14
Ago
16

VIOLENCIA DE GÉNERO y TEATRO

016, ejercicio fallido para mujeres es un texto teatral. Es sólo teatro, pero también es una ventana a ese terrible universo que viven día tras día las mujeres agredidas por sus parejas. De la CONSEJERÍA DE FAMILIA E IGUALDAD DE OPORTUNIDADES de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia me dicen que ellos no pueden apoyar un proyecto así porque el título habla de que el 016 es un ejercicio fallido, algo negativo y que no es políticamente correcto. Incluso me apuntan que si estuviera dispuesto a cambiar el título quizá ellos estarían dispuestos a… Esto ya me lo plantearon en su estreno en el 2014 y lo vuelven a plantear ahora nuevamente. Ante tan peregrino argumento me surgen inmediatamente las mismas preguntas que me llevaron a escribir este texto:

  • ¿Qué está ocurriendo para que el número de mujeres asesinadas por sus parejas no baje de unos niveles tan preocupantes?

  • ¿Qué pasa con esas mujeres que denuncian y luego la justicia no les da la protección necesaria para conservar su vida o su integridad física o su honestidad o todo junto?

  • ¿Qué pasa con esas mujeres que asisten a la policía y la atención no es equivalente a la tragedia que están viviendo?

  • ¿Qué pasa con esas mujeres que guardan silencio a causa del miedo y de la falta de autoestima?

  • Etc.

  • Etc.

Es obligación del Estado proteger a sus ciudadanos. El correcto funcionamiento de las acciones de protección no es ni más ni menos que el cumplimiento de una de las funciones de las instituciones estatales dedicadas a tal efecto. El teléfono 016 es uno de los grandes aciertos para combatir la violencia de género. No me cabe la menor duda de que es un extraordinario instrumento a favor de la lucha contra este tipo de violencia. El problema está en que hay un altísimo porcentaje de mujeres que no accede a esa protección y cuando lo hace es insuficiente. A esas víctimas se refiere el texto porque son ventanas sin cerrar por las que se cuela un aire viciado de miedos y sufrimiento. 

Fulgencio M. Lax

02
Jun
16

De la tragedia de Macbeth a la versión de Los hangares de Lady Macbeth, de Fulgencio M. Lax

Versión de Macbeth, de Shakespeare

Anagnórisis. Revista de investigación teatral, nº. 13, junio de 2016

Págs. 130-161, ISSN: 2013-6986 http://www.anagnorisis.es * Fulgencio M. Lax

Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia

martinezlaxfulgencio@gmail.com

De la tragedia de Macbeth a la versión de Los hangares de Lady Macbeth, de Fulgencio M. Lax

Palabras clave: Shakespeare. Macbeth. Lady Macbeth. Teatro contemporáneo. Versión.

Resumen: La lectura contemporánea de Macbeth, una de las tragedias sangrientas de Shakespeare, nos conduce a una versión viva y dinámica que nos habla del hombre de hoy en un mundo de hoy. Ese es el resultado de Los hangares de Lady Macbeth. Sumergirse en la tragedia de Shakespeare a partir de una dramaturgia contemporánea nos abre la puerta del conocimiento de nosotros mismos y pone de relevancia el valor clásico de la obra isabelina.

From Macbeth tragedy to Los hangares de Lady Macbeth version by Fulgencio M. Lax

Key Words: Shakespeare. Macbeth. Lady Macbeth. Contemporary theater. Version.

Abstract: An approach to a contemporary review of Macbeth, one of the most sanguinary Shakespeares’s tragedies, introduce us to a live and dynamic version about the Man of today in the World of today. This is the result of Los hangares de Lady Macbeth. (The hangars of Lady Macbeth). Going into this Shakespeare’s tragedy from a contemporary play-writting point of view, opens the door to our self-knowledge and enhance the classic values of this Elizabethan play.

Se puede ver el artículo completo en:  http://www.anagnorisis.es/pdfs/n13/FulgencioM.Lax(130-161)n13.pdf

08
Abr
16

DEBERÍAS QUEDARTE. Cía Carmen Werner

DEBERÍAS QUEDARTE
Cía. Carmen Werner
08/04/2016
Centro Párraga

sabes que estás aquí de paso
y que no soplarás más velas de cumpleaños
y que no volverás
y que estarás solo
y que no verás a tus amigos

En “Deberías quedarte” hablamos del cambio de identidad, del abrazo, del adiós, de la frustración, de la esperanza, de la soledad, de la amistad, de maletas, de la añoranza, de calles, de puertas que se cierran, de agujeros en los sueños, de la ilusión, de retratos, del recuerdo…
Partir nunca fue fácil aunque necesario, uno nunca sabe lo que va a encontrar y quizá esto es lo que mantiene la ilusión.
Las relaciones son efímeras y duran eternamente. El paso por la vida depende de cómo se mire, de quién lo mire y de las perspectivas que tengamos. Pero a veces es más fácil mirar la nada como si todo esto no hubiera ocurrido.

