10
Ago
17

UNA MADRUGADA CON MACBETH

UNA MADRUGADA CON MACBETH

Fulgencio M. Lax

10/08/2017

Llevo desde las cuatro de la madrugada leyendo y revisando notas sobre Macbeth para dar una relectura a mi texto Los hangares de Lady Macbeth. Cuanto más leo más me doy cuenta de la fuerza del texto shakespiriano y la gran lectura que realiza de la violencia y la ambición y los efectos que tiene en el individuo.

Calixto Bieito estrenó con mucha polémica esta obra en alemán (2001). Al año siguiente la pondría en Barcelona. En un proceso de contemporaneización, donde desaparece el medievalismo, se sustituyen las espadas por pistolas  y navajas. La corte también es sustituida por una familia mafiosa que dimensiona la lectura hacia espacios más reconocibles para el espectador. Allí los elementos domésticos, que comienzan expresando la cotidianeidad se convierten en instrumentos de muerte: Una piscina de plástico en el jardín donde morirán los hijos de Macduf o un cable de teléfono para estrangular. En una espiral de violencia cada vez más intensa, quedará sólo Macbeth cara al público, acompañado por una de las brujas como una sombra que le ha llevado de la mano a su destino.

Alex Rigola también se adentró en este texto desde una versión muy libre (2012) y lo hace después de haber puesto en escena otra obra de Shakespeare: Coriolano. La versión es libre y juega en la búsqueda de espacios de significado contemporáneos en lugares de extrañamiento y, cuanto menos, inquietantes. Por ejemplo, las brujas aparecen con máscaras de Mickey Mouse. Este contraste entre la ingenuidad que puede aportar un personaje de la infancia se convierte en una poderosa arma que determina el futuro de Macbeth: Ambición, violencia y muerte.

Las dos últimas representaciones de esta obra (sin contar la cinematográfica dirigida por Justin Kurzel y protagonizada por Michel Fassbender) que he visto son la del Teatro del Temple (2016), dirigida por Carlos Martín con dramaturgia de Alfonso Plou y el propio Carlos Martín y la puesta en escena de Alquila Teatro (2016), con dirección de Antonio Saura y dramaturgia de Alba Saura.

En el primero se mantiene el espacio medieval, pero descontextualizado con un extraordinario juego coreográfico y de iluminación. La versión se sitúa en un frágil equilibrio entre una lectura arqueológica del texto y una mirada contemporánea hacia el espectador. La violencia y la ambición destilan protagonismo frente al juego del destino que establecen las brujas.

El montaje de Alquibla es una lectura contemporánea de la violencia en el seno de una monarquía contemporánea. Se pone al descubierto la decadencia, el alcoholismo y la prostitución de Duncan, de Macbeth y del entorno. Una escenografía aparentemente sencilla pero impactante que determina el espacio escénico y que sustituye los salones del castillo medieval por una larga barra de bar donde no faltan botellas de alcohol y otras sustancias. El ritmo trepidante del espectáculo marca la intensidad de la violencia. (Por cierto, Esperanza Clares en el papel de Lady Macbeth y Javi Mula en el de Macbeth, extraordinarios.)

Y retomo mis “hangares”. La ambición de la monarquía, la impunidad con la que se mueven en los sectores financieros basando toda su gestión en la especulación y esquilmación de los ciudadanos. Hemos visto cómo la monarquía española se ha visto dibujada en un largo juicio por la corrupción. En “Los hangares de Lady Macbeth”, el asesinato y la estafa como única forma de enriquecimiento ponen al descubierto una desmesurada avaricia que no puede quedar impune. Las brujas acompañan a los personajes desde su nacimiento, las llevan dentro. No son personajes distintos, siempre fueron Macbeth.

Seguiremos trabajando.

07
Ago
17

EL TATUAJE, de fulgencio m. lax

EL TATUAJE, de Fulgencio M. Lax

A partir de un dibujo de Juan Álvarez y Jorge G.

 

Como todos los días al abrir los ojos después de un tormentoso sueño, me doy cuenta de que la historia vuelve a comenzar y no es nada diferente a la de ayer o a la de anteayer. Llevo gran parte de mi vida fingiendo olvidar los recuerdos que me atormentan y que se aferran a la memoria sin poder ser borrados para siempre. Sólo es fingimiento porque vuelven una y otra vez, como un martillo que te golpea las sienes y no para hasta que no ve como la sangre te hincha los ojos y te nubla la vista.

