avanza demasiado rápido. Por eso el teatro, como uno de los mecanismos de expresión social más potentes, que ha ido llevando al hombre de la mano a lo largo de los tiempos, también ha de ser rápido y contundente en su respuesta, aunque sea desde la observación dialéctica de la Historia.

30
Oct
16

EL VENDEDOR, de Fulgencio M. Lax. Anotaciones generales

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EL VENDEDOR, de Fulgencio M. Lax. Anotaciones generales.

Compañía: Trama teatro.

Dirección: Pepa Castillo.

Codirección: Emilio Manzano.

Intérpretes: Laura Miralles, Pedro Santomera y Javi Mula.

Estreno: 09/11/2016. Teatro Romea de Murcia

Esta obra, junto con El puesto, que se estrenó en el año 2003, se escribe con la guerra de los Balcanes de fondo, cuando se desmembró la antigua Yugoslavia. En ambas obras la perplejidad y la incertidumbre caracterizan a unos personajes que no se reconocen a sí mismos, ni tan siquiera el espacio y el tiempo que ocupan ahora, a pesar de haberlo estado  ocupándolo a lo largo de su vida.

            En El vendedor nos vamos a encontrar a una familia, núcleo de sostenibilidad de una comunidad, totalmente destrozada pero intentando mantener un orden en medio de ruinas y escombros. En su casa, de forma fortuita e inexplicable, aparece un vendedor de seguros, al que le cambiaron las calles y los horarios sin que él se diera cuenta. El cabeza de familia es un funcionario que trabaja como francotirador para el Estado. La mujer es una neurocirujana con el síndrome de parkinson que ya no ejerce, fuma opio y colabora en las tareas administrativas al servicio de su marido.

            La presencia de francotiradores servios llevó a nombrar una calle en Sarajevo como la Avenida de los Francotiradores. Una terrible circunstancia que venía a sumarse a los desastres del conflicto y que paralizaba aún más la vida en las calles, llenándolas de cadáveres y de miedo. Y todo con la incapacidad de unas instituciones nacionales e internacionales que asistían, impasibles en algunos casos, a la aniquilación sistemática de la población.

            Todo ello en el marco de una estética del absurdo deudora, sobre todo, de esa ruptura semántica que nos propone Samuel Beckett y que abre el camino a la comedia amarga. Ni tragedia ni comedia, ni llanto ni risa sino una fina línea donde el personaje sobrevive en un aparente y divertido discurso, dejando asomar al fondo la sonrisa ensangrentada  de un terrible destino.

            La ficción dramática nunca alcanzará a representar en su totalidad lo espantoso de la realidad de un conflicto bélico, pero sí he querido expresar el miedo, el desconcierto y el desconsuelo infinito que generan estos horribles acontecimientos en la población. Al respecto soy consciente de que escribo desde la tranquilidad de mi escritorio, desde el bienestar de mi familia y desde la paz de la ciudad en la que vivo. Pero también desde un alma rota que no puede entender ni aceptar la razón de estas sinrazones.

            Con El puesto abordaba esta guerra desde el conflicto civil. Con El vendedor he intentado acercarme a la impasibilidad de los estados que arremeten contra sus ciudadanos y que caracterizó a este conflicto bélico. Me falta una tercera y terrible parte: La limpieza étnica.  Reconozco que he sido incapaz hasta hoy de recorrer ese camino. Un inmenso sentimiento de piedad y  compasión me invaden cada vez que me acerco a ese espacio y me dejan destrozado. También siento vergüenza. Aún no ha pasado suficiente tiempo y espero poder abordar este tercer aspecto algún día.