Ficha artística
Intérprete:Tatiana Chorot, Laura Cuxart, Cristian Lopez, Alejandro Morata,
Carmen Werner
Ayudantía de dirección:Tatiana Chorot, Daniel Abreu
Música:Luis Martinez
Iluminación:Pedro Fresneda
Espacio escénico:Provisional Danza
Vestuario:Provisional Danza
Diseño gráfico:Rocío Rivera
Vídeo:Adriana Alonso
Fotografía:Fredo Belda, Patricia Villanueva,
Duración: 50 minutos

Carmen Werner
Nace en Madrid. Licenciada en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Estudia Danza Clásica y Contemporánea en Madrid, Barcelona y Londres.
Desde que creara en 1987 su propia compañía, Provisional Danza, ha puesto en escena más de 60 coreografías: trabajos de sala (de pequeño y gran formato, incluida una ópera-danza), trabajos de calle, vídeo-danzas, un cortometraje, colaboraciones para otras compañías, encargos especiales para distintos festivales y teatros, además de impartir clases y talleres coreográficos.
Su trayectoria artística ha sido reconocida con diferentes premios, entre los que destacan el Premio Nacional de Danza 2007, el Premio Internacional de Danza Onassis en 2001 y el Premio de Cultura en la sección de Danza de la Comunidad de Madrid 2000.

NOTAS PARA UN CAFÉ
Fulgencio M. Lax

No voy a intoxicar las sensaciones que he tenido de este espectáculo con la introspección que requiere una crítica. Me voy a quedar en lo que no puedo demostrar ni describir: Belleza, sensualidad, soledad, tristeza, abandono, reencuentro, armonía. Cuando ha terminado el espectáculo se había creado un espacio de tal magnitud que no hubiera querido abandonarlo tan pronto. De regreso a casa he paseado lentamente, alargando y saboreando los cincuenta minutos que ha durado este trabajo.

15
Feb
16

Madre Coraje (Atalaya teatro)

MADRE CORAJE, de Bertolt Brecht
Dirección Ricardo Iniesta
ATALAYA TEATRO
Teatro Romea de Murcia
14/02/2016

Reparto:
Carmen Gallardo/Madrecoraje
Raúl Vera/Katerina, la hija muda
Raúl Vera/Cabo, General, Alférez
Silvia Garzón/Ivette Potier, Soldado, Campesino
Manuel Asensio/Cocinero, Intendente, “Tuerto”.
Jerónimo Arenal /Eilif, Capellán, Campesino
María Sanz/Caracuajo, Campesina

Espacio escénico, coros y coreografía/Actores de Atalaya
Música/Paul Dessau
Arreglos musicales/Luis Navarro
Vestuario/Carmen de Giles
Realización escenografía/Factoría La Fragua
Maquillaje y peluquería/Manolo Cortés
Vídeo y fotografía/Félix Vázquez

Iluminación y coordinazión técnica/Alejandro Conesa
Sonidos y arreglos/Emilio Morales.
Realización de utilería/Sergio Bellido
Contabilidad/Rocío de los Reyes
Distribución/Masé Moreno
Producción ejecutiva/Ángela Gentil
Ayudante de dirección/Asier Etxaniz
Ayudantes de interpretación/ Marga Reyes y Sario Téllez

“Dedicamos este espectáculo a nuestros maestros del Oin Teatret de Dinamarca en su 50º aniversario y especialmente a Torgeir Weithal, que nos dejara en 2010 y Augusto Omolú cuya trágica pérdida supimos durante los ensayos. “Cenizas de Brecht” del Odin transformó para siempre mi percepción teatral, justamente el mismo año en que fundé Atalaya, treinta años antes de estrenar esta obra brechtiana”Ricardo Iniesta.

“Madrecoraje representa una metáfora de la sociedad en que vivimos, embarcada en una desaforada carrera hacia el éxito y el culto al mercado y la propiedad, una carrera donde se compite a través del engaño y el sometimiento de los más débiles. Se trata de un texto teatral que toma como referencia la guerra. La obra no sólo se pronuncia contra ella sino contra quienes apuestan por un sistema de vida donde prime el dinero, aún a costa de sacrificar su propia existencia y la de los seres más queridos. El espectador es interrogado por las opciones que tomaría en una situación de extrema crisis. Como la que vivimos. Bertold Brecht, que demuestra aquí su extraordinaria visión no sólo de su tiempo sino del futuro, dijo que esperaba que sus obras hubieran perdido vigencia en el siglo XXI y ya no se pudieran representar…
Lamentablemente Madrecojare resulta de un tremenda actualidad, más aplicable a nuestro tiempo incluso, por sus temas centrales “la corrupción” y “la guerra”, que a los días en que fuera escrita, hace 75 años. La guerra sigue presente en diversas partes del mundo en su acepción más literal, mientras que en el resto del planeta se libra sin cuartel…; no entre ejércitos armados, sino entre el Mercado y la mayor parte de ellos habitantes del orbe.
Madrecoraje y sus hijos se trata de la obra más importante del dramaturgo alemán y uno de los textos emblemáticos del siglo XX, que ha sido interpretado por grandes actrices, desde Helene Weigel (dirigida por el propio Brecht), Simone Signoret, Glenda Jackson, Liv Ullman, Hanna Schygulla o Mery Streep, fuera de nuestras fronteras a Vicky Peña, Rosa María Sardá o Mary Carrillo en nuestro país. A pesar de haberse convertido en un clásico del teatro contemporáneo mundial, en España apenas ha girado fuera de Madrid o Barcelona. Atalaya toma dicha responsabilidad, como ya lo hiciera con su anterior puesta en escena brechtiana. La ópera de 3 centavos, con la que recorrió 40 provincias españolas.
La disposición de una pequeña parte del público en gradas alrededor de los actores responde a la visión brechtiana de convertir a los espectadores en testigos y cómplices; y a la propuesta ideológica de Atalaya que sitúa a unos pocos, inmersos en el campo de batalla mientras una mayoría ejerce su papel de ‘voyeurs’… a salvo de la “ferocidad” de los actores…”