Con apenas un poco de agua en la cara para intentar bajar el impacto de los cuarenta y cinco grados de este caluroso mes de agosto, salí a la calle. Eran las cinco de la tarde. Las calles desiertas. El asfalto dibujando espejismos al otro lado de la acera y, como todos los días del año, sea invierno o verano, me dirijo al bar de mi amigo Andrés, El Sordo.

Es una hora tranquila, solitaria, donde todo ocurre de forma sosegada. Es una buena hora para tomar una copa de ginebra. Una ginebra suave, sin que apriete mucho el paladar. Sin hielo, a temperatura ambiente para no disfrazar el sabor. Con la caída del sol ya iremos subiendo de intensidad, pero de momento sólo un ligero acercamiento. Cuando entré en el bar no me di cuenta de si había alguien o no. Generalmente nunca hay nadie a estas horas, ni en invierno ni en verano, aunque nunca me fijo en nada ni en nadie cuando entro a cualquier local. El bar es un compartimento estanco para el pensamiento, una cabina sexual cuya atención sólo va dirigida al contenido del vaso, lo demás importa bastante poco.

Una ginebra. –Le  digo a Andrés nada más cruzar la puerta.

-Vaya, buenas tardes, ¿Qué tal estás? ¿Cómo ha ido el día? Yo bien, mucho calor. Gracias por preguntar. –Me contesta con toda la ironía de la que es capaz.

-Ponme una ginebra y déjate de literaturas. 

-¿Hendricks?

Brockmans, que es muy temprano.

-La Hendricks es muy suave.

-Pero la Brockmans es más. ¿Esto qué es? ¿Un cursillo? Pónmela en vaso corto y sin hielo, no la vayas a echar a perder, que hoy te veo creativo.

Cualquiera diría que el bar El Sordo es uno de los locales que más variedad tiene de bebidas blancas en muchos kilómetros a la redonda. Desde que entendió que es más importante tener un buen escaparate de ginebras por encima del dudoso amarillo de su tortilla de patatas o el extraño color de sus sardinas en escabeche, ganó un lugar especial en mi corazón.

Cuando me sirvió la primera copa noté que me hacía gestos para que mirara detrás de mí. Allí estaba sentada de espaldas una mujer joven, con la mirada puesta en un cuba libre o algo parecido. La espalda desnuda nos enseñaba un raro tatuaje a la altura donde comenzaba a divisarse un hermoso culo. Apenas esbocé una ligera sonrisa.

-Déjate de paraísos y ponme otra copa.

-No me digas que no está buena. 

-Esa frontera no la voy a cruzar, así es que ni me lo planteo. Cámbiame el vaso por uno limpio y no me lo llenes hasta el borde.

A la quinta copa decidí cambiar de marca. El sol había comenzado a flojear y los amarillos de la calle iban ganando un tinte anaranjado anunciando el final del día. Ahora le tocaba el turno a la Platú. Poco a poco íbamos endureciendo el sabor, aunque aún nos encontrábamos en la franja de lo que podríamos denominar como aceptable.

El horizonte, en medio de una ciudad en la que se cruzan las calles y los edificios, no existe, así es que da lo mismo que se tuerza hacia un lado o hacia el otro. Busqué a Andrés con la mirada pero no lo encontré por ningún sitio. En esta búsqueda crucé la mirada con aquella mujer que aún estaba allí. Me quedé hipnotizado mirando su tatuaje. No sé cómo pero se había quitado la parte de arriba dejando al descubierto unos hermosos y espléndidos pechos. Me sonrió y con un gesto como sólo las mujeres saben hacerlo, me invitó a sentarme en su mesa. Me acerqué y le hablé de su tatuaje.

-En Egipto eran las mujeres las que se tatuaban porque así se sentían protegidas. También les servía el tatuaje para ejercer el poder y la magia, pero sólo funcionaba cuando eran las mujeres las que lo llevaban. En los hombres no tenía ningún efecto. -Y  conforme estaba hablando notaba cómo mis palabras iban diluyendo las formas del espacio y llenando el salón del bar de un extraño aroma. Me pasó sus manos por la cara trazando una ligera caricia y me abrazó. Noté sus pechos tersos pegados a mi cuerpo y sus piernas intentando mantenerme pegado a sus caderas. Me besó suavemente al principio y con más intensidad después. Nunca había sentido nada tan extraño y con tanto placer a la vez. Fue como una carga de profundidad, de esas que explotan en el alma y que no se pueden controlar.

Andrés me puso el vaso delante golpeando ostensiblemente en la barra y trayendome de regreso de un lugar maravilloso al que me habían llevado mis pensamientos. Me sirvió otra copa de ginebra. Aquella mujer seguía allí sentada y yo ya no era capaz de distinguir su figura. Sólo podía ver con claridad el dibujo de su espalda. Mi horizonte seguía perdido. Salí de allí como pude, tropezando con los taburetes de la barra, buscando un lugar discreto donde esconder la angustia que llevaba dentro y saborear la soledad de la fantasía a la que me había arrastrado aquel hermoso tatuaje.

30
Jul
17

Charla/Entrevista con Pilar Iwe

 

Esta charla/entrevista la mantuve con Pilar de Iwe el 30/07/2017 a través de su muro en Facebook. 

Pilar Agente Literaria Iwe.-  Buenas tardes, Fulgencio.  Eres un autor prolífico y comprometido. Tus obras traspasan fronteras. ¿Qué acogida ha tenido la obra que se ha representado estos días?
Fulgencio M. Lax.- Hola Pilar. En Cartagena (Colombia) se ha representado mi texto 016, ejercicio fallido para mujeres, aunque allí el título ha sido 155, ejercicio … Ya que el número indica el teléfono que atiende a las mujeres víctimas de violencia de género. La acogida ha sido estupenda y el proyecto es muy interesante.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Enhorabuena. Muy interesante y muy necesario.
Fulgencio M. Lax.-  El teatro es una de las herramientas de comunicación más potentes que tiene una sociedad, sobre todo cuando se expresa como comunidad de intereses.
Pilar Agente Literaria Iwe,.- Exacto. Sé que eres un trabajador incansable, ¿dónde encuentras la inspiración?
Fulgencio M. Lax.-  Esa pregunta tiene difícil respuesta. Me cuesta menos trabajo hablar de la obra de los demás que de mi trabajo. Hace tiempo, una amiga brasileña (Dea Mmotta) me hacía la misma pregunta y recientemente, en una mesa coordinada por el director de escena Antonio Saura se planteó también esta cuestión. Más o menos les respondí lo siguiente: Tengo que confesar que sin dolor no puedo escribir. Escribo desde la crisis de mi conciencia y de mis ideas, desde la tensión que me produce el dolor que me rodea, casi siempre social, aunque no escribo teatro estrictamente calificado como social, estaría más en el terreno del existencialismo analítico. Escribo desde la incertidumbre, desde el miedo, desde la perplejidad del hombre como depredador de su propia especie, incluso de sí mismo.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Tienes una fuente inagotable de inspiración que unida a tu generosidad nos da la fórmula de tu éxito.

Quiero hablar de toda tu producción dramática pero antes no puedo sustraerme a comentar la impresión que me produjo una novela tuya que me alteró la agenda hace unos días porque no podía dejar de leer.