NOTAS PARA UN CAFÉ
Fulgencio M. Lax

Comentar una obra de Brecht y ver hasta donde el montaje ha sido fiel a Brecht y al “brechtianismo”, y hasta donde no, es complicado y yo diría que casi imposible, ya que quedan muy pocos espectadores vivos que hayan podido asistir a un espectáculo, dirigido por el propio Brecht y que puedan constatar que las cosas sobre el escenario tienen una identificación directa con lo que escribió sobre el papel. Además, una cosa es teorizar y otra es construir y pretender que esa teorización se dé plenamente en la realización escénica. Así es que nos movemos en el terreno de los conceptos y, además, de unos conceptos que nacen para el teatro al final de la primera mitad del siglo XX. Por todo esto y por otros aspectos también de carácter sociológico e histórico cuyo comentario desbordaría este breve comentario, trataré a Brecht y al brechtianismo con cierta relatividad.
Después de la función me comentaba Jerónimo Arenal (Tito) que hay alguna crítica que les ha acusado de tirar demasiado de la emoción del público y traicionar, en cierta manera, el efecto de distanciamiento que proponía Brecht. Este efecto es muy complicado y la mayoría de las veces se queda en un mero concepto porque ¿Cómo no emocionarte en una escena como en la que le presentan a Madre Coraje a su hijo muerto y tiene que decir que no le conoce? O al final, cuando su hija yace muerta  y ella la abandona para seguir al ejército? Si bien son emociones distintas, sí que están en el mismo campo. También recuerdo una conversación con Ricard Salvat en la que me comentaba este aspecto. Él, cuando visitó por primera vez el Berliner y vio Madre Coraje, también se emocionó y no llegó a entenderlo pues el trabajo era limpiamente brechtiano. Y es que el hombre asiste al mundo a través de su experiencia y es desde esa posición desde donde hace la lectura de su entorno. En este terreno el abanico de las emociones es ineludible.
Ahora bien, encontramos líneas que apuntan en esta dirección en la concepción del espectáculo y en la interpretación. Una interpretación sobresaliente, que podríamos calificar de fría, sin dejarse llevar por el personaje, sin esconderse detrás de su arquitectura dramática, a partir de la cual el actor ejecuta el espacio que corresponde al universo del personaje y luego se sale de él para poder marcar la distancia que permite al espectador establecer un espacio dialéctico de entendimiento. Esto por sí sólo sería insuficiente en su calificación. La introducción de canciones combinadas en alemán y español generan un espacio interesante que hacen que, por momentos, nos salgamos de la acción dramática y nos situemos en otro plano intermedio hasta llegar al narrativo, aunque algunas de ellas están integradas en el discurso dramático y se alejan del planteamiento épico para abrir la puerta al drama. También creo que es un recurso que se usa en exceso y llega un momento en el que se hace previsible y agota un poco la atención.
La sobriedad escenográfica favorece el protagonismo del trabajo del actor, aunque esa valla del fondo nos confundió un poco al principio por la relación que se establece de inmediato con la inmigración que llega desde Marruecos y cruza la terrible valla. El uso del blanco y del negro en la iluminación, con alguna pincelada de rojo contribuye a esa sobriedad de la que hablamos, acompañada por los tonos pardos del vestuario. En esta misma línea se mueve la iluminación, siempre hacia el blanco y el negro. La disposición de parte del público a ambos lados del escenario implica al espectador más allá de la actitud clandestina ante el hecho escénico. Lo convierte en testigo en primera fila de los acontecimientos, de la guerra, de la ambición, de la especulación, del dolor y de la supervivencia.
Madre Coraje es una de las obras claves del siglo XX y que hoy podemos decir que es un clásico activo y dinámico que sigue hablando y construyendo la sociedad contemporánea. Podemos decir de esta obra lo mismo que lo que decimos de las grandes tragedias de Shakespeare: Son eternas, son clásicas y son contemporáneas porque hablan de cómo el hombre gestiona sus pasiones, sus miserias y sus virtudes más allá de la anécdota dramática. La protagonista vive y defiende una forma de vida que ha hecho que sus hijos mueran. La guerra enriquece. Este es el discurso economicista que, reflejado en Madre Coraje, una especuladora con los restos que va dejando la guerra, hace que todo sea más ruin y más canalla. El espectador está viendo cómo uno de los suyos roba y especula con la miseria que va dejando la muerte. Este discurso, extrapolado a una situación social de crisis cobra una especial y terrible actualidad. Quizá yo, de forma particular, eché de menos un poco más de intervención dramatúrgica en los procesos de actualización y un poco menos de academicismo brechtiano. No obstante, al finalizar el espectáculo, tuve la sensación de haber asistido a algo importante, profundo, sólido. Algo que hablaba de mí y de mi mundo, y de mis inquietudes y de mis miedos. Y me hizo mirar a mi alrededor para reconocer cómo hay pilares sostenidos por hombres que sólo sirven para deteriorar al hombre.