Para mí eres dramaturgo y desconocía tu narrativa. Desde la primera página estuve haciendo comparativas con tus textos dramáticos. Conclusión: Eres dramaturgo y eres narrador. Tu libro se lee de un tirón.
Fulgencio M. Lax.- Gracias por tus palabras. La escritura se presenta ante mí como una necesidad. Junto a esa necesidad hay otros aspectos que caracterizan mi forma de expresión que se canaliza, fundamentalmente, a través del teatro. El teatro nace siempre como un proyecto de lo individual hacia lo colectivo, mientras que lo narrativo, al igual que la poesía, se genera y desarrolla en un plano más íntimo.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Me gusta la presentación de tus obras. Coméntame el Ciclo del desierto.
Fulgencio M. Lax.-  El ciclo del desierto está formado por Oliverio, un héroe cruzando el parque; Los muertos no juegan y La gasolinera. Se caracteriza por la soledad de los personajes que se enfrentan a una geografía hostil. En la primera, su protagonista, junto con Natalia, deciden suicidarse en un parque. En la segunda, el protagonista se pasa la obra construyendo la guillotina con la que se va a suicidar. Vive en pleno desierto y lucha contra los demagogos que vienen con doctrinas falsas para la convivencia. La última es uno de mis textos más representados. El progreso hace que se construya una autopista y deja sin servicio a una gasolinera que poco a poco ira quedando en el olvido. Las claves estéticas de este texto están en el teatro del absurdo beckettiano. Esa geografía desértica es una metáfora del desierto al que se enfrenta el hombre de hoy.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  ¿Qué siente el autor cuando ve a sus personajes en escena?
Fulgencio M. Lax.- Es una sensación indescriptible. Por un lado reconoces que aquello tiene su origen en tu mesa, en tus silencios y en tu trabajo. Pero por otro sabes que hace tiempo dejó de ser tuyo, que salió de tu espacio para pertenecer al del director y al de los actores. El proceso cíclico de creación que supone un espectáculo hace que en cada parada se dimensione el universo dramático. El texto dramático es un texto completivo, que aún ha de recorrer un camino antes de llegar al espectador.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  En el Ciclo de la muerte tus personajes se han rendido al destino.
Fulgencio M. Lax.-  Es un ciclo compuesto por cuatro obras:La canción de los hombres muertos; El campo de los silencios; La flor de los pétalos marchitos y Los que van a ninguna parte. No es que se han rendido al destino, sino que han llegado a él pero ellos no lo saben. Son personajes que viven en la memoria, en el recuerdo. Son personajes muertos huyendo del infierno de Dante porque saben que no tienen acceso ni al purgatorio ni al paraíso.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Estás muy sensibilizado por la violencia hacia las mujeres. ¿Qué enfoque has dado a tus obras dedicadas a ello?
Fulgencio M. Lax.-  En general, cuando trato la violencia, tanto política, como policial o como social, la forma de enfocarla es trasladando el conflicto al público. Si todos estamos de acuerdo con las soluciones que se proponen sobre el escenario, no es necesario ningún planteamiento. La cuestión está en hacer que el espectador cree su propio discurso a partir de lo que sucede sobre el escenario, que tome partido, no por este o aquel personaje, sino por las distintas opciones de convivencia que se dan en su comunidad, buscando siempre las más justas, las más solidarias y las más garantistas para el eslabón débil de la cadena.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  En este escenario, ¿qué transmiten tus personajes del Ciclo memoria de un fusilamiento?
Fulgencio M. Lax.-  Ese ciclo tiene un único tema: Los últimos fusilamientos franquistas, que se produjeron el 27 de septiembre de 1975, unos meses antes de que falleciera el dictador. Al paso alegre de la paz, que es uno de los versos del Cara al sol, está escrita en claves de farsa. La noche más larga, que es uno de los versos de la canción de Aute, la escribí en claves brechtianas y Por la patria es un monólogo en el que el personaje es uno de los guardias civiles que participó en uno de los pelotones de fusilamiento. Este ciclo es un pequeño homenaje a la memoria histórica tan olvidada e insultada por este gobierno.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Llegamos a Los hangares de Lady Macbeth en el Ciclo Shakespeare. ¿Qué te inspiró?, ¿qué transmites en ella?
Fulgencio M. Lax.-  Los hangares de Lady Macbeth es una versión del original de Shakespeare con evidentes actualizaciones a la ambición desmedida de las monarquías actuales.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  ¿Qué similitudes o diferencias existen en la creación de personajes dramáticos con respecto al proceso de creación de personajes para obras narrativas?
Fulgencio M. Lax.-  Si hay quien lee estas palabras y quiere más información, en la revista anagnórisis se publicó el texto con un análisis previo de la versión. Adjunto el enlace. http://www.anagnorisis.es/…/FulgencioM.Lax(130-161)n13.pdf
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Muy interesante. Gracias.
Fulgencio M. Lax.-  Creo que la diferencia está en la forma en que esos personajes se enfrentan y se desarrollan dentro de un determinado universo, ya dramático ya narrativo. No obstante, creo que también influyen las características del proyecto. En cada uno de mis textos se va conformando la acción, los personajes, los espacios y el tiempo de forma distinta unos de otros. En el texto dramático el personaje se enfrenta a una palabra vivida mientras que en el texto narrativo la palabra es hablada, y esa vida viene condicionada o recreada por el recurso de la descripción. Claro que estas afirmaciones no son taxativas sino sólo orientativas para dar una idea de lo que quiero decir en esta entrevista.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Explícame en que consiste el teatro breve, ¿qué rasgo o característica lo define?
Fulgencio M. Lax.-  Podría decir que el teatro breve es al teatro largo lo que el cuento a la novela. Una pieza breve se atrapa en una idea, algo así como un poema, que guarda una estructura que facilita la confrontación de los personajes en un momento cerrado y muy concreto. Los personajes no alcanzan a su caracterización porque todo se aboca a un desenlace inmediato, y si lo hacen cobra especial dimensión la descripción y la narración en detrimento del conflicto dramático.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Eres autor de ensayo, artículos, críticas, monólogos y otros textos narrativos, ¿cómo organizas tu agenda para tratar tal variedad de temáticas?
Fulgencio M. Lax.-  No sé si es mucho o es poco. Mi día comienza a las 4:00 de la mañana y trabajo hasta las ocho o las nueve. Luego por la tarde dedico también otras dos horas. A veces todo fluye y se van encadenando los trabajos y otras veces pasa un largo periodo en el que el tiempo se va en tanteos, bocetos, búsquedas, etc.
Pilar Agente Literaria Iwe Es una producción extensa y muy organizada. ¿Qué otros textos te gustaría destacar?
Fulgencio M. Lax.-  Bueno, los destacaría todos porque todos guardan un “pedazo” grande de mi vida, pero sólo indicar en lo que estoy trabajando ahora y ya casi terminado: Un texto de navidad. Hace unos días puse por Facebook el argumento y lo repito aquí: El niño Jesús huye de Belén en los brazos de su madre María y guiados por San José. Huyen del acoso militar y de la guerra que inicia el rey Herodes para perpetuarse en el poder. En la huída pasan hambre, María es violada en repetidas ocasiones a cambio de un poco de comida, San José ha de realizar trabajos inconfesables, incluso recibe una oferta para vender al niño a organizaciones de trata de personas que luego lo emplearán en la prostitución o en el mercado de venta de órganos. Ellos saben que han de alejarse al máximo de la guerra y llegar cuanto antes a un lugar seguro. Tienen noticia que la UE está negociando su acogida y eso les llena de esperanza. Pero cuál es su desolación cuando ven que son tratados como delincuentes y, humillados y silenciados por la UE son casi abandonados a su suerte. Consiguen llegar a orillas del Mediterráneo y guiados por una estrella que les habla suben a una embarcación que naufraga y se ahogan. El niño Jesús es encontrado por un militar en una playa vestido con una camiseta roja y un pantalón azul. Entonces termina la obra con un villancico: Dime Niño de quien eres/ todo vestidito de blanco./ Soy de la Virgen María/ y del Espíritu Santo. El título de la obra es AYLAN.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Impactante.  Me encanta el teatro. Espero que me invites a tu próximo estreno. ¿Qué otros proyectos futuros tienes?
Fulgencio M. Lax.-  Por supuesto que te invitaré. Ahora estoy terminando ese texto de navidad, además de un ensayo sobre el trabajo de versión y adaptación en el universo dramático.
Pilar Agente Literaria Iwe.-  Muy interesante. Volveremos a hablar de tu trabajo en un próximo futuro y cuando estrenes obras. Mucho éxito. Ha sido un placer conversar contigo.
Fulgencio M. Lax.-  Muchas gracias a ti por el interés y esta entrevista tan gratificante para mí.
30
Jul
17