13
Feb
16

SEDIENTOS, de Wajdi Mouawad

SEDIENTOS, de Wajdi Mouawad

Compañía Ferroviaria; Dirección Paco Maciá; Lugar Centro Párraga de Murcia; Fecha: 13/02/2016

Interpretación:

Salva Riquelme

Morgan Blasco

Eloísa Azorín

Leandro Martínez-Romero Férez

Escenografía: Ángel Haro

Iluminación: Pedro Yagüe

Adjunto a dirección: Luisma Soriano

Fotografía y vídeo: Joaquín Clares

Traducción: Elena Meseguer

Ayudante dirección: José Antonio G. Valera

Coordinación: Valle Motos

Voces en off: Diego Juan, Mercedes Capdevilla

Escenotecnia: Visisonor

Alumnos ESAD en prácticas: Andrea Pérez Martínez y Víctor Sirocco

Agradecimientos: Jaime Lorente, Javi Cuevas y Leandro Martínez- Romero Férez

<<En ocasiones nos suceden cosas extrañas al despertar. Abrimos los ojos y, si hemos dormido más profundamente que de costumbre, nos cuesta reconocernos en el espejo. Nos invade una sed nueva, imposible de calmar.

En ocasiones el dique no soporta la fuerza del mar y revienta, y el mar nos desborda, nos inunda, como si el planeta que somos no pudiera soportar aquel exceso de calma y adormecimiento.

En ocasiones es la belleza en todo su esplendor la que se nos echa encima y no dejamos de ver en todas partes su cadáver mientras caminamos por las calles, como si la ciudad entera estuviera ensangrentada por la aniquilación de lo bello.

¿a qué se debe que, de pronto, un día, esperar el autobús adquiere un significado de proporciones insospechadas y que , sin saber muy bien por qué, uno se pone a pensar en el conductor del autobús en cuestión, que va a pasar toda su vida detrás de un volante?

Estas preguntas son las que hicieron aparecer a Murdoch en mi habitación un día al amanecer. Me despertó así: ¡Venga, pedazo de vago, abre los ojos, agarra tu bolígrafo y empieza a escribir de una vez en tu meirda de cuaderno! ¿Que quién es Murdoch? Murdoch se levanta una mañana con una decisión clara en mente: ya que va a ser un inadaptado mimado y creído, llegar a ser al menos también un inadaptado poético e incomprensible.

Por lo menos habrá sido él mismo en toda su grandeza, algo así como un intento de convertirse en el héroe griego que era cuando, al desembarcar en Troya, Aquiles se enfrentó a Héctor, por una mujer que fue arrebatada por una cultura a otra. Era el tiempo en que los dioses, sin duda Hermes, el dios mensajero, conducían autobuses. Cólera, cólera.

Wajdi Mouawad>>

SINOPSIS

<<A Boon, un antropólogo forense, se le pide investigar los restos de un joven que murió hace 22 años, abrazado a una chica, ambos de identidad desconocida y encontrados en el fondo de un río congelado. Durante la investigación Boon se encontrará no sólo con la identidad de estos jóvenes, Murdoch y Norvege, sino también con sus propios recuerdos y sueños de juventud, que hacía ya muchos años creía muertos y enterrados.

Sedientos de una historia de pasión y sueños que alienta a buscar con rabia, rebeldía y amor, nuestro lugar en el mundo. >>

NOTAS PARA UN CAFÉ.

Fulgencio M. Lax

¿Quién ha dicho que no hay teatro para adolescentes y postadolescentes? Escribir y hacer teatro para esta difícil franja de edad, donde el interés y el desinterés, la entrega y la apatía se dan en el individuo al mismo tiempo, es muy difícil. Sedientos traspasa esa frontera y se ofrece como una obra desnuda y transparente para dejarnos asomar al interior de un alma joven destrozada por la incertidumbre. Wajdi Mouawad escribe una tragedia de hoy a partir de la concepción del héroe trágico griego. 

El Centro Párraga de Murcia despliega toda su belleza y la pone al servicio de un extraordinario espectáculo, creando un espacio inigualable que junto al minimalismo escénico de la propuesta, nos pone en un primer plano el trabajo actoral.