Vihainen, de Fulgencio M. Lax

(Cabina de sexo. Vihainen se encuentra sentada frente al público en un destartalado y cutre taburete, que contrasta con el estilo y la sensualidad que desprende nuestro personaje. Viste una túnica transparente. Detrás de ella hay un piloto rojo encendido y uno verde apagado. Mantiene al público en silencio mientras termina de fumar un cigarrillo. De fondo una música.)

VIHAINEN.- Mi trabajo consiste en hacer que los clientes terminen lo antes posible y atender a otro y a otro y a otro. Cuantos más mejor. 

Me llamo Vihainen. Mis padres son de Rumanía pero yo nací aquí, en España. Como mi nombre es difícil de pronunciar, todos me llaman Vicky. Tengo 25 años pero siempre digo que tengo 22. Parece ser que es la edad que más les gusta a los clientes. 

Trabajo todos los días de 4:00 de la tarde a 6:00 de la madrugada. Todos los días esperando y todos los días buscando algún momento de descanso para pensar un poco en mí, en la quietud, en el silencio. Mi precio no es alto. 50.- € media hora, más 6.- € para la sábana y el condón. Los tres primeros servicios son íntegros para la casa, incluidas las copas. El resto es todo para mí, excepto los gastos de lavandería y los condones. No está mal el acuerdo, aunque cuando me toca bailar todo se lo queda la casa, como hoy, que apenas sacaré para pagar la cena y la cama. Cuando estamos con la regla nos toca bailar y yo estoy en estos días con el periodo. Nos suelen dar esponjas para la sangre y poder seguir haciendo clientes en las habitaciones, pero yo soy alérgica al gel que llevan, por eso me toca bailar. Cuando se encienda la luz verde querrá decir que ha entrado alguien en la cabina y que tendré trabajo para él. Yo tengo muy mal periodo porque me duelen mucho las piernas y las caderas. De una forma u otra es la parte de mi cuerpo que más utilizo. 

(Se enciende la luz verde.)

                  ¡Luz verde!

(La sala se oscurece. El foco recoge a Vihainen que ha empezado una sensual y erótica danza en la que se masturba ante los supuestos espectadores de la cabina. Cuando termina de bailar se enciende un cigarrillo y se sienta otra vez frente al público.)

VIHAINEN.- Me llamo Vihainen. Mis padres son de Rumanía, pero yo nací aquí, en España. Como mi nombre es difícil de pronunciar, todos me llaman Vicky. Tengo 25 años pero a todos les digo que tengo 22. Parece ser que es la edad que más les gusta a los clientes. 

(Y la luz va descendiendo lentamente hasta que la oscuridad y la música se tragan la imagen de Vihainen y sus palabras.)

28
Jul
17

AYLAN, de Fulgencio M. Lax

Me han encargado una obra de Navidad y ya casi la tengo terminada. Este es el argumento:

El niño Jesús huye de Belén en los brazos de su madre María y guiados por San José. Huyen del acoso militar y de la guerra que inicia el rey Herodes para perpetuarse en el poder. En la huída pasan hambre, María es violada en repetidas ocasiones a cambio de un poco de comida, San José ha de realizar trabajos inconfesables, incluso recibe una oferta para vender al niño a organizaciones de trata de personas que luego lo emplearán en la prostitución o en el mercado de venta de órganos, pero él se niega. Ellos saben que han de alejarse de la guerra y llegar cuanto antes a un lugar seguro. Tienen noticia de que la UE está negociando su acogida y eso les llena de esperanza. Pero cuál es su desolación cuando ven que son tratados como delincuentes y, humillados y silenciados por la propia UE, son casi abandonados a su suerte. Consiguen llegar a orillas del Mediterráneo y guiados por una estrella que les habla e ilumina, suben a una embarcación que naufraga y se ahogan. El cadáver del niño Jesús es encontrado por un militar en una playa vestido con una camiseta roja y un pantalón azul. Entonces termina la obra con un villancico: Dime Niño de quien eres/ todo vestidito de blanco./ Soy de la Virgen María/ y del Espíritu Santo. Título de la obra: AYLAN

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16
May
17

AUTÓMATA, de Fulgencio M. Lax

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AUTÓMATA, Fulgencio M. Lax

De la serie Homenaje a Edward Hopper

Siempre a la misma hora y siempre una taza de café. Así se le pasaban las horas de la tarde, hipnotizada con ese fondo negro que llenaba su rostro de disimuladas lágrimas y una profunda tristeza. Desde la barra era imposible no fijarse en ella. Una mujer hermosa, no de una especial belleza pero sí de un sugerente atractivo. Delgada, no muy alta y con un suave maquillaje apenas perceptible, aparentaba una extrema fragilidad. Frente a ella, separada tan sólo por una pequeña mesa, una silla vacía. El café siempre se lo tomaba frío porque se le iba el tiempo mirándolo y hundiéndose en aquel pozo que ella llevaba dentro. De vez en cuando dejaba escapar un suspiro que acompañaba con un leve tintineo de cucharilla removiendo por enésima vez el azucarillo.