Una obra de caos para un tiempo de caos en el que la crisis no está en la falta de belleza o en la mala interpretación de la belleza que nos rodea, sino en la falta de futuro, en la falta de un mundo que nos acoja mañana y garantice, no ya unos índices mínimos de bienestar, sino una supervivencia física, social, moral y emocional. El joven de hoy es una especie de desperdicio que el sistema tiene preparado para llenar el cubo de los residuos. Contra esto es contra lo que alza su voz Murdoch y busca en la belleza el refugio que no encuentra, porque no existe refugio alguno que nos proteja (que les proteja a los jóvenes) de la ausencia de futuro, tan sólo el suicidio y la muerte. En una sociedad la ausencia de juventud con expectativas de futuro es la muerte, una especie de suicidio colectivo reservado tan sólo a la parte más desfavorecida y más débil, puesta al servicio de los poderes fácticos o no fácticos (cada vez se esconden menos), que son los que sí se garantizan un futuro. La única salida es el amor y el suicidio y, metafóricamente, Wajdi lo sitúa anclado en el tiempo, enterrado en el hielo, en un lago helado, que es donde se lo encuentra Bob. Y aquí es donde se reconstruyen los recuerdos del antropólogo al intentar determinar la identidad de los cadáveres. Una mirada hacia atrás en el recuerdo pero con la crisis puesta en el futuro. Y una pregunta que está detrás del personaje Bob: Después de este camino ¿a dónde he llegado?

La puesta en escena se caracteriza por la sobriedad y la explotación al máximo de los recursos escénicos. Una escenografía al servicio exclusivamente de la puesta en escena sin expresión plástica que eclipse al verdadero protagonista: el actor. De la iluminación podemos decir lo mismo. Y a la vez nos encontramos con la belleza de estos dos lenguajes que pasan por la escena como de puntillas, pero dejando una enorme huella artística.

Paco Maciá se mueve muy bien en la conformación de imágenes y en el trabajo físico. Una vez más se pone de manifiesto que el actor de hoy, el actor contemporáneo, es un actor físico, que construye el universo dramático desde la fisicidad. Así pues, la conformación del espectáculo no deja atrás esta línea que caracteriza la trayectoria del director. Nadie puede dudar de que estamos ante un trabajo de texto en el que la palabra tiene un protagonismo central, en cambio la construcción desde el trabajo físico es fundamental para el espectáculo.

La interpretación de Salva, un joven actor que termina ahora sus estudios en la ESAD de Murcia, impecable. Desde el comienzo se alza con el poder de la energía con la que presenta a su personaje y la extiende a lo largo de toda la representación. Toma el pulso directo frente al público, al que se enfrenta en un cuerpo a cuerpo y cuyo resultado es la entrega del patio de butacas a un dinamismo trepidante que no suelta hasta llegar al final.

Morgan Blasco es un actor camaleónico y que se entrega a la propuesta con un altísimo nivel profesional. Desde lo físico, desde la emoción, desde el espacio intelectual con el que construye a sus personajes, nos ofrece siempre un volumen de interpretación que va fluyendo en crecimiento progresivo a lo largo de toda la función.

Eloísa Azorín, que como personaje tiene una presencia muy reducida, nos regala la belleza y la intensidad en sus interpretaciones musicales. A la pregunta de un espectador al finalizar la función: ¿Es que eres cantante? -Ella contestó: No, soy actriz.

La música, a cargo de Leandro Martínez- Romero Férez extraordinaria, como no podía ser de otra manera. No sólo en los aspectos incidentales, sino en la construcción de un espacio sonoro que rodea a la representación de un especial aura que nosotros relacionamos con las características del espacio escénico, inigualable por lo que aporta la sala del Centro Párraga.

Al terminar la función el espectador tiene la sensación de haber asistido a algo propio, claramente identificable con el mundo al que ha de enfrentarse día a día. No hay artificios ni carpintería panelística, no hay trucos escénicos, sólo teatro, sólo el hombre. Sólo nosotros.

23
Nov
15

Por la patria, de Fulgencio M. Lax

POR LA PATRIA
Fulgencio M. Lax
Registro de la propiedad intelectual a nombre del autor
martinezlaxfulgencio@gmail.com

Un Guardia Civil jubilado, un cigarrillo casi consumido entre los labios, barba de varios días y un traje que había conocido mejores tiempos. Nuestro personaje mira sin pudor uno de los momentos más tristes de la reciente Historia de España: Los últimos fusilamientos que ordenó Franco y que se ejecutaron el 27 de septiembre de 1975, unos meses antes de morir el dictador.

Yo empecé el servicio militar a los 21 años, como todos los de mi época. Una buena edad para demostrar que se tienen cojones y puedes aguantar la disciplina del ejército y hacerte un hombre de verdad. No como ahora, que hasta los maricones se pasean por las calles sin que la policía les diga nada. Antes había un poco más de dignidad y de respeto.
Sin haber terminado el servicio militar ya había entrado yo en la Escuela de Guardias Jóvenes de la Guardia Civil. Cuando uno ve claro cuál es su camino hacia el futuro lo único que tiene que hacer es cogerlo y no separarse de él ni un milímetro. Ahora, que un Guardia Civil de antes vale por veinte de los que hoy se pasean por ahí haciendo guardia. Se nos respetaba de verdad y nosotros sabíamos cumplir con nuestro trabajo y con nuestro deber a la Patria.
Una semana antes de aquel 27 de septiembre de 1975 pidieron voluntarios para un pelotón de fusilamiento. Bueno, no lo dijeron así exactamente pero así lo entendimos todos porque eso es lo que querían decir de verdad. Los dos primeros días hubo un poco de revuelo y algo de miedo, porque la gente es muy valiente de boquilla, pero cuando llega la hora de la verdad y hay que apretar el gatillo…. Pidieron voluntarios para hacer varios grupos porque no se sabía el número total de condenados, ya que el mismo día 26 iba a haber un Consejo de Ministros en los que se produciría algún indulto. Nadie quería tomar una decisión y presentarse. Yo lo estaba deseando pero no quería ser el primero, aunque confieso que lo estaba deseando con todas mis ganas. No soy una persona violenta pero no puedo con los hijos de puta, y si la justicia los ha condenado es porque se lo merecen y mi obligación como español y como Guardia Civil es defender la ley, por eso no tengo remordimientos. Hoy se ha perdido la verdadera idea de la Patria, eso era algo que nos distinguía de los demás. El amor a la patria era el motor de España y no como ahora, que no tenemos nada que nos mueva el corazón. Yo fui el único voluntario, al resto los sacaron como voluntarios a la fuerza. Me presenté cuando aún faltaban tres días para la ejecución y lo hice con toda la tranquilidad del mundo y con todo el convencimiento. Sabía qué es lo que iba a hacer y no me arrepiento. Lo volvería a repetir todas las veces que fueran necesarias.
Cuando me apunté pensé que me harían alguna pregunta, pero no me dijeron nada. Apuntaron mi nombre y el sargento dijo: Listo soldado. Tampoco había nada que decir, ellos sabían que yo iba a cumplir de sobra con aquello. Nos juntaron a todos los que al final estábamos en la lista y nos dieron unas instrucciones, fundamentalmente nos dijeron que disparásemos al corazón para terminar rápidamente. También nos hablaron de la patria y de nuestro deber como policías y patriotas, pero esta parte a mí no me hizo falta porque yo sabía porqué estaba allí y lo que significaban aquellas ejecuciones. Los fusiles nos los entregaron ya con una bala en la recámara. Yo lo tenía todo pensado y me hubiera gustado que me dieran al menos dos balas. La primera la dispararía al estómago, para que le doliera y comenzara a desangrase por dentro, pero sin que muriera de golpe, que sufriera por hijo de puta y por asesino. Y luego la segunda a la cabeza para terminar. Pero sólo me dieron una bala, así es que lo tenía claro, le disparé en la parte alta del estómago para que tuviera que recibir el tiro de gracia y mientras tanto que se fuera ahogando con su propia sangre. Hablé con el resto del grupo para que no tiraran al corazón y lo dejaran agonizar. Tres éramos los pelotones de fusilamiento. Fueron a tres los que nosotros fusilamos en Hoyo de Manzanares. Otro se fusiló en Burgos y a otro en Barcelona. Mi pelotón fue el segundo en actuar, no sé el nombre del condenado ni me ha importado nunca. Un cabrón menos, eso es lo que es. En menos de media hora todo había terminado, pero fueron los mejores treinta minutos de mi vida. Primero esperas a que te llegue el turno para actuar, luego toda la ceremonia y después ves la cara del condenado que se caga encima. Y luego, al final, el tiro de gracia y esperar a que termine el último pelotón. ¡Dios! Cómo me subía la adrenalina y cómo me hubiera gustado tener el cargador lleno de balas. Quien la hace la paga, para eso están las leyes y a los asesinos hay que darles con la misma candela que ellos utilizan. Por eso yo no tengo remordimientos. Pero todo fue muy rápido, tenía que haber sido más lento para que estos comunistas se hubieran dado cuenta de las cosas.
Tuvieron suerte de que no los condenaran a garrote vil, aunque yo creo que se lo merecían más que morir fusilados. Un tiro es demasiado rápido. En cambio, con aquel collar de acero, había veces que el condenado tardaba más de media hora en morir con el tornillo metido en la nuca. Eso de apretar el torno y notar como crujen los primeros huesos del cuello… ¡Dios!
La noche anterior a la ejecución nos aislaron a todos los miembros de los pelotones que íbamos a actuar. Los nombres de los participantes eran secretos y, aunque veníamos de distintos cuarteles, más o menos los conocía todo el mundo. Nos dieron una buena cena y nos dejaron charlar hasta tarde. Yo no abrí la boca para nada, era como una especial liturgia antes de cumplir con mi deber. Estaba totalmente concentrado y convencido de que lo que iba a hacer estaba bien hecho. Hoy lo sigo estando y estoy algo cansado de escuchar tantas tonterías sobre los derechos humanos y esas cosas. Franco estuvo a punto de recibirme, pero se murió muy pronto y ahora nadie se acuerda de la gente como yo. Nadie sabe lo que hice y mi nombre no figura en ningún sitio. No soy nadie, en cambio fui el único voluntario de verdad. Siempre he tenido los cojones bien puestos para hacer lo que tenía que hacer.
España es un país de traidores. Ahora ya nadie se acuerda de lo que hicimos y de lo que estábamos dispuestos a hacer. Nadie nos reconoció nada. Incluso quieren quitar el nombre de Franco de los libros escolares. El Generalísimo estuvo a punto de recibirme en audiencia, bueno a mí solo no sino a los que participamos en los pelotones de fusilamiento de aquel 27 de septiembre, pero se murió enseguida, apenas dos meses después, y luego ya nadie nos hizo caso. Se olvidaron de nosotros, aunque el único voluntario fui yo, el resto estuvo allí casi a la fuerza, porque salieron en un sorteo y luego dijeron que eran voluntarios, pero no fue así. A mí me sobran cojones para eso y para más. Cuando el oficial se acercó para dar el tiro de gracia me miró y le vi el rostro desencajado y lleno de lágrimas. ¡Un mierda! Le cogí la pistola de la mano y disparé. Bueno, realmente no sucedió así y no fui yo el que disparó, pero estaba dispuesto a hacerlo. Me hubiera gustado hacerlo a mí. Al oficial le faltaba empuje y parecía un niño asustado jugando con petardos. Los cobardes están por todos sitios. Yo no hubiera dudado ni un minuto. Como estaba medio vivo le hubiera dado un golpe para que me mirara y una vez así, con los ojos bien abiertos y mirándole fijamente, le hubiera pegado un tiro y listo. Yo sí, lo hubiera hecho sin dudar ni un minuto.
Nadie sabe que Franco estuvo a punto de recibirme, pero se murió enseguida. Después nadie quiso saber nada de nosotros. A España le falta tener memoria histórica y volver a escribir todos los libros y contar las cosas como fueron y sacarnos del silencio, porque hay mucha gente que no se quiere acordar de lo que realmente sucedió. Ya nadie se acuerda de la gente como yo. Nadie.