Venía todos los días desde hacía más de tres meses. A las cinco de la tarde, cuando sonaba la campanilla de aviso que hay en la puerta de entrada, siempre sabía que era ella. Tenía una forma especial de entrar que la delataba. Casi sin ruido, como deslizándose con sus pisadas por encima del suelo. Luego, dos horas después, con el mismo sigilo, se marchaba. No se quitaba el abrigo a pesar de que en el local hay calefacción. Ni tan siquiera un ligero gorro de lana de color crema que le cubría la cabeza por encima de las orejas. Daba la impresión de estar en un continuo tránsito, siempre a punto de marcharse. No falló ni una sola tarde y todos, todos los días, frente a su taza de café, sacaba un pequeño cuaderno, escribía unas notas y luego, después de mirarlas y releerlas hasta el infinito, arrancaba el papel, lo arrugaba y se lo guardaba en uno de los bolsillos.

Al principio era sólo alguien que venía a tomar un café, pero poco a poco fue atrapando mi atención y se convirtió en algo que, obligatoriamente, esperaba que sucediera todos los días. Yo, desde la barra, la miraba y vigilaba mientras atendía a otros clientes. Sabía qué es lo que iba a hacer en todo momento porque lo había memorizado de tanto repetirlo. Casi podría detallar paso a paso cada una de las cosas que hacía como un ritual frente a una taza de café sólo, sin leche ni otros aditivos. Ni siquiera unas pastas para cubrir el paso de la tarde en el que se va perdiendo la luz del sol.

Dos horas después de haberse sentado; siempre que podía lo hacía en la misma mesa, de espaldas al ventanal que da a la plaza Mayor; pagaba dejando el dinero en el plato junto a la taza y, sin mirar a nadie y con el rumbo perdido, salía y se marchaba. Yo la seguía con la mirada hasta que desaparecía por completo en ese horizonte quebrado de calles y edificios. La veía alejarse a paso lento, dirigiendo su mirada a la punta de sus zapatos, como ese guerrero que camina derrotado en la batalla y que espera el inevitable golpe mortal.  Así estuvo tres meses, hasta que un día dejó de venir. En su última visita recorrió el mismo camino y con los mismos pasos que todas las tardes anteriores excepto que esta vez, al marcharse, se acercó a la barra, pagó su café y me entregó un papel doblado con un nombre en el dorso:

Para Juan

-Por favor -me dijo- es posible que venga alguien preguntando por mí. ¿Sería tan amable de entregarle esta nota?

-Claro, sin ningún problema -le contesté- ¿Cómo se llama usted?

-Olivia. Muchas gracias. 

Y se marchó sin decir nada más. Con cierta torpeza y titubeando, como si se le hubieran quedad unas palabras a punto de decir, se dio media vuelta y salió. Ya no regresó nunca.

Han pasado cuatro meses y por aquí no ha venido nadie que se llame Juan y que pregunte por Olivia. La mesa que ella ocupaba casi siempre está vacía porque la gente quiere sentarse frente al enorme ventanal desde el que se puede ver, como un espectador privilegiado, la arquitectura románica de la plaza Mayor. Yo he guardado la nota todo este tiempo sin curiosearla, sin desdoblar el papel y leer lo que ella hubiera podido escribir. Pero cuatro meses me parece un tiempo prudencial como para que apareciera alguien reclamando una nota o preguntando por una tal Olivia que hacía tanto tiempo había dejado de venir. Así es que me dispuse a leerla. La desdoblé y estaba en blanco. No había escrito nada. Una nota dirigida a un tal Juan en la que no había escrito nada. O sí. He pensado mucho sobre esta cuestión y he llegado a la conclusión que fue ese silencio, esa ausencia, esa falta de palabras para encontrar un significado. No fueron suficientes las gramáticas, ni los diccionarios, ni las lingüísticas, ni las literaturas para encontrar la forma de escribir un mensaje. Sólo el silencio. Nada más que el silencio en un papel en blanco.

29
Abr
17

PRÊT -À- PORTER, de Carlos Garaicoa

PRÊT-À-PORTER, Carlos Garaicoa

Centro Párraga (Murcia), 20:30h.  INAUGURACIÓN 28 DE ABRIL,/2017,  20:30 h.