(A lo lejos suena el himno nacional y nuestro personaje se pone firme con toda la solemnidad de los años pasados.)

09
Ago
15

SÓCRATES. Juicio y muerte de un ciudadano

SÓCRATES. Juicio y muerte de un ciudadano, de Mario Gas y Alberto Iglesias
Festival Internacional de Teatro, música y danza de San Javier
7 de agosto de 2016

Dirección: Mario Gas

Reparto: José María Pou, Carles Canut, Amparo Pamplona, Pep Molina, Borja Espinosa, Ramon Pujol, Guillem Motos.
Escenografía: Paco Azorín
Iluminación: Txema Orriols
Figurinista: Antonio Belart
Espacio sonoro: Alex Polls
Ayudante de dirección: Montse Tixé.

Notas del programa
Sócrates no escribió jamás una sola palabra. Sin embargo, la filosofía griega se divide y se estudia, en dos partes: Los Presocrácticos y Sócrates y los grandes filósofos posteriores. Ahí es nada.
No cabe la menor duda de que Sócrates es una figura fundamental del pesnamiento occidental. Su búsqueda de la verdad, su indagación, mediante el diálogo, sobre la moral, la honestidad, la justicia, el conocimiento del hombre -partiendo de la asunción del no conocimiento-, le convierten en un ser singular y, por supuesto, en un ser peligroso para cualquier tipo de hipocresía, ya sea individual, colectiva, o incluso democrática. Es esa condición insobornable lo que le lleva -tras una larvada inquina incubada durante más de veinte años- a ser acusado por seres insidiosos cercanos al poder, de perversor de la juventud y negador de llos dioses oficiales.
Esa joven democracia no digería la independencia, agudeza y ética de un hombre íntegro, valiente, irónico, coherente y enfentado por su actitud a las oscuridades de un sistema democrático dispuesto a devorar a sus más valiosos hijos. ¿Les suena de algo?
Desde la magnífica versión escénica de Enrique Llovet para Adolfo Marsillach, y amén de una versión en catalán de Marc Antoni Broggi, no estrenada, no conozco ningún texto teatral que haya abordado la figura del filósofo. El texto que firmamos Alberto Iglesias y yo mismo, presenta a Sócrates y su entorno en “el juicio y muerte”. Y parafraseando a Jan Kott, pretende -sin alterar ninguna circunstancia histórica -hablar de “Sócrates, nuestro contemporáneo”. Mario Gas
(copio, literalmente, el programa de mano)

Notas para un café
Fulgencio M. Lax

No tengo más remedio que empezar este pequeño comentario al espectáculo Sócrates haciendo la puntualización de la diferencia que hay entre lo que esperas ver sobre el escenario y lo que ves en la representación. Mario Gas, José María Pou, Sócrates… Ingredientes más que suficientes como para alimentar el entusiasmo y la curiosidad. La sorpresa viene cuando no es así, al menos en su totalidad.

Voy a dejar mis notas sobre José María Pou para el final y así termino con un buen sabor de boca.