Carlos Garaicoa (Cuba en 1967) realizará un proyecto específico para el Centro Párraga reuniendo sus trabajos más representativos, aquellos que se refieren a la construcción imaginaria de la ciudad. Su obra habla del pasado y del presente a través de la memoria, la decadencia, el deseo, la arquitectura, la utopía y la relación entre realidad y ficción. 

La ciudad como representación de la memoria individual y colectiva ha venido siendo un tema recurrente en su obra. Este proyecto enfatiza el carácter procesual del trabajo de Carlos Garaicoa mostrando diferentes realidades sociales por medio de una gran variedad de lenguajes y soportes que interpelan al espectador y le conducen a un espacio para la reflexión, en el que cuestiones como la capacidad de la arquitectura para alterar el curso de la historia, el fracaso de la modernidad como un catalizador para el cambio social o la decadencia de las utopías del siglo XX, se ponen de manifiesto.

NOTAS PARA UN CAFÉ,  Fulgencio M. Lax

Una exposición, generalmente, se presenta como un universo de significados que apuntan en un mismo sentido. Un universo más o menos abierto pero también más o menos definido, sin caer en ese concepto tan manido y cabalístico que nos dice que todo está relacionado para esconder, la más de las veces, aspectos insustanciales, falta de rigor, de pensamiento y de reflexión. No es el caso, ni mucho menos. Estamos ante una exposición muy cuidada en todos sus aspectos. Hago esta pequeña introducción para situarme y poner distancia de las tres últimas exposiciones que he visto, anunciadas a bombo y platillo y con un respaldo institucional y de márketing artístico de excesiva dimensión.

Voy a hablar de mi “paseo” por ese universo que nos propone Carlos Garaicoa, que no tiene que coincidir con el suyo pero sí que es él el que abre la puerta, con su obra, al mío.

Los sellos y la fotografía son los elementos formales que articulan la exposición. En ambos se pone de manifesto el tiempo y el espacio, la ocupación y el silencio, la historia y el olvido. Y así, inmediatamente, me veo atrapado en una geometría de dimensiones que me expande en hacia el pensamiento, la memoria y la historia.

Un conjunto de sellos expuestos en vitrinas con la particularidad de llevar el matasellos, marca indiscutible de haber sido utilizados, además de recoger motivos históricos de la revolución rusa y cubana, me remiten al entrelazado de las personas de uno y otro extremo, al tiempo detenido en el que viaja el mensaje sin que la historia se frene por un momento. Un juego espacio temporal que se genera en mi mente donde los mensajes se detienen una y otra vez para tomar impulso y llegar a su destino. No hay línea cibernética ni fibra de vidrio ni ondas invisibles que los hagan llegar casi antes de haber sido enunciados. Podría decir que esta sensación la produce un sello, dos o tres en este o en otro espacio. No necesariamente ha de ser la obra particular de Carlos Garaicoa. Es cierto, pero sólo puedo apuntar (que no explicar) que esta sensación la descubrí en el segundo o tercer paseo por la exposición. El motivo estaba ahí. En un primer recorrido me vi invadido por algo que no lograba definir, luego vino el descubrimiento.

Y a este descubrimiento contribuyeron las fotografías que comparaban un espcio urbano del que había desaparecido una parte de su arquitectura. El antes y el después. El autor ha reconstruido, mediante hilos y alfileres, fijando los puntos en el espacio, las líneas del edificio que ahora ya no existe, formando así un volumen transparente que, en relieve, nos proyecta esa imagen fantasmagórica del pasado y que se difumina en la memoria. Inmediatamente surge una pregunta anclada en la historia: ¿Cómo era la vida alrededor de ese espacio ocupado y ahora vacío? Hubo un momento en el que esos muros inexistentes estrenaron su verticalidad y su ocupación y ahora, en el desierto del tiempo, también desaparecen del espacio.

Pero volviendo a los sellos, no quiero dejar de mencionar una instalación de lupas para facilitar la visión aumentada de estas estampitas tan peculiares. Digo instalación porque de momento, al situarme frente a ellas, se alzan como un conjunto de micro universos a los que me he ido asomando uno a uno y luego en su conjunto. Se presentan como pequeñas aperturas en el tiempo que nos llevan a momentos históricos en relación con algunos presidentes de los EEUU, principalmente.  Siempre el tiempo y el espacio. Y la historia. Y la memoria.