Siempre, ante un hecho artístico, me hago la pregunta ¿Por qué? ¿Qué es lo que ha motivado al artista a sumergirse en ese universo? ¿Qué tipo de preguntas y respuestas se ha estado haciendo en el proceso para que el resultado sea la obra ante la que estamos? Seguro que hay veces que los interrogantes y el proceso son de lo más intensos y elaborados y sin embargo luego, el resultado, apenas se hunde unos milímitros en la superficie. Y esto es lo que creo que ha pasado en la dramaturgia de este espectáculo, porque la honestidad artística de Mario Gas no la pongo en cuestión ni un sólo momento. Sócrates es un personaje contundente para la historia y para la formación moral del espíritu de occidente. Su afán por la búsqueda de la verdad llegó a ser enfermizo y para los tiempos que corren hoy es una gran lección y continua referencia de honestidad y compromiso ciudadano. Sólo basta leer a Platón, por ejemplo el libro II de La República, para darnos cuenta de lo contundente que es Sócrates a la hora de establecer la diferencia entre justicia e injusticia. Sólo esa referencia hubiera bastado para establecer un puente directo entre el pensamiento socrático y la situación socio política de la justicia a día de hoy. Y sobre todo, trasladar este nexo a una dialéctica creciente en el público. No ha sido así. Pequeños guiños convertidos en frases aquí y allí pero nada de construcción dramatúrgica en este sentido. Sí en cambio se nos muestra al hombre, se nos cuenta su historia y su conflicto interno (el de entonces, el de finales del 300 a.C en Atenas). Una lección de historia que, seguramente en cualquier biografía novelada o no, encontraríamos más datos, más volumen y más concreción. Asistimos a un hecho histórico, a una recostrucción a modo de historia, un planteamiento arqueológico que nada tiene que ver con nuestro tiempo. Sólo nos muestra las vicisitudes de un pesonaje de nuestra Historia.

También quiero destacar que, realmente el texto, es un monólogo construido a base de otras intervenciones para situar al público en el espacio dramático en el que se va a intervenir el personaje de Sócrates. Esto lo hace todo muy previsible ya que, excepto los dos actores más jóvenes, el resto tiene, cada uno, su momento de gloria, su texto al público, su pequeño monólogo.

Para terminar con este apartado me hago la siguiente pregunta: ¿Por qué esa manía de alterar la sintaxis con abundantes conectores modales para dar la sensación de que hablan en “antiguo”? Así nos encontramos fórmulas que simulan o copian al habla del castellano del XVI y XVII, pero los griegos ¿hablaban así? ¿hoy, se habla así? ¿Por qué esa simulación? ¿Qué aporta?

La puesta en escena fue también muy simple. Simulando la circularidad de un foro o de la orquesta griega, apoyados por una escenografía conveniente y muy esquemática, disimula bastante bien la frontalidad con la que trabajan. Algunas cosas algo fuera de tono y, desde mi punto de vista ingenuo, fue el trabajo de Amparo Pamplona con la máscara de la tragedia coordinando la asamblea, dando la palabra a unos y a otros. También vi un poco fuera de contexto su monólogo como mujer de Sócrates. Creo que se desaprovechó el trabajo de una gran actriz.

Se convierte al público en los ciudadanos asistentes a la asamblea, en cambio se falsea su intervención con voces en off algo ingenuas como efecto. ¿Qué ocurre? Sócrates era un personaje admirado y su condena y muerte supuso un importante revuelo social. El público asistió impasible, no se generó ninguna empatía, no hubo conflicto en el público al asistir a la condena de un hombre justo. No se removieron los asientos ni las conciencias. El público sólo fue asamblea en el discurso hablado de los personajes pero no en el universo creado al que se hace referencia. Una ocasión indicada, esbozada pero desdibujada en la puesta en escena.

Las interpretaciones, curiosamente, estaban más en el terreno de la declamación, pretendiendo simular un discurso al amparo de la oratoria, que en el de la interpretación.

Pero ahí estaba José María Pou. Desde su aparición en escena se produce una trasformación, no sabría explicar qué y cómo. Él construye su personaje desde el silencio, oyendo lo que los demás dicen de él. Participa desde la escucha y ya ahí hace grande su intervención. Con gran ingenio y oficio, pide a los espectadores que no usen los móviles, (quizá para evitar tener que parar la función, como le ocurrió en Valladolid, representando A cielo abierto.) Luego, al final, con la misma gracia, nos dio permiso a todos para volver a utilizarlos. No hace grandes movimientos, ni utiliza especiales recursos expresivos. Él, ante el público, batiéndose como un Sócrates ante la asamblea, construyendo desde la perplejidad de lo que está sucediendo pero desde el convencimiento de que se ha de hacer justicia. Su trabajo le da temple y serenidad al personaje, acentuando así la contundencia de sus decisiones, que siempre se mueven en el ambito de la interpretación social de la justicia. En este aspecto me viene a la memoria la lección que da Lessing en su Laocconte sobre la diferencia que hay entre las artes y cómo ha de presentar el actor pasiones extremas. Él ejemplifica con la escultura del sacerdote troyano, con el pasaje de la Eneida de Virgilio y con Filóctetes, de Sófocles. Es inevitable volver a ver cómo rezuma el pensamiento de Platón, aunque sólo sea en pequeñas oleadas.

El público tenía ganas de aplaudir y lo hizo. Y así lo recibió el elenco con José María Pou a la cabeza dirigiendo las “glorias”. A pesar de que el público se puso en pié, el aplauso fue algo breve para un entusiasmo tan esperado.




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